El apostolado

EL CRONISTA DE LA COFRADÍA MANUEL LÓPEZ PÉREZ

Alos visitantes de la recuperada iglesia conventual de San José de los Descalzos, le ha llamado poderosamente la atención el elegante retablo que presidirá el presbiterio de la misma, retablo compuesto con un bellísimo Apostolado de subido valor artístico. Este Apostolado tiene una dilatada historia que es bueno recordar.

Lo pintó Luis Melgar, un artista residente y activo en Alcalá la Real entre los años 1688 a 1725, miembro de una larga saga de pintores entre los que destacan Luis Melgar y Valladolid, Domingo Melgar Jurado y Francisco Melgar Flores, que mantuvieron un taller muy activo en la provincia. Este artista, que tiene obra en Alcalá la Real y en el Museo Provincial y que trabajó bastante para los conventos de la provincia, pintó estos lienzos por encargo de la Cofradía para ornamentar la capilla de Jesús Nazareno abierta en 1717.

Los lienzos, de 0,91 x 0,67 metros representan a los Apóstoles en primer plano, mientras en un segundo se recoge una escena de su vida o martirio. Durante mucho tiempo se atribuyeron al pincel de Ambrosio de Valois, pero gracias a la firma que aparece en alguno de ellos se ha podido determinar su autoría.

Cuando con la ocupación francesa el convento de San José se cerró y la imagen de Nuestro Padre Jesús se llevó a la Catedral, el Apostolado lo recogió en su domicilio don Antonio Anguita, quien lo conservó en los años 1811-1814, devolviéndolo a la Cofradía una vez reabierto el convento. Y en la capilla de Nuestro Padre Jesús permanecieron hasta la desamortización. En el inventario que la Real Hacienda realizó el 9 de febrero de 1836 de los efectos localizados en la capilla, se reseña «...En el altar del frente está la imagen de Nuestro Padre Jesús. En el de la derecha, San Elías. En el de la izquierda Nuestra Señora de los Dolores. Dos nichos con la Verónica y San Juan Evangelista. Doce cuadros con el Apostolado. Tres cuadros de milagros de Nuestro Padre Jesús...».

Al pasar la cofradía y sus imágenes al Sagrario en marzo de 1836 y posteriormente a la Merced, se perdió la pista de estas pinturas. Hasta que muchos años después, don Toribio de Miguel Calle, al revisar los inventarios de la Cofradía suscitó el interés por conocer su paradero. Se hicieron diligentes pesquisas y los cuadros aparecieron, recuperándolos la Cofradía que encargó al pintor don Francisco Espantaleón su peritación y tasación, la que fijó en 2.400 reales, a razón de 200 reales por cuadro.

Entonces los cofrades don Pedro de Miguel García y don Mateo Candalija insistieron en que debía colocarse en lugar bien visible para evitar su extravío, pero hubo otros que aconsejaron se vendieran para así aumentar los ingresos de la hermandad. Como en 1871 se insistió en su venta, don Juan José Bonilla se opuso rogando se conservaran mientras la Cofradía no precisara de urgencia su venta.

En 1880 se suscitó un enconado debate, pues de nuevo se propuso su venta, para que con el producto de ella se pintaran dos lienzos que adornaran la capilla de Nuestro Padre Jesús en la Merced. Hubo un gran alboroto por ello en la junta general y en animada votación se decidió por mayoría, no venderlos. Hasta que por fin, cuando en 1904 se remodeló la decoración de la capilla de Nuestro Padre Jesús, se decidió colocar estas pinturas a ambos lados de la ante-capilla, como elemento básico de su decoración, dotándolos al efecto de un marco lacado en blanco.

Y en la capilla de Nuestro Padre Jesús permanecieron, hasta que tras el asalto al convento de la Merced, en julio de 1936, se retiraron llevándolos a los almacenes que el Tesoro Artístico montó en la iglesia de las Bernardas, con lo que se salvaron de su probable destrucción. Luego volvieron a la capilla y al pasar Nuestro Padre Jesús a la Catedral en 1970 se retiraron y guardaron.

En 1979, el recordado don José Melgares propuso dedicar una sala del Archivo Histórico Diocesano a Nuestro Padre Jesús y con este motivo la cofradía le cedió en depósito el Apostolado, que se colgó en los muros de la sala.

Sería en el año 2004 cuando la investigadora María Teresa López Arandia informó a la cofradía del interés de estas pinturas y divulgó en su boletín la azarosa historia de las mismas y la necesidad de restaurarlas. Partiendo de esta idea, se pensó muy acertadamente que este Apostolado podría ser el fondo ideal para la recuperada iglesia conventual de San José.

En Sevilla fueron objeto de un delicado proceso de estudio y restauración por parte del Centro de Intervención del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y una vez recuperaron su primitiva belleza se han integrado en un severo y elegante retablo realizado en Jaén por los talleres de los hermanos Rafael y Salvador Hidalgo. Ahora lucen en todo su esplendor y vuelven, casi milagrosamente, al templo para el que en su día fueron pintados.

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