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UN PROCESO DOLOROSO

Marcados a navaja

Las cicatrices vistosas y abultadas son la nueva tendencia adoptada por los seguidores del 'body art' para plasmarse diseños en la piel

06.10.09 -
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Todo está listo. En un estudio de 'body art' en Bilbao, el instrumental ya ha sido preparado y previamente desinfectado. Yonya se sienta en la camilla sin camiseta. Parece muy tranquilo, está incluso sonriente. Álex -el escarificador- se pone los guantes esterilizados, coge el bisturí número 15 y lo dirige a la espalda del joven. Firme y preciso, como quien dibuja con un lápiz, marca la primera línea. La sangre empieza a brotar. La navaja recorre el mismo camino dos veces más. Yonya no parece siquiera notar la herida. Está distraído mirando los cuadros que cuelgan de la pared. Tiene 19 años y ésta es la tercera escarificación que se practica. No estaba planeada, pero él mismo sugirió hacérsela, tal vez motivado por el lente de la cámara de fotos. La improvisación consiste en subrayar con dos líneas uno de sus cinco tatuajes, el del omóplato donde pone 'Etx', las iniciales de las pistas de skate donde patinaba cuando era chaval.
Esta práctica corporal es una rama del llamado 'body art'. A diferencia de los tatuajes, en las escarificaciones no se inyecta tinta. Se hacen cortes con un bisturí para marcar un diseño en la piel. Dependiendo del efecto deseado, se retira tejido o se rasga la dermis para dejar la carne al rojo vivo. Tiene su origen en el continente africano y en las últimas décadas ha llegado a la cultura occidental gracias a personajes que promueven su uso espiritual o artístico, como el experto escarificador australiano Wayde Dunn, la artista francesa Orlan o el estadounidense Steve Haworth, fundador de la Iglesia de la Modificación Corporal.
Rascar y tomar el sol
En este proceso lo más importante es el periodo de cicatrización. Después de 'fabricar' la herida, el resultado real del diseño se obtiene aproximadamente en 30 días. El efecto final depende del tipo de piel y del tratamiento que se le haya dado a la llaga. «La recomendación para 'curar' la herida es totalmente la opuesta a la que se hace cuando quieres evitar que te quede una marca: rascar la postilla con un cepillo de dientes o un guante de crin, exponer la lesión al sol, eliminar las escaras. Así quedará más cicatriz y la escarificación será mejor», detalla Álex Roncero, 'piercer' profesional desde hace diez años y escarificador. El joven comenzó a practicar sus primeras perforaciones a los 16 años y resalta que antes de realizar una escarificación habla con el candidato y resuelve todas sus dudas.
«La pregunta del millón es '¿duele?'», ya que en el procedimiento no se usa anestesia. «Eso depende de cada quien, pero normalmente la gente no se queja porque ya ha pasado antes por procedimientos como los tatuajes», aclara Roncero.
Desde luego, la higiene es algo primordial en el proceso. El instrumental debe estar perfectamente desinfectado y esterilizado. La cabina o quirófano menor donde se realice la escarificación debe ser totalmente aséptico, al igual que los distintos tipos de mango y hojas de bisturí que se van a utilizar. «Aquí la invasión al organismo es mucho más severa. Estamos abriendo la primera capa de defensa del organismo. Hay mucho más derrame de sangre y eso facilita la posibilidad de contaminación», advierte el profesional del 'body art'.
Bacterias
«Yo pongo todos los medios para garantizar que no se introducirá ninguna bacteria. Además, tengo formación sanitaria para saber cómo actuar ante cualquier imprevisto». Se pueden hacer escarificaciones prácticamente en cualquier parte del cuerpo, pero «la gente las solicita en zonas más vistosas. Al final, en el subconsciente queda aquello de mostrar las heridas de guerra, de dar un aspecto más agresivo», apunta Roncero. Al joven 'piercer' realizar una de estas marcas le llena de satisfacción personal. «A quien me pide una le doy cierto caché en el trato. Después de todo es un reto, un trabajo más agradable para mí y que me llena de orgullo».
Las escarificaciones ganan cada vez más terreno. Desde estrellas o figuras de cómic hasta retratos y diseños que cubren gran parte del cuerpo, los seguidores de esta tendencia llegan a pagar entre 80 y 300 euros por rasgarse y sangrar su piel.
«Es antinatural»
«Es algo totalmente antinatural. Los tatuajes son algo artístico, aunque tampoco es natural tener tinta bajo la piel, pero al menos no alteran la configuración de la dermis. Una escarificación sí lo hace», exclama el doctor Julián Conejo-Mir, presidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología. «Yo me reiría si mis pacientes me dijesen 'quiero que me quite esto, pero, por favor, que me quede la cicatriz más gorda y más fea posible'», bromea.
El galeno advierte de que se debe tener muy en cuenta la genética, ya que hay ciertas razas, principalmente las de piel negra, que ante una herida forman queloides -cicatrices abultadas y muy visibles-. En cambio los europeos sólo tienen un 0,5% de posibilidades para generar una marca de este tipo. «No estamos condicionados para hacernos una escarificación. Lo que en un negro puede quedar como un dibujito bonito, en un blanco tiende a quedar como algo horrendo».
Conejo-Mir, jefe de Dermatología del Hospital Virgen del Rocío en Sevilla, avisa de que «un queloide puede ser difícil de controlar. Es posible que se comporte como un tumor y siga creciendo. Además, no hay forma de borrarlo del todo. Podemos tratarlo, pero siempre quedará alguna marca». Si después de haber meditado la idea se toma la decisión de escarificarse, el doctor Conejo-Mir aconseja que, además de verificar la asepsia del procedimiento, se tengan todas las vacunas. «La del tétanos, por ejemplo, es indispensable», precisa.
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