Docente de profesión, músico de corazón

Violeta Tornero nació en Jaén, pero pasó gran parte de su infancia en Villanueva del Arzobispo./IDEAL
Violeta Tornero nació en Jaén, pero pasó gran parte de su infancia en Villanueva del Arzobispo. / IDEAL

Esta jienense combina su trabajo como profesora de español en París con su participación en un proyecto temporal de la Orquesta Nacional de Francia

Laura Velasco
LAURA VELASCO

Hay aficiones que son solo hobbies. Para pasar el tiempo, para entretenernos. Otras son tan intensas y nos llenan tanto que acaban convirtiéndose en profesión, no nos imaginamos haciendo otra cosa. Y otras están en un camino intermedio. Quizás estás son las más complicadas, las más dolorosas, las de las decisiones. Duelen porque en un momento determinado de nuestras vidas nos veremos obligados a aparcarlas para dedicarnos a algo que sí será nuestra profesión. Algo así le pasó a Violeta Tornero (Jaén, 1988), una profesora que dejó el oboe para dedicarse a la docencia... Pero no del todo.

Por una parte, está su profesión. Cursó en Granada sus estudios de Traducción e Interpretación, y después un máster en profesorado. Por desgracia, recuerda cómo fue «de esas personas que tuvo que emigrar con la crisis». En 2010 puso rumbo a París, donde comenzó a trabajar en un colegio. En busca de una situación más estable, su siguiente meta fue sacarse allí unas oposiciones. Y lo consiguió. «Trabajo en un instituto en el centro de París como profesora de español, tiene muchos proyectos culturales, es muy dinámico. Estoy muy contenta», apostilla.

Por otra parte, está su afición: el oboe. Su familia siempre estuvo vinculada a las bandas de música. Su padre tocaba el fagot, y a los 6 años entró a formar parte de la Agrupación musical villanovense -aunque nació en Jaén, la mayor parte de su infancia la pasó en Villanueva del Arzobispo-. «Mi padre me enseñó varios instrumentos, y entre todos me gustó el oboe. Me gustó su sonido, me convenció, y a día de hoy me alegro de haberlo elegido. Me sigue pareciendo el más bonito», admite.

Estudió esa especialidad en el Conservatorio de Música de Jaén, y acabó aparcando el oboe para centrarse en la docencia. Hasta que se cruzó en su camino una de esas oportunidades que son tan perfectas que no parecen reales. Un proyecto de la Orquesta Nacional de Francia buscaba músicos que no se dedicaran profesionalmente a ello para un proyecto de seis meses, con conciertos en un gran auditorio incluido. «Era dificilísimo entrar, pero lo intenté. No se lo conté a nadie porque pensé que daba igual, que era imposible, hasta que me llegó una carta a casa que me daba la bienvenida porque había entrado. No me lo creía, pensaba que era un error, pero fui seleccionada y desde enero estoy dentro», recuerda.

No puede acudir a todos los ensayos, solo algunas tardes y fines de semana, pero la experiencia está siendo de lo más enriquecedora. «Somos un grupo de personas que compartimos esa pasión por la música, nos entendemos muy bien. También estoy aprendiendo mucho de los profesionales, con los consejos que me dan para perfeccionar», añade Violeta Tornero.

Así, realizan actuaciones en uno de los dos auditorios nacionales de la ciudad desde principios de mes. «Yo siempre he asistido como público y no me creo eso de verme al otro lado. Solo con estar allí ya merece la pena», indica. En el grupo hay músicos de China, La India, Italia o Argentina, aunque la mayoría son franceses. También hay una madrileña, pero jienense solo una. Según explica Violeta Tornero, el año que viene tratará de participar en el proyecto de nuevo, aunque lo ve difícil. «Tienen que darle oportunidades a todo el mundo, pero me encantaría seguir», reconoce.

La cultura en Francia

Así, la jienense ha podido comprobar las diferencias entre los países vecinos en cuanto al trato de la cultura. No es una comparación del todo justa: París es capital mundial en este sentido. «Hay mucha tradición de ir los fines de semana al teatro o a conciertos, y mucho respeto. Recuerdo una vez que un niño de unos tres años acudió a un espectáculo en el que no entendía casi nada. Le preguntó una palabra a su padre al comienzo, este le dijo que mantuviera silencio, y no se movió en tres horas. No sé si es Francia en general o París en particular, pero hay una oferta increíble todos los días. Intento aprovecharlo», manifiesta.

A la pregunta de si quiere volver algún día a España, no lo duda: un sí rotundo. Ni en Andalucía ni en Madrid hay por ahora oposiciones para ser profesora de Secundaria de español o francés, así que por ahora sigue planteándose cómo hacerlo en el futuro. «Aquí mi situación es muy buena, cada mes y medio tenemos dos semanas de vacaciones, aparte del verano, un total de cuatro meses al año. Eso me permite estar mucho en España y no echarlo tanto de menos», indica.

Su relación con Villanueva del Arzobispo es muy estrecha. Está muy ligada a su familia y amigos, y siempre que puede se deja caer por aquí. En verano también será así, aunque también le dedicará tiempo a los típicos viajecillos veraniegos. También mantiene un fuerte vínculo con Pedro González, el director de la Agrupación musical villanovense, del que cuenta una bonita anécdota. «Se le da muy bien tallar con madera, y tuve la idea de pedirle que me hiciera una batuta para regalársela a mi director de aquí. Cogió una rama de olivo, la talló, la personalizó y se la regalé. Le gustó muchísimo, se emocionó. Después le expliqué dónde estaba Jaén, los olivos... Podemos decir que el director de la Orquesta Nacional de Francia dirige con una batuta de Jaén», bromea.

El mejor trabajo

Si tuviera que dirigirse a alguien que se plantea ser profesor, le diría, aunque suene a tópico, que es el mejor trabajo del mundo. Eso sí, que se armen de paciencia. «Hay que escuchar los consejos que te dan los expertos para saber gestionar una clase, y prepararlas con mucha empatía. Cada niño tiene una situación diferente, hay que comprenderlos, porque en casa no todo es maravilloso. Además de lo básico, como gramática o vocabulario, me gusta que las clases sean culturales y lúdicas, y que interpreten un capítulo de 'La casa de papel' o una canción de Rosalía, que les gusta mucho. De hecho, hace poco fueron a un concierto suyo cuando vino a París», destaca.

Si el consejo tuviera que enfocarlo a su 'yo' de la infancia, básicamente le diría «que se escuche y que siga su intuición». «Escuchar a mis padres, que lo hice, tener una buena relación con familia y amigos y hacer lo que me guste en los estudios, no pensando en el 'qué dirán'. En resumen, a la pequeña Violeta le diría que siga su instinto», concluye. La pequeña Violeta se dejó llevar... Y le ha salido bien.