Científicos alertan de que el olivar tradicional soporta sobrecostes que amenazan su supervivencia

Científicos alertan de que el olivar tradicional soporta sobrecostes que amenazan su supervivencia

El minifundio en la provincia supone una desventaja competitiva insalvable frente a los modelos intensivos en un problema que se debate en el Simposium de Expoliva

Juan Esteban Poveda
JUAN ESTEBAN POVEDA

En la provincia de Jaén hay 262.000 parcelas de olivar tradicional. El tamaño medio de las parcelas es de 1,7 hectáreas. El 94% por ciento de las parcelas tienen menos de 5 hectáreas. Sólo el 0,15% de las parcelas tienen 5 hectáreas o más. No son solo números. Son un problema. Son euros perdidos, sobrecostes, ineficacia a la hora de hacer los trabajos al olivar y, si no se pone remedio, ruina y abandono de las explotaciones por la competencia de otros modelos más eficientes. «Se habla mucho de un problema de precios, pero hay realmente un problema de costes. No es un problema coyuntural de precios, sino estructural», dice Antonio Ruz, de la cooperativa San Roque de Arjonilla, donde están tomando medidas para intentar salvar el problema en un proyecto de investigación que se expuso en el Simposium de Expoliva. Frente a este modelo de pequeñas parcelas, a pocos kilómetros de Jaén plantan todos los años hectáreas y hectáreas de superintensivo que ajusta los costes al máximo. Con precios bajo al olivar de Jaén no le salen las cuentas. Pero a ese nuevo olivar sí.

Sergio Colomo, del centro investigador IFAPA de Granada, indicó que «hay que cambiar el modelo de gestión» de las fincas para salvar un problema de rentabilidad importante. Desde el IFAPA se están planeando una gestión alternativa para lograr economía de escala reducir los costes que supone la fragmentación de las fincas y la dispersión de las propiedades de cada agricultor.

De las 100.000 hectáreas de olivar que se plantan en el mundo al año no hay ni una de olivar tradicional Todas son intensivo o superintensivo. Las estadísticas oficiales indican que con parcelas de tamaño medio de 1,7 hectáreas cada agricultor jienense es propietario de 5,3 hectáreas en total, en fincas dispersas en un radio de unos 6 kilómetros cuadrados, según datos de Manuel Perujo, experto en cartografía. Esto supone muchas pasadas para hacer las labores, traslados y mudanzas, tiempo perdido, maquinaria que no se amortiza, combustible malgastado y jornales desperdiciados. Solo por fragmentación se estima que hay un sobrecostes medio de 150 euros por hectárea, que para el 20% de los propietarios se eleva a 200 euros. Por la dispersión los sobrecostes son de 300 o 400 euros por hectárea.

Este olivar de microparcelas tiene que competir con los nuevos superintenvisos. Sencillamente las cuentas no salen.

«El agricultor solo ve el precio, pero puede ver también que hay un problema de costes. Tiene que ser consciente de que hay modelos más rentables. Si peleamos por un precio de 2,40 euros por kilo para garantizar la rentabilidad del olivar tradicional nos encontramos con que las empresas se van a otro sitio, con lo que nos enfrentamos un problema de decaimiento y ruina. Lo primero es tomar conciencia del problema de los costes por fragmentación de la propiedad, de que además todos los años entran en producción miles y miles de hectáreas de sistemas mucho más eficientes», apunta Antonio Ruz.

Sus cálculos es que buena parte del olivar de Jaén, que tiene costes de 2,7 en secano y 2,4 en regadío se sostiene porque la mano de obra es familiar Yy una subvención que reduce los costes y sitúa los límites de rentabilidad en 1,30 en secano y 1,22 en regadío. Solo es rentable para quien trabaje en su finca y viva del campo.

Desde la cooperativa San Roque se intenta poner en marcha una aplicación en la que participen propietarios de fincas que o bien se han ido del pueblo o bien se han jubilado o ya no llevan directamente el trabajo en sus tierras. Mediante esta aplicación cada agricultor podrá encargar a través de la cooperativa que una empresa de servicios le haga una determinada tarea, que le lleve todas las a labores de la finca, que arriende las tierras o que se integre en proyectos de transformación para intensificar su plantación. Así lograría rentabilizar al máximo los trabajos y reducir sus costes a agrupar las labores en manos de unos pocos profesionales que abarcarían muchas parcelas juntas y podrían ser mucho más eficientes.

Manuel Parras, de la Universidad de Jaén, asegura que hay un problema en la rentabilidad y que debates como el propiciado en el Simposium ayudan a aportar desde el conocimiento un problema importante que amenaza el futuro de la provincia de Jaén.