Un estudio alerta de que el aceite de oliva no tiene futuro con los precios a la baja

Un joven guarda una botella con aceite de oliva en el carro de la compra. /IDEAL
Un joven guarda una botella con aceite de oliva en el carro de la compra. / IDEAL

Considera la actual «una tendencia suicida» y pide medidas para evitar una crisis aguda en el sector oleícola español

M. Á. C. JAÉN.

El aceite de oliva, pieza clave de todo el sector agroalimentario español, con una producción de más de 1,2 millones de toneladas anuales (un 40% en Jaén) y un valor por encima de los 4.000 millones de euros, «está sometido a un acelerado proceso de banalización que daña su imagen y le resta valor». Así lo señala un informe sobre el sector realizado por el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada, del que forma parte según su web, entre otros, el exministro jienense Valeriano Gómez (vicepresidente), que recalca que el aceite de oliva español tenga ningún futuro en caso de seguir manteniendo una estructura comercial que esté orientada exclusivamente a competir por el precio, siempre a la baja.

Lo primero que critica el Instituto de Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada es que el aceite de oliva «se ha convertido en un producto de reclamo, un producto de gancho para atraer a compradores a las grandes superficies comerciales», algo que «elimina cualquier valor añadido que pueda tener». De esta manera, ataca a la abundancia de las ofertas 3x2 o «segunda unidad a mitad de precio».

«Como si fuese algo que se puede casi regalar sin excesiva pérdida para el comercio», argumentan. Critican, también, el aceite de marca blanca. Ya que el 62% del aceite que se vende en España responde a la marca del distribuidor. En Alemania el 75% del aceite de oliva se vende con marca blanca; en Italia, el 27%; en Estados Unidos, el 40%, y en Francia, el 43%.

En referencia al sector productor, el Instituto Coordenadas se queja de que no exista «una sensibilización por producir aceite de alta expresión y máxima calidad» porque asegura que más de la mitad de la producción es aceite lampante, «un producto rancio, que hay que refinar», añadiendo una cantidad de virgen extra para que tenga sabor, color y olor. Al hilo de esto destaca que «solo las variedades de aceite de virgen extra y oliva virgen pueden aspirar a protagonizar una valoración del producto» ya que cree «imposible avanzar en la creación de valor» «con un aceite de baja calidad inundando el mercado».

Cuando más del 60% del aceite de oliva se vende sin marca, como producto de oferta o de reclamo sin valor añadido aparente; cuando se han incorporado a la producción más de 180.000 nuevas hectáreas de olivos; cuando con un buen año climático pueden salir al mercado más de medio millón de toneladas nuevas de aceite; cuando toda la presión comercial se focaliza en el volumen y se vende a cualquier precio, se dan las condiciones para una tormenta perfecta que comprometa todo el futuro del negocio del aceite de oliva en España, señala el informe del Instituto Coordenadas.

Finalmente, pone bajo el foco es el papel del consumidor en este proceso: «Ni el 10% de los consumidores es capaz de indicar las diferencias entre un aceite de oliva, un virgen extra y un virgen. Todo se considera aceite de oliva y lo que importa es el precio a la hora de comprar. Se compra si no sube demasiado el precio. Si lo hace, se compra de girasol».

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