Alma competitiva y corazón mengibareño

Michel, de 25 años, juega en el Jaén Paraíso Interior FS. /JUANCA MARTOS
Michel, de 25 años, juega en el Jaén Paraíso Interior FS. / JUANCA MARTOS

El ala del Jaén Paraíso Interior FS ha pasado por Castellón y Murcia para ahora volver a su tierra, donde está disfrutando de una bonita época cerca de los suyos

Laura Velasco
LAURA VELASCO

Hay aficiones que empiezan cuando uno es pequeño. Otras se fraguan incluso antes. En el caso de Miguel Jesús Moya Hoyo (Mengíbar, 1993), más conocido como Michel. Aún no había nacido cuando ya daba más guerra de la cuenta. «Mi madre dice que quería ser futbolista desde que estaba en la barriga, daba muchas patadas», bromea. Aunque nunca sabremos si ahí ya tenía el gen del fútbol activado, lo cierto es que el actual jugador del Jaén Paraíso Interior FS siempre tuvo claro que su vida estaría ligada al balón. «Con cinco o seis años salía a la calle a pegar pelotazos y me encantaba», comenta. Así, empezó a jugar en las categorías inferiores del Mengíbar, su pueblo natal, hasta que llegó a la categoría juvenil. «Jugué en el campeonato de España con la selección andaluza, y fue cuando representantes y equipos se fijaron en mí. No me había dado cuenta de que me podía dedicar a esto hasta ese momento», apostilla. Su carrera despegó de la mano del filial de ElPozo Murcia Fútbol Sala. A los dos años debutó con el primer equipo, para luego dar el salto a Castellón, donde jugó cinco temporadas en el Peñíscola Fútbol Sala. Ha sido esta temporada cuando ha podido regresar a su tierra, jugando como ala en el Jaén FS.

Castellón, Murcia y Jaén han sido sus sedes en los últimos años. El cambio más complicado, sin duda, el primero. «Fue el más difícil por tener que separarme de mi familia tan joven, con 18 años, pero la estancia fue muy positiva, fue dar el salto a primera división. Pasé cinco años allí donde tuve un papel importante, aunque creo que el mayor salto ha sido el de este año a Jaén, con un equipo campeón, sentado entre los mejores de España», detalla.

Volver a su tierra le hizo una ilusión tremenda. Muy unido a su gente, admite que la calidad de vida mejora si tiene cerca a sus seres queridos. «Se nota también en la confianza deportiva, son un pilar fundamental, me apoyan en los buenos y en los malos momentos. Es una satisfacción tenerlos cerca y que me vean», recalca el mengibareño. Tan unido está a su pueblo que reside en él con su pareja, y se desplaza a la capital cuando ha de entrenar o jugar. «Aquí se vive bien, tranquilo», apunta. De hecho, cree que a lo que más renunció por el fútbol fue a pasar tiempo con sus seres queridos, al estar varios años fuera de casa. «Me he perdido muchas cosas por estar lejos, pero ahora que estoy aquí estoy mejor, disfrutando», apostilla.

Sin plan B

Michel admite que nunca tuvo un plan B. «Perseguí el sueño del fútbol porque podía ser real y no he dejado de intentarlo», comenta. Estudió hasta 1º de Bachillerato, pero al trasladarse a la Comunidad Valenciana tuvo problemas, ya que es obligatorio estudiar valenciano, por lo que lo dejó aparcado. Ahora, a sus 25 años y con un prometedor futuro, ha decidido que es hora de retomarlo. Está preparándose para la Prueba de Acceso a la Universidad, y si todo va como él desea, el próximo curso será, además de futbolista, universitario. «Me gustaría estudiar algo como Magisterio, tendría que hacerlo a distancia y esforzarme para llevarlo de la mejor manera posible. La carrera de un deportista al final es corta, y hay que pensar en el futuro. Creo que una carrera es buena para la formación y para tener la mente ocupada», manifiesta. Así, en 10 años se ve jugando al fútbol, pero quién sabe, quizás para entonces es un entregado maestro de Primaria. O quizás entrenador. «Eso lo he pensado alguna vez, pero de momento no me veo capacitado», resalta. Michel tiene, a simple vista, las cosas claras.

Siempre supo que lo suyo era el fútbol. El fútbol sala. No, no pensó en el fútbol 11, ni siquiera cuando sus amigos se fueron cambiando a esta modalidad. «Es lo que siempre me ha gustado, me divertía mucho. Tienes más contacto con el balón, hay más sorpresa, más movilidad, más goles, puedes entrar y salir siempre que el entrenador quiera... Es más bonito, mucho espectáculo», añade Michel.

Competitivo

Lo definen como un jugador duro, ante lo que se ríe. Prefiere decir que es competitivo. «No me gusta perder y lo doy todo en la pista, soy trabajador e intento ayudar a mis compañeros», aclara. En cuanto a las aficiones rivales, cree que su competitividad es precisamente lo que no les gusta de él. «Voy duro con el balón», añade.

En cuanto al fútbol en España, cree que «está cada vez subiendo más el nivel y avanzando», y después de unos años «estancado» por la crisis ha vuelto el movimiento al mercado de fichajes. «También se está dando bastante a conocer el fútbol sala y se están televisando más partidos y promocionándolo más, aunque le hace falta más. Nunca podrá competir con el fútbol 11, porque este conlleva más dinero, pero vamos pasito a pasito tratando de colocar al fútbol sala en el lugar que se merece», recalca orgulloso.

Aparte del fútbol, Michel es un enamorado del baloncesto, el pádel y el tenis. Todo deporte. «Lo practico durante el verano», explica, ya que durante la temporada tiene restringida la actividad para evitar lesiones. Y a la pregunta de si le gustaría poder practicar lo que quiera sin mirar su contrato con el club, lo tiene claro: «no echo de menos nada porque hago lo que me gusta, tengo la suerte de practicarlo», resalta. Y aunque no entra precisamente en la categoría de afición, pasar tiempo con su pareja es su 'gran pasatiempo'. Dicen que es un romántico, y no se avergüenza de ello: «cuando uno quiere a su pareja tiene que demostrarlo, y yo quiero a la persona con la que estoy», detalla.

Y si Michel tuviera que hablarle a su 'yo' de 15 años le diría, básicamente, que haga lo que tiene en mente. «No me arrepiento de nada, todo pasa por algo. Fui valiente al salir de mi casa a vivir mi sueño y lo repetiría», destaca. Y si el consejo tuviera que enfocarlo a un potencial futbolista, se muestra firme y optimista: «que disfrute y que trabaje duro, con humildad y sacrificio se puede conseguir». Amén.

Michel quería ser futbolista, según su madre, desde antes de nacer. Las patadas en la barriga le delataban. Unos cuantos años después, tuvo que dejar atrás su Mengíbar natal y su familia para cumplir su sueño. Le costó un mundo alejarse de ellos, pero tiene claro que repetiría. Quiere jugar al fútbol todos los años que pueda, pero antes quiere pasar por la universidad y agarrarse a un plan B de futuro. La carrera de un deportista es corta, lo admite, pero si le sigue sacando jugo llegará tan lejos como quiera.