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Cuatro décadas de constitución

Es un buen ejemplo del llamado constitucionalismo cultural moderno

RAFAEL CIVANTOSJAÉN

Cuando en diciembre de 1978 los españoles ratificaron la Constitución, dieron el visto bueno a un texto legal, pero, sobre todo, certificaron la llegada de un viejo anhelo. El de una democracia plena, estable, en cuya ley fundamental todos los partidos y territorios hubieran participado, y en la que todos los españoles se sintieran reconocidos. El resultado del referéndum así lo demostraba. Por fin íbamos a poder aspirar a ser como los países más admirados de nuestro entorno, aquellos que nos habían servido de espejo en el que mirarnos durante los oscuros años del franquismo.

La Constitución Española de 1978 acaba de cumplir su cuarenta aniversario. Cuarenta años de aplicación de la Constitución que dan para un gran análisis, donde el debate sobre su vigencia está abierto, pudiendo pensar si es necesaria una reforma para adaptarse a una realidad diferente a la de 1978, y, sobre todo, para darle un horizonte de futuro amplio. Reformas que desde un tiempo a esta parte planean entre toda la ciudadanía, como un mantra que se extiende y que va calando en toda la sociedad, señalando cada vez más necesaria esa reforma constitucional.

Existe la idea de que la Constitución española no se encuentra entre las originales y que el régimen político que instauró se prestó poco a innovaciones, cuestión ésta, no sólo explicable por nuestra pertenencia a la cultura social, política y jurídica eurocontinental, sino que también por ser muy saludable. Además, nada de extraño tiene que nuestros constituyentes hayan tenido muy a la vista los modelos existentes de justicia constitucional y las tablas de derechos y libertades contenidas en las constituciones de su entorno y en declaraciones y convenios internacionales en los que España aspiraba a integrarse. Innovar en estos terrenos no habría sido difícil, pero sí muy peligroso.

La Constitución española de 1978 es un buen ejemplo del llamado constitucionalismo cultural moderno, caracterizado por la importancia que se otorga en los textos constitucionales a los asuntos culturales, por incluir a la cultura dentro de los derechos fundamentales y por el reconocimiento del pluralismo y la diversidad cultural. Los logros, en estos cuarenta años, han sido muchos. Pero las tareas pendientes son también grandes. La Constitución de 1978 sentó las bases de un nuevo orden político y social: las libertades, la igualdad jurídica y la democracia.

La Constitución Española de 1978 cumple 40 años y se convierte en la Carta Magna más importante y longeva de la Historia de España. Nacida al final de la dictadura franquista y tras un pacto de Estado de las principales fuerzas políticas del país, incluidos los franquistas de la época, los comunistas del exilio y demócratas y los nacionalistas vascos y catalanes. En su firme caminar la Constitución de 1978 permitió la recuperación de las libertades y la Democracia en España, amplió y nos garantizó el Estado del Bienestar y la convivencia pacífica entre los españoles. Convivencia que vemos como empieza desmoronarse.

Cuarenta años después y en el momento actual la Constitución de 1978 está sólidamente instalada en España pero se enfrenta a una necesaria reforma para actualizar el texto de la Carta Magna a los tiempos en los que vivimos y mejorar en las instituciones, la política, la economía, la vida social y los derechos civiles cuestiones que están vivas y que hoy se insertan en las necesidades y demandas de los españoles.

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