Por la boca cae el 'camello'

La Policía se incautó de tres teléfonos móviles durante la operación de Andújar. /POLICÍA NACIONAL
La Policía se incautó de tres teléfonos móviles durante la operación de Andújar. / POLICÍA NACIONAL

Fiscalía pide cárcel para tres jóvenes de Andújar que por el móvil atendían pedidos de «toallitas», «chuches» o «camisetas». Las escuchas telefónicas son claves desde hace décadas para llevar ante el juez a traficantes de droga

J. E. POVEDA JAÉN

David M.P., de 34 años, Patricia C.S., de 30, y Jorge G.A., de 28, se sentarán el próximo martes en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Jaén acusados de Tráfico de drogas. Agentes de la Policía Nacional les encontraron unos 120 gramos de cocaína y pequeñas cantidades de cannabis y MDMA, todo valorado en 10.000 euros. A Patricia y a Jorge les piden cuatro años y 20.000 euros. David ya es veterano en estas lides, pues en 2014 le cayeron tres años en la Audiencia. Así que a él el Fiscal le aplica la agravante de reincidencia y le pide cinco años y nueve meses. Y 30.000 euros. Cayeron como principiantes. El tránsito de consumidores por la casa que compartían en la calle Cendal de Andújar llamó la atención. Les pincharon los teléfonos. Y ellos mismos lo cantaron todo: cómo y cuándo quedaban con sus clientes, cuánto les pedía cada uno, dónde iban a hacer la entrega ... Y también cuánto les debía cada uno. Hasta daban un número de cuenta para los pagos.

En el procedimiento constan hasta 30 conversaciones telefónicas que mantuvieron los acusados entre ellos y con otras personas desconocidas o identificadas en sus agendas como 'Petardo', 'Gallina' o 'Rubio', entre otros. No hablaban a las claras, sino según el Fiscal «utilizando un lenguaje velado previamente convenido».

Las personas que los llamaban les pedían «toallitas, chuches o camisetas». Había alguno que reclamaba directamente «medio». Algunos anunciaban una visita al domicilio de los acusados. Otros proponían una cita en otro lugar, según las transcripciones de las conversaciones interceptadas. «Ya voy pa' ya. (sic) Donde nos vimos el otro día». «Donde vivo». «Donde antes». «Donde nos vimos ayer». «Estoy aquí abajo». «Vamos a quedar en otro lado». El Fiscal relata que «inmediatamente después de recibir esta llamada (...) se reunían para el intercambio de la droga por dinero».

Después de varios meses de investigación, el 27 de marzo de 2018 el juzgado de Instrucción 2 de Andújar autorizó el registro de la casa, donde se encontró droga y dinero.

30 fragmentos

Entre las pruebas que pesan en contra los acusados para el juicio del martes destacan, además de las drogas, treinta fragmentos de conversaciones grabadas por la Policía y que a juicio del Fiscal les incriminan. De hecho, el Ministerio Público ha solicitado que esas conversaciones se escuchen para ilustrar al tribunal y para poder preguntar a los acusados sobre ellas, y que aclaren a qué se referían cuando les pedían chuches, toallitas o camisetas.

Interceptar las comunicaciones telefónicas es invadir la esfera más íntima de un individuo. Así que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado deben presentarle al juez sólidos indicios que lo autorice. Para poder pinchar el teléfono a David (que Jorge y Patricia cogían también) los policías estuvieron desde el 18 de diciembre de 2017 y el 1 de febrero de 2018 vigilando la casa que compartían. Tuvieron que salvar medidas de «contravigilancia» que practicaban los acusados, tales como «identificar personas y vehículos de su entorno antes de realizar los pases, cambios de velocidad y maniobras erráticas o absurdas durante sus desplazamientos» a fin de detectar si los seguían.

Con los resultados de estos seguimientos y actas de posesión de drogas a los clientes, se consiguió que el juez autorizase los pinchazos telefónicos. Desde hace décadas las escuchas son la clave para que las fuerzas de seguridad puedan 'entrar' en organizaciones criminales. Las acusaciones contra David, Jorge y Patricia son las típicas para 'camellos' de poca monta. Pero con las escuchas se logró interceptar el mayor alijo de cocaína jamás encontrado en Jaén.

Triunfal

El 21 de diciembre de 1996 la Policía intervino 136 kilos de cocaína recién importada de Sudamérica en un trastero del Gran Eje. Uno de los implicados fue condenado a diez años. Otro, José Luis Folgueras Álvarez (Gijón, 1951), alias 'Don Pelayo', salió absuelto. «Fue por las escuchas. Eran lo que lo podía incriminar. Hubo un problema técnico y finalmente no sirvieron de prueba de cargo para el tribunal», recordaba muchos años después de aquel juicio Cristóbal Fábrega, fiscal en ese caso.

Una investigación con escuchas permite obtener mucha información, pero a costa de un notable esfuerzo policial, y con constante supervisión judicial. En 2015 las escuchas fueron determinantes para la Operación Triunfal, el mayor golpe al tráfico de drogas en muchos años en la provincia, que desveló el millonario negocio del clan de 'los Alicantinos'. Con pinchazos se logró interceptar un paquete de un kilo de cocaína que viajaba por carretera, se descubrió el almacén donde guardaban la droga y se detectó el truco que los cabecillas pensaban usar para que no los conectasen con la droga: en una de las conversaciones interceptadas, habla un hombre preocupado por lo que puede pasar si el «correo» habla. Desde el otro lado de la línea lo tranquilizan. Todo controlado. No cantará. Habían ofrecido 60 euros al día a la familia mientras que esté en la cárcel.

Los implicados en la Triunfal solían hablar en clave. Unas veces decían de «sacar al niño», otras hablaban «caramelos de limón». A veces usaban jerga de difícil comprensión, como que «el arroz había salido malísimo y había que echarle más almejas».

Policías y guardias civiles llevan décadas escuchando a los camellos. En conversaciones entre traficantes de Antonio Díaz (Jaén) y el Madroñal (Linares) hablaban de «un ladrillo», si la cantidad era importante, o un chandal blanco» o uno negro, según fuera la sustancia requerida. A otro vendedor apodado 'El Chori' un cliente le pedía «la lista de los coches». Él le respondió (para reclamarle los billetes) «tú trae los papeles». Otros días debía atender negocios de huerta, pues le pedían «mil kilos de sandías». En los juzgados se han vivido episodios hilarantes a cuenta de las escuchas. Como el de un camello que decía que era normal sus amigos le llamasen para que les bajase un CD. El Fiscal pidió que pusiesen una grabación. Se le oía negociar medio CD. «Explíqueme usted cómo bajó medio CD», le requirió entre las risas del tribunal.

 

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