Cebada cervecera que nace entre olivos

Cosechadora convencional en los campos de la provincia jienense, en el marco del Proyecto Olivo. /IDEAL
Cosechadora convencional en los campos de la provincia jienense, en el marco del Proyecto Olivo. / IDEAL

Esta «novedosa» iniciativa de Heineken España se basa en la cubierta vegetal con cebada de alta calidad en olivares de secano

LAURA VELASCO JAÉN

Cultivar cebada cervecera entre olivos para ahorrar agua. Suena complejo, y a juzgar por todo el trabajo que hay detrás, lo es. El proyecto surge de la colaboración entre Heineken España y la Junta de Andalucía. El detonante: el afán de la compañía por compensar el agua que utilizan en la producción de cerveza, para llegar a alcanzar un balance hídrico neutro. El Proyecto Olivo es una de las formas escogidas para lograrlo.

Así, esta «novedosa e innovadora» iniciativa se basa en la cubierta vegetal con cebada de alta calidad en olivares de secano en Jaén, algo que genera beneficios, «porque tiene capacidad para mejorar la estructura del suelo y fomenta la biodiversidad», según explica Mauricio Domínguez-Adame, director de Responsabilidad Social Corporativa de Heineken España.

En la primera cosecha se seleccionaron parcelas en los municipios de Huelma y Martos, y la siega se realizó en julio del año pasado, arrojando una producción de 300 kg de cebada. En la segunda campaña, en la que ahora están inmersos, Huelma se ha mantenido, pero la parcela de Martos ha sido sustituida por otra en Navas de San Juan, ya que la otra fue «pasto de los conejos». En total, suman entre estas dos últimas diez hectáreas.

«El proyecto puede adoptar una dimensión que trasciende de su objetivo inicial»

«Se están haciendo ensayos en los que se analiza la cubierta espontánea, el suelo labrado, y cubiertas de cebada de olivar, hecho en cuadrantes de 4x4 olivos que se van replicando, para comparar el comportamiento del suelo y del olivo», destaca Mauricio Domínguez-Adame.

Los beneficios potenciales sobre el suelo son «tremendos», al incorporar materia orgánica, pero los efectos positivos son algunos más. «Aumenta la capacidad de infiltración de agua, porque en vez de impactar contra el terreno, la aceleración se ve frenada por la cubierta vegetal y se infiltra en el terreno; y disminuye la erosión, que es uno de los principales problemas de la agricultura, la disminución de la capa fértil», destaca. Además, mejora la economía del agricultor, el paisaje es «mucho más rico» e incluso influye en el cambio climático, por el incremento en la capacidad de captura de carbono.

En cuanto a la actitud de los olivos, «como un año dan una cosecha abundante y al otro no» hay que esperar hasta el final del proyecto, en 2019, para sacar la media del comportamiento del olivo.

Olivar tradicional

En Andalucía, informa, existen 60.000 hectáreas de olivar de calle ancha, «el tradicional, de secano, con pendiente». «Si un 3% de esas hectáreas adoptaran esta técnica, conseguiríamos compensar 700.000 metros cúbicos de agua, lo que equivale a nuestro objetivo anual de compensación de agua», recalca.

Otra de las ventajas del proyecto es un mayor aprovechamiento del suelo, ya que no se trabaja en superficies adicionales, sino que son parcelas a las que no se les está dando uso. «La imagen es espectacular, una cosechadora convencional que circula entre los olivares segando es algo que nunca se ha visto. Bastantes agricultores se han dirigido a nosotros reclamando información, pero aún vamos con cautela, porque seguimos investigando y no tenemos unas conclusiones finales aún», reclama. Además, añade que en Huelma este año la técnica utilizada ha sido la de «siembra directa», a través de una máquina que «hace un agujero en la tierra, deposita la semilla y no altera el contenido del suelo, los rastrojos, flora y fauna», destaca Domínguez-Adame.

Igualmente, la aptitud cervecera de la cebada sembrada entre olivos, es acorde a los requerimientos de calidad de Heineken, lo que abre la puerta a un futuro de producción de este elemento justamente aquí. «En España hay un déficit de cebada cervecera, y tenemos que acudir a comprarla fuera de nuestras fronteras para cubrir la demanda, así que es muy interesante promover aquí este cultivo. Además, los precios están a la par o por encima de los del trigo», manifiesta el director de Responsabilidad Social Corporativa de Heineken España.

En este sentido, la cebada recogida en la primera cosecha ha sido incorporada a la microcervecería con la que Heineken cuenta en Málaga, y a partir de septiembre ofrecerá cerveza con este elemento recogido en la provincia jienense. Si cumple los requisitos, en esta segunda cosecha pretenden obtener malta para hacer cerveza Cruzcampo en la fábrica de Jaén. «El proyecto puede adoptar una dimensión que trasciende de su objetivo inicial. Apostamos por hacer cerveza en Jaén, con cebada de Jaén y del olivar. Seguiremos apostando por la provincia», concluye.

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