Emotivo adiós a Cele, maestro caracolero del mítico Bar Maya

Cientos de jienenses se despiden del dueño de uno de los locales más icónicos de la ciudad, famoso por los caracoles servidos durante sus cuarenta años de servicio

Celestino, a la izquierda, con Joaquín y Juan, dos trabajadores del Bar Maya en los años ochenta./IDEAL
Celestino, a la izquierda, con Joaquín y Juan, dos trabajadores del Bar Maya en los años ochenta. / IDEAL
Diego Callejón
DIEGO CALLEJÓNJAÉN

Jaén ha perdido un pedazo de su esencia. El pasado domingo 17 de febrero, cientos de jienenses abarrotaron el Tanatorio de San José para dar el último adiós a Celestino Sánchez Escabias, el dueño del mítico Café Bar Maya que durante cuarenta años ha dado de comer a los vecinos de la ciudad. Cada Semana Santa y cada primavera, la época por excelencia de los caracoles, este negocio, situado en la calle Cristo Rey, se mostraba siempre a rebosar de familias, amigos, cofrades y grupos de trabajadores que llenaban la terraza y el salón del bar para degustar su plato estrella.

En la mañana del pasado domingo, la triste noticia corrió por los bares de Jaén, donde los clientes lamentaron la pérdida de un hombre tan conocido y querido en la ciudad. Durante esa misma jornada de domingo y la del lunes, cuando tuvo lugar el sepelio, las visitas de familiares, amigos y parroquianos del Bar Maya al tanatorio fueron constantes. Los visitantes se congregaron en el lugar para contar un sinfín de anécdotas relacionadas con este conocido bar jienense y su maestro, un tabernero cercano y simpático que se ganaba el cariño de su clientela hasta el punto de acabar siendo amigo de la mayoría de ellos. Buena prueba de este hecho es la corona de flores con la que 'la familia de los domingos', un grupo de asiduos al Maya desde hace décadas, quiso despedirse de Celestino.

El Café Bar Maya abrió sus puertas en 1979 y, prácticamente desde sus inicios, se ganó una gran fama en la ciudad gracias a sus sabrosos caracoles en caldo. Y es que, aunque durante estas cuatro décadas los comensales del Maya han disfrutado de exitosas tapas como los huevos rebozados y abundantes raciones de flamenquines, calamares, migas o paella, la receta secreta de Cele hizo que su preparado estrella destacara por encima del resto y obtuviera el reconocimiento popular de «los mejores caracoles de Jaén». Según cuentan los más cercanos, la receta provenía de una elaboración que su madre, Victoria, hacía en los años sesenta en otro bar de Mengíbar, aunque el cocinero y camarero jienense se encargó de perfeccionar el cocinado. Este preparado ayudó a que el Bar Maya se posicionara como uno de los locales de moda en los años ochenta.

Nacido en Fuensanta de Martos en 1954, Celestino creció en el seno de una familia que se hizo un hueco en la hostelería jienense. De hecho, varios de sus cinco hermanos han regentado o aún regentan bares y restaurantes muy conocidos en Jaén. En la misma línea que ellos, Cele logró, gracias a su infatigable trabajo, al esfuerzo de su mujer, Encarnación Molina, y a la colaboración de sus cinco hijos, que el Maya se desmarcara como un local típico de la pura idiosincrasia de Jaén.

Quienes lo conocieron, definen a Celestino como un trabajador incansable que se mantuvo tras la barra hasta su última semana de vida, unos días antes de cumplir los sesenta y cinco años. Sus cercanos no dudan en referirse a él como un buscavidas hecho a sí mismo que, al margen de construir la leyenda del Maya, también probó suerte con otro restaurante y varios negocios de compraventa de ropa o de soldadura, entre un sinfín de ideas y esfuerzos para sacar adelante a su familia. Además, los parroquianos de su local lo recuerdan como un amante de la comida sabrosa, tan picante como su ironía, y como un gran contador de historias. Sus familiares, por su parte, afirman que fue un padre entregado que sudó siempre por dar un futuro a los suyos y cuentan que aún custodian 'bajo llave' su célebre receta de los caracoles y sus innumerables vivencias. El mítico Bar Maya ha perdido su alma y guía, y busca quien continúe con el legado de un enclave imprescindible para la cultura callejera y gastronómica de la ciudad. Mientras tanto, Cele seguirá aliñando sus caracoles allá donde esté, sirviéndolos en un vaso caliente y acompañándolos de una divertida historia. Larga vida al Rey Maya.