Tesis doctoral contra el tabaco de un jienense: ¡hace cien años!

El doctor Piqueras fue un adelantado de su tiempo. Y un incomprendido. Pionero en el estudio del tabaquismo, fundó la Liga de No Fumadores, denunció el perjuicio del humo para el resto y auguró el final del tabaco

JOSÉ M. LIÉBANAJAÉN
Tesis doctoral contra el tabaco de un jienense: ¡hace cien años!

Qué viene el doctor Piqueras!». Y el doctor Piqueras entraba allí donde veía humo y recriminaba a quienes fumaban que se estaban matando, que tiraran el cigarro y que en su lugar cogieran el caramelo que les ofrecía, del montón que solía llevar en los bolsillos en su cruzada contra el tabaco, «el enemigo público número uno de la Humanidad», llegó a decir a la revista Dígame en 1951. Tan tenaz era en su lucha, y tan en soledad, que aún hay jienenses que lo recuerdan entrando en tabernas y otros locales de mucho humo para alertar de los perjuicios de fumar, práctica entonces tan extendida que hacían del médico jienense un gran incomprendido. Hasta los miembros del tribunal examinador de su tesis doctoral, todos fumadores, tuvieron sus más y sus menos con él. Hoy, cien años después, habría tenido motivos para estar más que satisfecho de los resultados de su lucha, emprendida casi en solitario hace nada menos que un siglo.

Manuel Serrano Piqueras (1878-1972) obtuvo el título de Licenciado en Medicina y Cirujía (con jota) en 1901, firmado por la reina regente María Cristina en nombre de su hijo, Alfonso XIII. Lo tiene expuesto en su clínica de Jaén su nieto, el también doctor Manuel Serrano González, especialista en Aparato Digestivo. Junto el título académico se halla la tesis doctoral de su abuelo, titulada El tabaco y el organismo, probablemente una de las primeras tesis que alertaba de los efectos del tabaquismo, sino la primera.

La leyó el día 12 de junio de 1911 en el Real Colegio de San Carlos, en Madrid, ante un tribunal de profesores de la Facultad de Medicina de la entonces Universidad Central de Madrid. La tesis, que fue impresa en la Tipografía La Unión de Jaén (sita en el número 18 de la calle Álamos), aunque desfasada hoy en día en algunos aspectos, es un material curioso sobre los perjuicios del tabaco que ya se observaban.

El doctor jienense trabajó como médico interno por oposición en hospitales madrileños y conoció directamente los estragos que causaba el tabaco. Él mismo los padeció pues fumó desde los 10 hasta los 30 años. «Una angina de pecho tabáquica me avisó del peligro en el que estaba», llegó a reconocer. «Noté que se me descompuso el organismo hasta tal punto que no tenía ningún órgano que funcionase normalmente. Después me convencí de no había sido un hombre completo hasta que no dejé el humo».

Fundó y presidió en el año 1946 la Liga de No Fumadores de España y fue promotor de la Lucha Antitabáquica Mundial. «El vicio del cigarro no debió ser nunca admitido en sociedad como costumbre tolerada. Introducido, ahora resulta más difícil desplazarlo», afirmó a mitad del siglo pasado.

Tabaco y moral

El 1953 publica Tabaquismo o peste azul, con al antetítulo Lo que dice la ciencia, que es un compendio sobre el tema, de casi cuatrocientas páginas, y en el que disecciona «el cáncer en los tabacómanos». Además de hablar de la historia y la sinonimia, su principal capítulo está dedicado a lo que llama Modalidades del envenenamiento, tales como la intoxicación aguda y crónica, la influencia del tabaquismo en los aparatos digestivo, respiratorio, circulatorio, nervioso, urinario y genital, así como en la herencia y en los órganos de los sentidos, su relación con la delgadez y el hábito del tabaco y el deporte.

Va incluso más allá y en dicho libro aborda el aspecto social del tabaquismo, llegando a relacionarlo con la relajación cívica y moral. Con apartados de tanta actualidad hoy como el titulado De cómo los fumadores nos hacen a todos víctimas del tabaco. E incluso se adentra en aspectos económicos relacionados con el hábito de fumar: El tabaquismo y los intereses creados.

Sobre el perjuicio que el tabaco tiene para los no fumadores dijo esto en la revista Dígame: «Por razón de cultura el cigarro desaparecerá de la convivencia social. Es intolerable que en los transportes, por ejemplo, los fumadores nos obliguen a transigir en el humo de sus cigarros».

Dirigió la revista Trozos de Higiene, que se vendía entre 1,25 y 2 pesetas. Un ejemplar de 1947 lo tituló de forma expeditiva La barbarie y la civilización, niveladas por el tabaco; e ilustró su portada con un dibujo de tres personas fumando tumbadas en el suelo, una con rasgos simiescos, otra de un hombre de la época y una tercera, también en traje de baño, de una mujer con tacones fumando con boquilla larga. Incluso publicó Cuadernillos para dejar de fumar y desintoxicarse, casi un siglo antes de la actual proliferación de métodos para poder dejarlo.

Y una famosa pomada

El doctor Piqueras, que así era conocido en Jaén, donde dirigió por ejemplo el Laboratorio Municipal, también patentó la Pomada Antiséptica 19, con la que obtuvo un premio en la Exposición Universal de París y un diploma de honor en la Exposición General de Sanidad e Higiene, en Madrid. Un ungüento cicatrizante muy popular en Jaén, conocido como La pomada del doctor Piqueras y que venía en una cajita redonda. Así la describía la publicidad de la época: Enfermedades de la Piel-Cura Radical. Uso. Léase el prospecto-Venta en Farmacias. Preparación: Laboratorio del Licenciado Serrano Dorado-Jaén. Registrada en Sanidad al nº 2.000. Precio: 5 pesetas.

Pero donde destacó el médico jienense fue en su lucha contra el tabaquismo. «Debe ser obligatorio en la enseñanza explicar los daños originados por el tabaco», llegó a decir. «Fue bastante adelantado a su tiempo y en una ciudad como Jaén», subraya su nieto.

En el año 1949, le hicieron la siguiente pregunta en el diario Pueblo: ¿Cree que la Liga de No Fumadores llegará a desterrar el tabaco?. «Indiscutiblemente», contestó el doctor Piqueras.