La lluvia acompañó al Festival de Teatro en su paseo por las calles de Cazorla

Marcos Vargas y Chloé Brûlé en plena faena./
Marcos Vargas y Chloé Brûlé en plena faena.

El agua cayó con fuerza durante la mañana del domingo sin que se suspendiera ningún espectáculo

JOSÉ LUIS GONZÁLEZCAZORLA

Nunca llueve a gusto de todos, se suele decir. Pero la lluvia al sur de España siempre es bienvenida, aunque suponga una pequeña recomposición de planes para eventos al aire libre como el programa de Calle del FIT Cazorla. Claro que, para ello, hacen falta espacios bajo techo que puedan soportar una gran afluencia de público con las más mínimas garantías de seguridad y sin que la calidad del espectáculo se vea mermada. La Plaza de la Corredera puede ser sustituida por el Patio del Ayuntamiento, la Plaza de Andalucía por el Auditorio del Parque -con su flamante cubierta de madera- y las Ruinas de Santa María por el Teatro de la Merced. No es lo mismo, está claro, pero el teatro sigue latiendo sin parar, por muy malas que sean las condiciones climatológicas.

La noche del sábado, sin embargo, la noche tuvo de todo menos agua. Sopló el viento, a veces con fuerza, nada más ponerse el sol, y las temperaturas subieron sorprendentemente una vez que aquel cesó. Suele ocurrir por estos lares que cuando el viento se convierte en protagonista la luz eléctrica tiende a ser un actor secundario, está más bien desaparecida. Así, Histrión Teatro sufrió tal circunstancia en el Auditorio del Parque con su puesta en escena de 'Humor platónico'. Tres apagones interrumpieron la actuación entre los aplausos de apoyo del público que abarrotaba el recinto. Un contratiempo inesperado que casi se traslada a los otros dos escenarios puesto que la avería parecía ser más grave de lo habitual.

No llegó la sangre al río. La luz se hizo en el momento justo y -con el cruce de dedos general- no volvió a irse. Histrión Teatro lo tenía merecido. Con su humor característico no dejaron dios romano con cabeza, convirtiendo el Olimpo en una suerte de culebrón más humano que místico. No es extraño entonces que Zeus montara en cólera. Afortunadamente, Vol'E Temps eligió un tema terrenal para su montaje: el hogar conformado por dos chicos y una chica. Un compendio de circo, teatro y danza para los más pequeños de la casa y con claros guiños a los adultos.

Al final de la jornada y en las Ruinas de Santa María llegó, como siempre, el momento más íntimo. Marco Vargas & Chloé Brûlé pusieron en escena un espectáculo flamenco-teatral cargado de sensibilidad, contención y precisión tanto en el baile como en el cante y, cómo no, en el uso de la palabra. Y es que Fernando Mansilla usa su magnífica voz para acompañar la historia que se baila y se canta, como si fuera la guitarra ausente. «Cuando estoy solo escucho los ritmos de la vida, los inalterables ritmos de la vida.». Y el ritmo fue lo único inalterable en la estrellada noche de las Ruinas.

La madrugada ya anunció que la mañana sería lluviosa, y así fue. No paró de caer agua y los espectáculos programados tuvieron que llevarse tanto al Auditorio como al Teatro de la Merced. Al primero fueron Jessica Arpin y Adrián Schavarzstein, y al segundo Javier Ruibal. La sensible integración de circo y teatro de la primera contrastó con el humor travieso del segundo. Arpin llegó al corazón del público a través de la sonrisa y Schavarzstein trajo la carcajada con descaro sin matices, a todos, a grandes y chicos. Las composiciones 'Kalabasi' y 'The bed' son dos ejemplos de cómo hacer reír de formas diferentes, con diversos recursos.

A la hora del aperitivo, Javier Ruibal demostró el por qué de su amplia carrera musical. Con 'Quédate conmigo' trajo el sol al teatro, aunque fuera estuviera diluviando. Sólo el es capaz de captar con tanta precisión los sonidos del sur, de ese sur optimista que tanto atrae a quienes nos visitan. Sonidos renovados para un mediodía excitante.

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