El corazón cooperativo del olivar jienense

Inauguración de las nuevas instalaciones de la Cooperativa del Pilar en Villacarrillo, la mayor del mundo ./IDEAL
Inauguración de las nuevas instalaciones de la Cooperativa del Pilar en Villacarrillo, la mayor del mundo . / IDEAL

Las 185 cooperativas jienenses, inmersas en concentraciones y alianzas, producen casi tanto aceite como Italia y Grecia juntas

Juan Esteban Poveda
JUAN ESTEBAN POVEDA

LA provincia de Jaén se prepara para producir 685.000 toneladas de aceite esta campaña. Más de dos terceras partes, unas 480.000 saldrán de cooperativas y el tercio restante de almazaras privadas. Unos 90.000 agricultores jienenses (sobre algo más de 110.000 declaraciones de cultivo) contribuyen a generar esta riqueza, convirtiéndose no solo en cosecheros sino en fabricantes y vendedores de su propio aceite. Con sus fallos y sus defectos, pero también con sus virtudes, con notables fracasos y con brillantes éxitos, los cooperativistas son el corazón del olivar jienense.

Poniendo los datos en un contexto global se aprecia la potencia del sector cooperativo jienense: Italia producirá 270.000 toneladas, Grecia 240.000 toneladas y Túnez 120.000 toneladas. Es decir, solo de las cooperativas de Jaén saldrá casi tanto aceite como el que van a producir Italia y Grecia juntas, y cuatro veces lo que tiene Túnez.

«El aceite de oliva es uno de los sectores más cooperativizados, por encima del 70%. Concretamente, las cooperativas con producción oleícola asociadas a Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía producen más de la mitad de todo el aceite de oliva nacional y más del 80% del producido en las almazaras cooperativas españolas», dicen en la Federación de Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía.

En 2008 se pusieron las bases de los grandes grupos actuales tras una crisis de precios

El mundo cooperativo vive momentos de ebullición, con rumores de fusiones y alianzas empresariales, conquistas de mercados con gran agresividad, cada vez más profesionalización, y formación de grupos cada vez más potentes, soportando campañas de acoso y derribo sin precedentes contra algunos de sus protagonistas. Aunque cuando se habla de cooperativas el tópico insiste en estructuras anticuadas, atomización y poca profesionalización. El tópico dice que cooperativas suena a rancio, a antiguo. Es un tópico, ya no corresponde a la realidad, apunta Cristóbal Gallego, presidente de la mayor cooperativa aceitera del mundo, Nuestra Señora del Pilar de Villacarrillo, y del gigante aceitero Jaencoop.

Evolución

«Las cooperativas han vivido en los últimos años una revolución por los cambios tecnológicos para obtener en corto espacio de tiempo producciones más elevadas y con una clara apuesta por la calidad. Han implantado sistemas de mejora en la gestión en todos sus departamentos, no solo en las fábricas, tanto para pagar diferenciando por calidades como para producir mejor. No podemos olvidar que estamos en un mercado que cada vez exige más garantía de producto y trazabilidad. Hoy las cooperativas están hombro con hombro con las empresas privadas más avanzadas. En aceites tempranos, en productos de la máxima calidad. No hay más que ver que antes no era habitual ver premios a aceites de cooperativas y ahora es extraño no verlo en los mejores concursos», explica Gallego.

El sector ha remontado las crisis de UTECO y Fedeoliva y compite ahora con las grandes empresas

De hecho en varias cooperativas se está recogiendo ya estos días aceituna para elaborar aceites ultratempranos. Prácticamente todas separan suelo y vuelo en líneas distintas, están a la última en maquinaria eficiente para producir aceites de calidad ... Las hay incluso que están apostando claramente por el oleoturismo, o que manejan el marketing y el marketing digital como los mejores, como Picualia.

Pero el movimiento estratégico principal es el de la concentración. Las cooperativas se están agrupando y empiezan a competir de tú a tú con los grandes grupos de distribución y comercialización. Dcoop, surgido del grupo cooperativo Hojiblanca, es la primera potencia en el mundo del aceite, con más de 75.000 familias detrás de su líder, Antonio Luque. En Jaén cuenta con 20 cooperativas y tiene dos centros de producción, en Jaén y Guarromán. Hoy día, un tiburón en busca de fusiones y alianzas que incrementen su volumen, y un durísimo competidor en mercados como el de Estados Unidos, donde está ganando posiciones.

Jaencoop gana músculo año a año y tiene ya una cuota de producción bastante significativa en Jaén con el respaldo de 14.000 socios de 16 cooperativas.

Interóleo explora fórmulas mixtas como integrar cooperativas (16) y privados (8), Olivar de Segura (12 almazaras, 5.000 agricultores) es referencia en producción ecológica en espacios naturales protegidos ... En provincias como Córdoba Almazaras de la Subética está integrando también cooperativas.

«La concentración es una dinámica con recorrido y para el futuro, que sobre todo incide en la estructura de comercialización. Sobre todo con la mirada puesta en la exportación. El mercado nacional es extremadamente difícil por la implantación de las marcas blancas, así que se mira al exterior», apunta Cristóbal Gallego.

Se estima que entre un 40 y un 45% de las cooperativas jienenses están ya integradas en una organización 'superior', bien cooperativas de segundo grado o estructuras empresariales para sumar esfuerzos. Más profesionalización, mejor posición de mercado, economías de escala en el envasado y la comercialización ... Las cooperativas son hoy un agente de primer orden en el mundo aceitero.

Franquismo

¿Cómo se ha llegado a la situación actual? El investigador universitario Vicente Gallego aclara que el fenómeno cooperativo no es nuevo, sino que existía en el olivar desde siempre aunque se generalizase en los años 50 y 60. «Fue impulsado desde el franquismo, que creía en el sindicalismo vertical y la democracia orgánica, y que en la agricultura se usó para proteger a los agricultores de los avatares del mercado y de la entrada de otras grasas vegetales», explica. Las herramientas fueron las sociedades agrarias de transformación, las comunidades de regantes y las cooperativas.

Así que en los años 50 y 60 muchas almazaras privadas se convirtieron en cooperativas, y se crearon otras muchas impulsadas principalmente por propietarios medianos (los grandes tenían sus propias fábricas) que se ponen de acuerdo y se organizan. A este impulso se suman después muchos pequeños propietarios.

El mundo del aceite vive una primera revolución tecnológica, con fábricas más modernas y con más capacidad. Los canales de regadío se extienden por las vegas. Los agricultores abandonan otros cultivos y plantan olivos.

Surge entonces un fenómeno que es clave para entender el olivar jienense y sus cooperativas. Como el negocio funciona, muchas cooperativas ponen en marcha secciones de crédito, que acaban uniéndose en UTECO. La Unión Territorial de Cooperativas. Es el origen de la Caja Rural de Jaén, la organización financiera con más músculo actualmente en la provincia, presente en los 97 municipios y muy vinculada con los agricultores.

Más aún, las cooperativas crean su propia sociedad para comercializar sus productos: Coosur. De la mano de personas como Domingo Solís se comienza a exportar a otros países. «El holding creado por UTECO levanta entonces suspicacias en el mundo financiero y en las grandes empresas agroalimentarias», apunta Vicente Gallego.

Crisis de UTECO y Fedeoliva

A principios de los 80 UTECO estalla. En su estrategia de concentración de la oferta compraba el aceite a los olivareros a un precio más elevado de lo que luego conseguía vender. El desfase lo fue solventando con créditos de la Caja Rural hasta que finalmente la entidad fue intervenida y se vio arrastrada con una deuda de 80 millones de euros. Se le inyectaron miles de millones de pesetas a través de aportaciones del Tesoro a fondo perdido o a muy largo plazo. Así se consiguió salvar a las cooperativas y a la Caja Rural, que ha estado intervenida por el Banco de España y pagando deudas hasta 2016.

Pero tras la conmoción por la crisis de UTECO el mundo aceitero seguía crecía como nunca apoyado por las ayudas europeas y las cooperativas seguían siendo parte esencial de ese fenómeno. En los años 80 y 90 el olivar jienense sufre una nueva revolución, con un incremento espectacular de la producción y su extensión prácticamente como monocultivo por toda la provincia de Jaén, con aumentos espectaculares de producción. Son años de cambios tecnológicos profundos, modernización de los regadíos (se deja de inundar los campos a manta, y se ponen goteros) y también de mejoras en los sistemas producción. Entonces surgen en la mayoría de los pueblos segundas cooperativas que agrupan a nuevos agricultores o descontentos con la situación en la vieja.

Lo que llamaba la atención del sector en esos años era su atomización. Cada cooperativa guerreaba por su cuenta. En cada pueblo había dos o tres cooperativas y puntos (aunque no cesan las fusiones para dotarse de instalaciones modernas). Pocos envasadores y comercializadores dominan el mercado.

Con este panorama, en 1986 nace Jaencoop, en 1987 Fedeoliva y en 1989 Olivar de Segura. Son intentos para concentrar la oferta, ganar mercados y exportar. Sobre todo para exportar. Y la experiencia de Fedeoliva fue un duro varapalo para el sector. Llegó a agrupar a 87 almazaras, de las cuales quince eran cooperativas que forman parte de la comercializadora, el núcleo duro. En el proyecto estaban implicados más de 7.000 agricultores, que cultivaban 2,5 millones de olivos. Tuvo incluso un departamento para Estados Unidos, Fedeoliva USA, con oficinas en Water Street, Manhattan. Desde 1995 intentó entrar de forma agresiva en ese mercado. También tenía presencia en Suramérica (en 1999 se constituyeron Fedeoliva Perú y Fedeoliva Uruguay) y en Europa (con agentes de Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Alemania, Suecia, Escandinavia e Italia). Llegó a crear una división para Asia.

Resurgir

En 2005 todo se vino abajo como un castillo de naipes, con el proyecto lastrado por deudas de alrededor de 40 millones de euros. Se volvía a hablar de ventas por debajo de los costes para introducirse en los mercados. En septiembre de ese año el grupo entró el concurso de acreedores y sus bienes fueron liquidados.

Fedeoliva se llevó por delante a algunas de las cooperativas participantes. Pero sobre todo fue un mazazo para el sector, que ansiaba liderar la exportación y la comercialización del producto, pero que no daba con las teclas adecuadas. Era el segundo gran fracaso, tras UTECO.

La situación era además complicada. Se estimaba que del total de cooperativas jienenses, apenas el 8 por ciento tenían una estructura profesionalizada y de ese 8 tan sólo el 2 por ciento 'comercializaban' más allá de su propio municipio.

Llegó una crisis de precios. A finales de 2008 el kilo de aceite cotizó a 1,8 euros. La ruina. Las administraciones tocaron entonces a rebato. Y apelaron a la concentración.

En octubre de 2008 la ministra Elena Espinosa afirmó en un encuentro con agricultores en Jaén que las cooperativas «tienen que ser una empresa más; en producción y comercialización tienen que ser igual que una sociedad anónima o limitada, aunque mantengan su preocupación por aspectos más sociales, si quieren seguir creciendo en este mundo cada vez más competitivo»; y animó a que estableciesen alianzas estratégicas y fusiones. La Junta de Andalucía estableció también líneas de ayudas y facilidades para financiar estos movimientos y prometió todas las facilidades. Hasta llegar a la situación actual, dominada por grandes grupos, detrás de los cuales late el corazón cooperativo de Jaén.