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Luego cabalgamos

Es probable que esto no hubiera ocurrido si el presidente del Gobierno no hubiera sido tan desleal con la Carta Magna

JAVIER PEREDA PEREDAJAÉN

La celebración del 40 aniversario de la Constitución de 1978 será recordada por la proximidad con las históricas elecciones andaluzas del 2-D, en las que el partido socialista fue relevado en las urnas. Es probable que esto no hubiera ocurrido si el presidente del Gobierno no hubiera sido tan desleal con la Carta Magna (en este PSOE más de Largo Caballero que de Besteiro), desde su asalto al poder mediante la moción de censura, como cooperador necesario de los partidos enemigos de la Nación. Ante esta situación de emergencia nacional, por la felonía del presidente socialista contra los postulados de la norma suprema del ordenamiento jurídico español, los andaluces han servido de altavoz de todos los españoles. El mensaje de la soberanía popular andaluza, en el granero socialista por antonomasia, ha tenido más relevancia si cabe: le han devuelto -al sanchismo más que al susanato- una moción de censura en toda regla, pero esta vez legal y con la legitimidad de las urnas. Los tres partidos que forman el bloque constitucionalista: PP, Cs y Vox -el PSOE se ha autoexcluido-, han sido elegidos para deshacer los tejemanejes de la Junta y del Gobierno de la Nación. El partido de Casado -qué buen señor, si tuviera buen vasallo- que ha evitado una sangría mayor, le corresponde formar gobierno con sus dos aliados constitucionalistas, al ser el más votado. Por eso, cualquier intento de Rivera en hacer una 'operación Borgen', importada de las series danesas de televisión, sería imperdonable en los próximos comicios, porque estaría haciendo 'un doctor Sánchez'; después de toda la campaña diciendo que no iba a pactar con los socialistas corruptos (de ahí que duplicara los diputados), ahora diga... Diego. Pero lo sorprendente de estas elecciones, pese a la manipulación 'goebbeliana' de Tezanos con su CIS fraudulento, como su presidente, son los increíbles -no se habla de otra cosa- doce diputados de Vox. La alerta antifascista de comunistas y socialistas para sembrar la crispación, es lo más opuesto al espíritu de la Transición, plasmado en la Constitución de la concordia, la convivencia y la reconciliación. Así, para la moderada y ecuánime ministra de Justicia 'garzonita' (la de la información 'interior' de las cloacas de Villarejo, que todavía no ha dimitido junto con los otros nueve ministros pillados 'in fraganti') la formación de Abascal es anticonstitucional, pero los golpistas catalanes son casi los siete Padres de la Constitución. El marqués de Galapagar ha promovido la violenta alerta antifascista, en un ejercicio totalitario, propio de las milicias frentepopulistas. Y el gabacho Valls -se arrepentirán de su fichaje- después de arremeter contra la inmigración ilegal en Francia, ahora critica a la formación política de moda; que vaya a El Ejido a entenderlo. La última ocurrencia de Sánchez (en un desdoblamiento más de su personalidad) es la de suprimir la inmunidad del Rey, y de paso un cambio de régimen.

Todos estos personajes -que pretenden cargarse la ley de leyes- olvidan que el pluralismo político es uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico. Que sus ideas -incluso las de Iglesias-, por erróneas que a otros les parezcan, tienen cabida en un régimen democrático, siempre que se respete la diversidad. Por eso, descalificar a los adversarios políticos de fachas (de fascismo) -para la ultraizquierda lo son todos los de derechas-, es un ataque a la libertad al imponer su superioridad (in)moral. El mérito de los 400.000 electores de Vox -con formación y valores- consiste en haberse sobrepuesto sin complejos a la dictadura de lo políticamente correcto y al brutal cordón sanitario mediático del «establishment», con sus «fake news». Es evidente que Vox es un partido democrático, liberal y más constitucional -puestos a medir- que el actual Frente Popular. Es lógico el recelo de los partidos, porque esta formación transversal ha obtenido votos de todos. Pensarán con el Quijote: «Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos». También cabalga nuestra maltratada y atacada Constitución, y con Bismarck: «España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido».

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