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Diarreada

No deja de ser sorprendente cómo la quimera separatista de Cataluña está envenenando y fracturando a la sociedad por la mitad con la manipulación del relato histórico, y sin compadecerse de la realidad de los hechos

JAVIER PEREDA PEREDAJAÉN

El filósofo y escritor francés, Jean François Revel, sostenía que la primera fuerza que dirige el mundo es la mentira. Desgraciadamente, esta afirmación se constata en las ideologías, no sólo ahora en la época de la posverdad, sino a lo largo de la historia. No deja de ser sorprendente cómo la quimera separatista de Cataluña está envenenando y fracturando a la sociedad por la mitad con la manipulación del relato histórico, y sin compadecerse de la realidad de los hechos. Cada once de septiembre pretenden hacernos tragar sus falsos mitos, aderezados de grandes dosis de victimismo al conmemorar una derrota con motivo del Día (al que califican Nacional; con regional sería suficiente) de Cataluña. Pretenden vendernos la burra o el burro catalán (no en vano es el símbolo del nacionalismo en respuesta al toro de Osborne), de que en esta efeméride de 1714 el Estado español invadió Cataluña. Estas fabulaciones, que enardecen el delirio colectivo, forman parte del argumentario independentista, pero no son más que una pura invención orwelliana.

La realidad histórica nos muestra que en plena guerra europea de Sucesión, que no de secesión, se disputaron el trono de España entre el Archiduque Carlos de Austria y Felipe V. En la Junta de Brazos fue nombrado 'Conseller en Cap' Rafael Casanova, que apostaba por el monarca austracista, pese a que las tropas borbónicas duplicaban los efectivos del adversario. Finalmente, éstas, comandadas por el duque de Berwick, vencieron al general Villarroel, con el asedio y toma del Castillo de Montjuic. Ni que decir tiene que Casanova no combatió como pretenden los secesionistas -es parte del relato falseado- contra España, sino que ordenó publicar un bando llamando a la población barcelonesa a «derramar su sangre por el Rey (de Habsburgo), por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». Esta confusión de ideas o ausencia de lógica en los razonamientos, 'dia(rrea)da', es la misma que exhibe, sin causarle rubor alguno, el actual consejero del Interior de la Generalitat, Miquel Buch, que nos deja atónitos ante tanto talento acumulado: «No es lo mismo poner que quitar lazos amarillos». El tenor de la fluidez con la que efectúa sus deposiciones intelectuales este 'séneca' del pensamiento, con un notable grado de sectarismo identitario, le lleva a excretar que no es lo mismo las brigadas pacifistas de quienes quieren sumar y construir, que abogan inofensivamente por la libertad de los 'presos políticos' (poner lazos amarillos), que las brigadas que quieren destruir (quitar lazos amarillos). A un año del aquelarre luctuoso que perpetraron los actuales nueve presos preventivos del Govern por presuntos delitos de sedición, rebelión y malversación, la situación política en esa región española, no sólo no ha mejorado, sino que el supremacismo ha cobrado protagonismo.

Los únicos que están siendo capaces de defender la unidad de la Nación, son el liderazgo del Rey Felipe VI y la actuación independiente del poder judicial, con las denuncias del fiscal Maza y la instrucción del proceso penal del magistrado Llarena, que, sin lugar a dudas, pasarán a la historia. También lo harán, pero con diferente valoración, la colección de politicastros felones que no han sido capaces de defender el orden constitucional durante estos cuarenta años de la Carta Magna, imputando distintos grados de responsabilidad. Si nos ceñimos a los cuatro últimos, habría que criticar la condescendencia y pusilanimidad de los políticos constitucionalistas Rajoy y Santamaría, por la nefasta gestión de la 'operación diálogo', que ha contribuido a expulsarles de la política. El mismo virus soberanista tiene Borrell en la BBC, el 'pequeño' Marlaska con los Mozos y Pastor invitando a Torra al Congreso. El mendaz 'doctor' Sánchez, que accedió al poder por la puerta falsa, tiene que salir ahora por la misma con igual indignidad, porque le han pillado en el plagio de la tesis doctoral. La exministra Montón -'la maternidad es esclavitud'- le ha señalado el camino, y podrá hacer lo que tanto le gusta: una automoción de censura o un 'Cifuentes'. Lo de Cataluña se arreglará cuando se celebren elecciones generales.

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