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Cambio esperanzador

JAVIER PEREDA PEREDA

Con el histórico acuerdo logrado este miércoles entre el PP y Vox para la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla como sexto presidente de la Junta de Andalucía, se dejan atrás cuarenta años de hegemonía socialista, contando el periodo preautonómico. Después de intensas y arduas negociaciones entre las tres formaciones políticas -PP, Cs y Vox-, aunque por separado, han alcanzado un cambio político cargado de esperanza. Las negociaciones desde el 2-D no han resultado sencillas, porque principalmente la formación 'pomelo' (naranja por fuera y roja por dentro) se ha encargado de tensar la cuerda con un cierto toque xenófobo 'vallsiano' poco razonable; primero, reivindicando en una extravagante 'operación Borgen' la presidencia de la Junta, pese a ser la tercera formación más votada; y segundo, al pretender excluir y ningunear de forma miserable a Vox, como si de una formación apestada se tratara, pero contando con sus votos para ostentar la vicepresidencia. La explicación de este bloqueo antidemocrático radica en intentar obtener rédito político en las sucesivas citas electorales de 2019; piensan que con esta exhibición de pureza ideológica, y realizando un cordón sanitario contra la formación que está librando la batalla de las ideas, podrá pactar en un futuro con los socialistas y asaltar La Moncloa.

La animadversión y la humillación de Cs hacia Vox no ha sido tanto por dárselas de los más progres entre los progres, evitando ser tachados de derechas, sino sobre todo, porque el discurso de la nueva formación sobre la unidad nacional le hace ser un directo competidor electoral. Los votantes desafectos del PP antes tenían sólo a Cs como opción política alternativa; a partir de ahora podrán elegir también a Vox, y de ahí la enfrentada rivalidad. Esa táctica de menospreciar a la formación naranja ha sido tan burda y obscena que sin duda les pasará factura: lo que puedan ganar por la izquierda, lo perderán por la derecha. La trampa saducea y la provocación que la formación 'veleta' le ha tendido a la formación verde ha estado encaminada -menos mal que no ha producido- a que ésta no le prestara sus doce diputados para la investidura del cambio de régimen en Andalucía, abocando a nuevas elecciones. Así se entiende que la formación de Rivera -cuyos pactos le duran tanto como el cambio de pareja, y ya van dos- sólo haya pactado por separado con Teodoro García Egea, excluyendo el primero de forma insólita a su interlocutor Javier Ortega Smith. Ante el desprecio de Cs a Vox, éstos se han visto obligados a fijar sus posiciones en 19 propuestas, cuya finalidad era también no defraudar a sus cuatrocientos mil votantes y los futuros electores. Algunas de ellas no dejan de ser imaginativas como la de cambiar el Día de Andalucía del 28 de febrero (efeméride del Referéndum autonómico de 1980, el del pucherazo) al 2 de enero (final de la Reconquista con la Toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492).

Al final, pese al temor generalizado por un sector mayoritario de la opinión pública de que pudiera truncarse el desalojo de los gobiernos socialistas corruptos del Palacio de San Telmo, ha primado el sentido de responsabilidad y de Estado de Vox, que ha cedido a muchas de sus pretensiones (que han levantado ampollas), para hacer posible este cambio esperanzador. La formación que está enfrentándose al marxismo cultural, se ha encontrado con el escollo de la dictadura de lo políticamente correcto, tanto de los partidos como de los medios de comunicación. Al acuerdo de investidura con el PP de 37 puntos (que Cs descalifica como de papel mojado), no ha tenido acceso la reforma de la controvertida Ley de Violencia de Género o el desmantelamiento de las ayudas públicas a organizaciones feministas. Sin embargo, en este pacto ya se vislumbra un giro copernicano de ideas como el de la supresión de la Ley de Memoria Histórica, reducción de la fiscalidad y el gasto público, la libertad de enseñanza, cumplimiento de la ley de inmigración, etc. Se abre una inédita e ilusionante etapa en la política andaluza. El acierto no ha podido ser mayor, oyendo la demagogia de Montero que califica de «trillizos reaccionarios» a los tres partidos que han devuelto la esperanza no sólo a Andalucía, sino también a toda España.

 

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