El alto precio de las olas de calor

La agricultura y la hostelería sufren el golpe económico que proporcionan las altas temperaturas

El termómetro de la esquina de Roldán y Marín con el Paseo de la Estación marcaba a la sombra 42º centígrados. /
El termómetro de la esquina de Roldán y Marín con el Paseo de la Estación marcaba a la sombra 42º centígrados.
CARMEN CABRERA

Calor sí, mucho, y como siga así se acabará perdiendo la cuenta de las olas de calor que lleva Jaén a las espaldas (cuatro hasta el momento y una quinta a la vista). Podría pensarse que es algo normal para la estación veraniega pero, ¿qué pasa cuando el calor supone un perjuicio económico considerable, hasta preocupante? Sectores como la agricultura y la hostelería son algunos de los que además de 40 grados del termómetro, registran unos números negativos que les hacen tocar fondo. Es cuando el calor va más allá de los grados y hasta de la sequía, hace estragos.

Los agricultores han avisado de que las elevadas temperaturas están afectando a los cultivos. Cuando el termómetro se dispara son inevitables las pérdidas de dinero y de cultivos que acaban inservibles y que están llevando a los productores a una situación más que preocupante.

La organización agraria UPA-Jaén apunta que los efectos de las altas temperaturas en los cultivos están produciendo, con carácter general, disminuciones de cosecha significativos, así como el incremento de los gastos de producción, sobre todo en el regadío. En el olivar, «las previsiones de una cosecha media claramente no se van a cumplir». «A la falta de lluvias en primavera y las altas temperaturas durante la floración -comenta el secretario general de UPA-Andalucía, Agustín Rodríguez- hay que añadir ahora el calor que estamos sufriendo, lo que ha agravado la situación, sobre todo en el secano, donde ya se pueden apreciar claros síntomas de agotamiento de los olivos, con lo que el fruto no crece adecuadamente». Aunque habrá que esperar al otoño, lo cierto es que los días de calor «que llevamos equivalen ya a todo un mes de agosto y de seguir así podríamos asistir a una merma de producción muy importante». En el regadío, en estas fechas se está consumiendo un 50% más de agua que en una campaña normal, porque se ha tenido que comenzar en febrero ante la falta de precipitaciones.

En aceituna de mesa, auguran que la disminución de cosecha puede llegar a ser del 50% ante la ausencia de lluvia, por una escasa producción y con poco calibre, lo que hace que parte de esta pase a almazara para producir aceite de oliva. La organización advierte que otro cultivo muy afectado es el viñedo, con una disminución de cosecha de un 30%, toda vez que «los racimos están quemados por el calor». En el cereal, que ya ha sido recolectado, la pérdida ha sido de un 15% de una campaña normal en Andalucía, aunque en Jaén ha aumentado.

En el caso del algodón, a partir de los 40 grados el mecanismo de autodefensa de la planta elimina las cápsulas (flor), por lo que «de continuar con estas temperaturas la producción tendrá una reducción importante». También está afectado el maíz, al no desarrollarse adecuadamente el grano en la mazorca, quedando vacío. Igualmente, están pendientes de hacer una valoración en frutales afectados también por temperaturas.

Por su parte, Luis Carlos Valero, gerente de Asaja-Jaén, advierte que «la intensa ola de calor que se prolonga ya durante más de un mes y la ausencia de lluvias está mermando notablemente las reservas hídricas en el suelo, lo que puede dar lugar a un aumento en la caída fisiológica de frutos en el cultivo».

Con la media pluviométrica de la provincia más baja de lo habitual, a estas alturas ya se encuentra un importante déficit hídrico en los olivos y en las aceitunas observándose caída de frutos en estado de crecimiento de hueso, sobre todo en los olivos de secano.

Aunque aún es pronto para hablar de cosecha, Valero reconoce que sí que es cierto que, «de no venir un otoño cargado de lluvias tempranas, quedará notablemente mermada con respecto a las buenas expectativas que nos había dado la floración y que hubiesen desembocado en una cosecha media de no ser por las extremas temperaturas y la falta de agua a la que está sometido el olivo desde hace más de mes y medio».

Y todo eso pese a que el olivar es un cultivo que aguanta muy bien el calor. Pero «unas temperaturas tan altas y de forma tan prolongada no son frecuentes para esta época del año», dice el secretario general de COAG-Jaén, Juan Luis Ávila. «El cultivo padece un estrés hídrico, incluso el de riego, que no se corresponde con las fechas actuales, sino que se encuentra en una situación más propia de finales de agosto o primeros de septiembre y ello en parte es consecuencia de un ciclo tan largo de altas temperaturas y a la falta de lluvias en invierno y primavera».

El calor extremo está dejando a los campos y a sus productores en una situación de desamparo tal que desde este colectivo ya se ha solicitado la convocatoria de una Mesa de Sequía para pedir soluciones. Ayudas que palíen este «desastre» y que van desde subvenciones para alimentar a las explotaciones ganaderas, ayudas agrarias generales o créditos financieros a bajo interés que alivien los gastos que supone tener el campo operativo en estas condiciones.

Hostelería

Pero los agricultores no son los únicos damnificados. ¿Qué pasa cuando las terrazas de los bares no se llenan hasta pasadas las 10 de la noche? Pues que el verano pinta negro para la hostelería. Lo dice el presidente de la Asociación de Restaurantes, Cafeterías y Bares de la Provincia de Jaén (Asostel), Antonio Lechuga. «La gente se sienta muy tarde en las terrazas porque el calor no invita a hacerlo antes». En algunos casos, aclara, la gente pasa directamente de salir a la calle y se queda en los residenciales o en las zonas de los 'puentes'. «El problema de Jaén es que mucha gente tiene segundas residencias y con este calor no se anima a venir a la ciudad». Hay más movimiento los fines de semana gracias a la gente joven y a los que vienen de fuera a visitar a la familia. Y Lechuga pronostica unos próximos días difíciles. «La primera quincena de agosto es terrible», dice.

Porque sí, es verano y es normal que haga calor, lo que no es normal es que se prolongue en el tiempo de esta manera. Las máximas registradas durante estos días -con mínimas nocturnas de casi 27 grados -han hecho estragos y han convertido a este comienzo de verano al más caluroso de los últimos 40 años, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

Las razones más directas de esta subida de temperatura son múltiples y algunas impredecibles, pero una de ellas es el cambio climático y los llamados gases de efecto invernadero. El profesor del Departamento de Física de la Universidad de Jaén (UJA) y miembro del grupo de investigación Modelización de la Atmósfera y Radiación Solar, David Pozo, ha atribuido las persistentes altas temperaturas que se están registrando este verano a un cambio en los patrones de circulación del aire junto con el ciclo solar que ha tenido su pico más alto el pasado 23 de junio para posteriormente ir decayendo a partir de esta fecha.

El investigador explica que «llevamos semanas con la misma circulación de aire, que proviene del Sur, un aire muy caliente al haber estado posado sobre el Sáhara, con lo que se alcanzan los 40 grados».

«Este aire viene muy caliente ya cuando entra por el sur de la Península y hace que tengamos temperaturas extremas de forma persistente, alcanzándose con facilidad los 40 grados. Lo normal es que la circulación del aire en verano sea más variable, con algunas olas de calor de dos o tres días y posteriormente con una bajada de temperaturas asociada al aire que viene del Atlántico, que al pasar por el mar viene más enfriado y hace que las temperaturas bajen, llegándose a máximas de no más de 35 grados», explica.

Sin embargo, este verano la circulación de la atmósfera sobre la Península Ibérica es «muy anormal», lo que en opinión de Pozo coincide con los modelos de cambio climático que se pronostican como una de las consecuencias de la emisión de gases de efecto invernadero.

Tanto ha sido así que, en comparación con el año pasado en Jaén las máximas han aumentado dos grados de media y sólo tres días de 2014 (16 y 17 de julio) se acercaron a los 40, cosa que durante este periodo estival sí que ha ocurrido con semanas enteras en las que máximas han estado entre los 36 y los 40 grados y las mínimas en 26 grados.

Sobre lo que queda por venir este verano, declara que no se puede pronosticar con seguridad lo que va a pasar más allá de tres días. «Los patrones de circulación tienen un ciclo estacional y la posibilidad de tener olas de calor persistentes decae mucho en agosto. Además, poco a poco la solar va bajando, por lo que las temperaturas máximas en agosto son siempre menores que en julio, en promedio. Lo raro es que en junio y julio, que suele haber alternancia, hayamos tenido una situación de casi permanentemente entradas de aire del Sur», afirma.

Tranquilidad embalsada

En este sentido, y dentro de este panorama extremo, hay una 'pata' que no cojea tanto como en años anteriores: la situación de los embalses jienenses. Si desde hoy no cayera ni una gota de agua, el abastecimiento en la zona de Jaén estaría cubierto y, por el momento, desde la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) no se han tenido que tomar medidas del plan de sequía. Las reservas son óptimas y no hay que lamentar situaciones como las vividas en algunos puntos de Valencia, donde las restricciones de agua son una realidad.

Actualmente, los pantanos que controla la CHG y que afectan a la zona de Jaén se encuentran a un 66,4%, y si bien el año anterior llegaban al 80,1%, no hay que dar la voz de alarma. El pantano del Aguascebas está al 60,9%, el Dañador al 57,9%, el Giribaile al 51,9%, el Guadalén 67,9%, el Guadalmena al 83,6%, Jándula al 66,3%, La Bolera al 41,8%, La Fernandina al 62,7%, el Quiebrajano al 61,6%, el Rumblar al 58,7%, el Tranco al 76,7%, el Vadomojón al 62,6% y el Víboras al 45,1%.

Desde la CHG se señala que los datos son más bajos que el año pasado y que las altas temperaturas hacen que la evaporación de agua sea mayor pero que el buen año hidrológico registrado ha hecho que la situación no sea preocupante.