Paisajes de viñas y aromas de vino

La vid se extiende en la provincia sobre una superficie de 440 hectáreas

La uva llega a la cooperativa para iniciar un proceso que acabará tiempo después con el envasado. /
La uva llega a la cooperativa para iniciar un proceso que acabará tiempo después con el envasado.
CARMEN CABRERAjaén

No solo de olivar vive el campo de Jaén. También es rico en otros cultivos que resisten al avance de los olivos. La vid se encuentra diseminada en algo más de 440 hectáreas de la provincia y cada año ofrece una amplia variedad de uvas y vinos (tanto blancos como tintos) que se venden dentro como fuera de las fronteras jienenses. Este año la recolección de la uva se ha iniciado antes, debido a las altas temperaturas veraniegas, que han provocado un adelanto de la campaña. Las principales zonas productoras en la provincia se hallan en la Sierra Sur, Torreperogil y Bailén.

La campaña ha llegado con una ligera merma de la producción de caldo, estimada en casi un 6% por el sector vinícola de la provincia, a falta de las cifras oficiales. Los viñedos de Jaén han generado unos 854.000 kilos de uva de diversas variedades, de las que se han obtenido 670.000 litros de vino una vez realizado el proceso de transformación. Son unos 40.000 litros menos que la pasada campaña. Los viticultores coinciden en señalar que la principal causa de la merma en producción son las altas temperaturas, además de la falta de precipitaciones. Pese a ello, la uva es de gran calidad, ya que este año no han tenido que preocuparse por la presencia de excesiva humedad ni plagas.

Frailes, en la Sierra Sur

La recolección de uva en la Sierra Sur finalizó hace justo una semana. La Bodega Campoameno, de Frailes y que forma parte del Grupo Sierra Sur, ha estado durante un mes visitando los viñedos para extraer su fruto. La uva obtenida está muy sana y es de buena calidad, estando sus jugos protegidos por una IGP. En verano han vivido días calurosos que han alcanzado los 35 y 37 grados, sucedidos con noches de entre 17 y 18 grados. «Este salto térmico -explica la enóloga de la bodega, Virginia Bosquet- ha posibilitado que la maduración de la uva haya sido muy buena». La producción ha sido de unos 230.000 kilos de uva y un rendimiento de un 65% de media. La bodega ha obtenido unos 150.000 litros de caldo. Y eso pese a que este año la sequía ha mermado la producción entre un 10 y 15% con respecto al año anterior. La enóloga se muestra esperanzada en que «la sequía no continúe durante mucho más tiempo porque de ser así, la planta puede llegar a resentirse». «Lo normal -prosigue- es que en esta zona se reciban entre 600 y 700 litros de agua por metros cuadrado, cuando este año hidrológico apenas hemos sobrepasado los 300».

Las variedades que obtienen en blanca son el Chardonnay (joven, muy afrutado) y la autóctona Jaén Blanca (que es un vino espumoso, cava). En tinto, procesa las variedades de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, además de la típica de la tierra Jaén Negro. Este último es un vino rosado, clarete, conocido como Vino del Terreno. El resto se envejece en barricas.

La bodega recibe la uva de unas 80 hectáreas a plena producción. Este año cuenta con plantaciones propias, con la puesta en marcha de 7 hectáreas de Chardonnay y Merlot. Las vides tardarán un mínimo de tres años en producir. La empresa ha decidido contar con plantaciones propias sin renunciar a seguir trabajando con los viticultores de la zona, como ha hecho siempre. El 95% de su producción se queda en Jaén, mientras que un pequeño porcentaje viaja a Granada, Málaga, Madrid y Barcelona. Eso sí, todo embotellado con marca propia.

Bodega familiar

En la Sierra Sur se encuentra también, aunque con menor producción, la bodega Marcelino Serrano. Este año la cantidad de uva ha caído en comparación a la recogida el pasado año, obteniendo unos 18.000 kilos. También ha bajado el rendimiento, con lo cual su producción de vino ha rondado los 10.000 litros.

Pese a que la producción es menor respecto a otras bodegas de la provincia, una de sus principales características es la variedad. Además de las típicas, está ampliando su viñedo con una variedad autóctona de la tierra que había desaparecido, la Torrontés. Las vides aún son jóvenes, pero este año ya han obtenido 800 kilos. «Con las variedades que cultivamos se hacen grandes vinos, pero siempre es bueno diferenciarse y aportar un valor añadido y queremos hacerlo con la recuperación de esta variedad», apunta Blanca Serrano. De hecho, actualmente están realizando pruebas para conseguir un espumoso con esta variedad de Torrontés y el objetivo es comercializarlo en 2017. «De momento está saliendo muy bien», añade Serrano.

Con la mayoría de su producción de tintos, este año se esperan buenos grandes reservas y reservas porque se ha producido una gran maduración fenológica y con más alcohol. En cambio, habrá que esperar para ver el resultado en el caso de los blancos. «Con el calor, el Ph ha salido algo más alto». Habrá que aguardar a que pase el invierno y sean desliados para comprobar su evolución, ya que los blancos necesitan unas bajas temperaturas en verano que este año no han tenido.

Sus principales clientes son particulares, aunque también venden a distribuidores de Jaén y Sevilla con una amplia variedad de vinos. De la misma forma, comercializan parte de su producción en Madrid y Cataluña. E igualmente venden directamente a restaurantes, tiendas y vinotecas, «evitando en la medida de lo posible los intermediarios», subraya. «No hacemos vinos industriales, sino que puede que de una misma marca tenga diferentes variedades según la campaña o las condiciones» .

La bodega ha apostado por el oleoturismo. Enseña a los visitantes el proceso desde la visita al campo hasta la bodega, embotelladora, etc. Se completa con un curso de cata y después los turistas pueden adquirir vino. «Es una forma de vender que nos gusta», reconoce Blanca.

Comarca de La Loma

A mediados de septiembre finalizó la comarca de La Loma la recolección de uva, que se ha prolongado tres semanas. Hasta la cooperativa Nuestra Señora de la Misericordia de Torreperogil llega el fruto de las viñas de toda la comarca de la Loma y parte de las comarcas de Las Villas, Sierra de Cazorla y Sierra Mágina. Son los reconocidos por otra IGP de vino, la tercera que existe en la provincia y que protege el vino del terreno de cada zona.

La producción en esta zona ha caído entre un 20 y 25%, según explica el enólogo de la cooperativa José Eduardo Segura. La principal causa: la sequía, pese a que hay ya muchas zonas de riego, pero también éstas se han visto mermadas. La calidad «ha sido muy buena porque no ha tenido humedad ni plagas», cuenta. Lo que sí le afectó fue una tormenta que cayó en la zona el 30 de agosto, por lo que la parte del viñedo que produce uva blanca tuvo que ser recogida antes de tiempo, sin haber alcanzado el momento óptimo de su maduración.

La producción este año ha sido de 400.000 kilos, de los que 160.000 son tinta y 240.000 blanca. Con un rendimiento de un 68% en los vinos de la IGP y un 80% de los caldos destinados a mesa, el resultado final ha sido de unos 300.000 litros de vino. Las variedades que se cultivan son las de Tempranillo, Garnacha y un poco de Cabernet Sauvignon y Syrah en tinta; mientras que en blanca se obtiene Jaén Blanco en un 90% y en menor medida, el 10% restante de Pedro Ximénez, Airén y Palomino.

Su mercado es principalmente el provincial, aunque también llega su caldo a otras zonas de manera minoritaria como Algeciras, Granada, Málaga, Madrid y Barcelona, todo ello envasado. Igualmente se destinan pequeñas partidas a Alemania, Paraguay o Letonia. Este año están negociando con Italia y Luxemburgo. «Estamos intentando posicionar nuestros vinos de la protección IGP fuera de España», subraya el presidente de la cooperativa.

Lopera

El municipio de Lopera es otro en los que tradicionalmente se han cultivado vides. Sin embargo, los últimos años no han sido demasiado óptimos. Bodegas Herruzo cuenta con casi 110 años de historia, una bodega con solera y de las pocas que queda en la zona, cuando en los años sesenta se contaba una decena. Sin embargo, el año pasado vendió parte de su tierra a cuatro particulares, tres de los cuales optaron por arrancar las plantas para sembrar olivos. El cuarto continúa con el cultivo en casi 10 hectáreas.

Bodegas Herruzo conserva 24 hectáreas de uva tinta de las variedades Merlot, Syrah, Tempranillo y Cabernet Sauvignon, aunque en la actualidad la empresa se encuentra en un proceso de transición, ya que ante el fallecimiento de los propietarios, se abre ahora un momento de incertidumbre hasta saber si los descendientes continuarán. Este año la cosecha ha caído con respecto al año anterior debido a las altas temperaturas del verano, obteniéndose entre 75.0000 y 80.000 kilos de uva, recogida en agosto.

Todos estos cambios han provocado que se haya perdido la variedad Pedro Ximénez en la localidad, «lo cual sería fácil recuperar porque se podría aprovechar la infraestructura de la uva tinta y quitar algunas de estas vides para poner blanca», cuenta Francisco Santiago. Sin embargo, de momento no hay nada decidido al respecto hasta que no se sepa la forma de continuar de la empresa. Y más en unos momentos «en los que el vino está atravesando una mala época, igual que muchos otros cultivos, con precios muy bajos», apunta Santiago, aunque añade que «confiamos en que pueda seguir porque esto significa empleo para el pueblo».

Sierra de Segura

Hace varios años se produjo un intento de reintroducir la vid en la comarca de la Sierra de Segura. De hecho, durante algunas campañas se comercializó un vino tinto en pequeñas cantidades que procedía de una vendimia nocturna y manual, ofreciendo una uva de gran calidad. Sin embargo, la iniciativa no terminó de mantenerse en el tiempo y actualmente se ha dejado de comercializar vino en la zona.

 

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