«Si no hay albergues para las personas sin papeles abriremos las iglesias»

El prelado reclama atención al patrimonio de la Iglesia en la diócesis, pero «antes de arreglar una piedra hay que ayudar a las personas»

JUAN ESTEBAN POVEDA| JAÉN
El obispo posa en una ventana del palacio episcopal desde la que se aprecia la fachada de la Catedral de Jaén. /ESTHER MUÑOZ/
El obispo posa en una ventana del palacio episcopal desde la que se aprecia la fachada de la Catedral de Jaén. /ESTHER MUÑOZ

Últimos días de junio de 2005. La diócesis de Jaén recibía a Ramón del Hoyo, el nuevo obispo, después de un año sin titular por la marcha de Santiago García Aracil. Fue 'el deseado', según llegaron a decir en círculos eclesiásticos. Cuatro años después, el obispo repasa la actualidad desde la perspectiva que da el balcón del palacio episcopal de la Plaza de Santa María.

- Se le nota plenamente integrado ya en la vida social jienense. ¿Cómo es Jaén visto por alguien que llega de fuera?

- Claro que me siento integrado en Jaén. Estoy censado aquí y voto aquí. Y sigo la actualidad de la provincia en todos los sentidos, con sus muchos pros y con algunos aspectos que nos hacen sufrir a todos. No rehuyo la asistencia a los actos sociales, como en el partido en el que esperábamos el ascenso del Jaén. Y es lógico que tengamos buenas relaciones entre instituciones. Igual que en el Obispado tenemos confianza para dirigirnos a todo el mundo, también yo debo, como obispo, responder a las invitaciones que las instituciones me envían.

- ¿Estrategia o simple cortesía?

- Mi forma de ser es esta. La cercanía con el pueblo y con la sociedad. No me cuesta. Es más, lo contrario sería para mí un sufrimiento. Es cierto que el noventa por ciento del tiempo me relaciono con

instituciones de la propia Iglesia diocesana de Jaén. Pero también me relaciono con personas que pertenecen al ámbito social de Jaén. A través de ellas se conoce mejor a esta provincia y su situación .Fundamentalmente me informo a través de los sacerdotes, y sigo sus criterios en muchas cuestiones. Por ejemplo, acabamos de firmar una escritura sobre el parador de Alcalá la Real. El parecer de los párrocos de la localidad ha pesado muchísimo, porque me dijeron que era un proyecto importante para la ciudad y su desarrollo. Y se ha seguido su consejo.

La Catedral

- ¿Tiene esperanzas en la pronta declaración de Patrimonio de la Humanidad para la catedral?

- La Catedral tiene un cabildo muy preparado y que funciona bien y que está muy entregado a su labor. Yo le confío todo lo que se refiere a administración, obras, orden y funcionamiento y me limito a lo litúrgico, apoyándolos en todo. Pero hay proyectos que son públicos. Por ejemplo, por dos veces ha venido la señora ministra para ver las cubiertas. Somos conscientes de que los recursos son escasos y de los tiempos que corren, pero la palabra y las promesas hay que cumplirlas. Eso es lo que puedo decir.

- ¿Cree que se está gestionando correctamente el expediente?

- Hay un gran interés y apoyo a la catedral. Es todo un símbolo para la ciudad. La gente que viene a Jaén de turismo quiere ver la Catedral, el castillo y los baños árabes fundamentalmente. Eso es una evidencia. Es una gran Catedral, aunque muy desconocida. Por eso el apoyo a la declaración de la Unesco es muy positivo. Yo soy muy optimista. En torno a la declaración hay un gran consenso de las instituciones. Es difícil encontrar a alguien que vaya en contra. Pero no debemos dormirnos. Hay que ser exigentes y hablar constantemente del tema.

- ¿Qué urge más, arreglar las cubiertas o la declaración de Patrimonio de la Humanidad?

- Urgen las dos cosas. La declaración, por lo que sé a través de expertos, debía haberse incluido en el expediente de Úbeda y Baeza (que se aprobó en 2003). Fue una ocasión perdida y ahora hay que retomarlo. Por lo que tengo entendido, esa opción tendría una vía para que prosperase. Sobre las cubiertas, somos conscientes de la realidad económica que atravesamos actualmente con la crisis. Antes de arreglar una piedra hay que ayudar a las personas que lo necesitan. La Catedral no se va a hundir. Puede esperar.

- ¿Está satisfecho con el estado del conservación del patrimonio de la Iglesia en la diócesis?

- Me preocupa mucho los Reales Alcázares de Úbeda. Llevan muchos años de obras, y siempre estamos en la última fase, pero no se remata. También me preocupa la situación de la iglesia de Lupión. Es un pueblo pequeño, pero es un monumento muy digno. También se están haciendo obras en Martos, Baños de la Encina y otros pueblos. Pero son muchos más los edificios que necesitan apoyo, como por ejemplo algunas portadas de templos de Alcalá la Real y algunas iglesias de Andújar. Yo conozco bien la diócesis porque hago muchos kilómetros en las confirmaciones, en las visitas pastorales y en las actividades que realizamos.

- ¿Hay algún caso que le preocupe especialmente?

- Lo que más me preocupa es la Catedral y los Reales Alcázares de Úbeda, que es una joya y su caso es muy urgente. Hay edificios que pueden hundirse. Alguno en Úbeda y el caso de Lupión, en el que tengo especial interés.

Tiempos de crisis

- ¿Cómo cree que se percibe en la provincia la labor de la Iglesia en tiempos de crisis?

- La Iglesia es muy sensible a esta situación. Sin caridad la Iglesia no sería Iglesia. Y sin amor al prójimo tampoco. El tema de la caridad nos preocupa desde siempre, desde la Iglesia de Jerusalén de los primeros cristianos. Hemos tratado de actuar de mil formas, donde no llegaban otros. Actualmente hay una enorme preocupación en la Iglesia de Jaén. Los dos últimos grandes consejos diocesanos, el consejo de presbiterio y el consejo diocesano de pastoral, se han dedicado exclusivamente al tema de cáritas y de la acción socio-caritativa en la misión de la Iglesia. Hay una gran sensibilidad de apoyo a las necesidades de cada momento, con rostros concretos de pobreza, a través de toda la organización de Cáritas. Al revisar las cuentas de las parroquias en las visitas pastorales que realizo me encuentro con que más del cincuenta por ciento del presupuesto de las parroquias se está destinando a ayudas a necesitados, tanto en el ámbito más inmediato, como a misiones y entidades como Manos Unidas. Incluso en parroquias donde se les está cayendo la torre o hay necesidades inmediatas que cubrir. Ahí se demuestra la generosidad de los cristianos.

- ¿Cómo valora la acción que está realizando Cáritas?

- Caridad es amar, no repartir. La Iglesia primitiva no acudía al césar a pedir recursos para repartirlos, sino que daba lo que aportaba la comunidad. Es la comunidad cristiana la que ama visitando al enfermo, ayudando al pobre, y dando apoyo. Y también dando para las necesidades materiales. Esa es la caridad. La caridad de los cristianos. Caridad es dar de comer, pero no es menos importante visitar al enfermo. Hay una red tan fuerte de visitadores que constituyen una enorme riqueza de la Iglesia. Son personas que dan un magnífico testimonio cristiano estando al lado del enfermo, al lado de familias que han sufrido alguna desgracia, junto a jóvenes embarazadas que están atravesando dificultades.

-Entre los más desfavorecidos están los inmigrantes. ¿Piensa que en Jaén se les acoge bien?

- Hay una integración sana, despierta y bien organizada. Yo estuve en la visita pastoral en Úbeda y Baeza, en la temporada de la recolección de la aceituna, y se llegaron a dar hasta 1.300 comidas en un día. Lo conozco de primera mano porque yo también estuve repartiendo bocadillos. Y he visto como además de comida se les enseñaba a los inmigrantes nociones de español, se les informaba de sus derechos y se les acompañaba. La labor de Cáritas con ellos goza de la confianza y el apoyo general.

- ¿Cree usted que los albergues de temporeros deben ser sólo para trabajadores con papeles en regla?

- He quedado extrañado cuando he conocido la intención de la administración. Una vez que han entrado, tienen derecho a estar. Tienen derecho a comer. Los recursos de la naturaleza son para todos. Discriminar no entra en mi mentalidad. He hablado con el director de Cáritas para adelantarnos y dar una respuesta si esa medida se cumple. Y para abrir las iglesias si hace falta. No se puede quedar gente en la calle. ¿Qué vamos a hacer con las personas que vienen a buscar el pan? Atenderlos. Son tan hijos de Dios como los dueños de los olivos.

- ¿Qué opina de la objeción a Educación para la Ciudadanía?

- La Iglesia está volcada con la catequesis y los grupos de padres, para que tomen con interés el campo de la educación de sus hijos. Ahí está la clave. Le cuento una anécdota. Sé de una familia que objetó a Educación para la Ciudadanía con una hija de doce años. Sin embargo no ha tenido más remedio que incorporarse a las clases para no alejar a esa niña del grupo, como si fuera alguien raro. La niña toma notas de lo que explican en estas clases y se lo cuenta a su madre. Y la madre se las explica. «No nos dicen más que tonterías», fue la respuesta espontánea de la niña. Hay contenidos que no se pueden aceptar porque es adoctrinamiento. Ese es el problema. No se ha acertado y no ha habido consenso social.

- ¿Considera adecuada la respuesta de colectivos católicos a los planes del Gobierno para reformar la ley del aborto?

- La Iglesia no ha promovido esas movilizaciones. La Comisión Episcopal de la que soy miembro valoró y estudió que existe una demanda de personas que quieren tener las ideas claras sobre este tema y piden información. Lo que hemos hecho no es contraponernos a nada, sino clarificar. Desde 1974 he contado hasta 32 intervenciones del episcopado sobre el aborto. No es sólo una cuestión que preocupe a los católicos. Hay incluso un problema dentro del partido que sustenta al gobierno. Me lo decía hace tiempo un alto cargo. La respuesta de la Iglesia es apoyar a las mujeres embarazadas sea cual sea su edad y sus circunstancias.

También hay que acompañar en el enorme sufrimiento de las mujeres que han abortado. Soy testigo de ese sufrimiento, de la angustia con la que se acercan a pedir perdón al Señor y de las lágrimas de gozo cuando se sienten perdonadas. No nos sentimos agredidos. Nos movemos a distinto nivel. Actuamos desde el perdón y la comprensión, no desde la condena o el enfrentamiento.

- ¿Qué le diría a una joven que va a pedir una píldora postcoital?

- Es un deslizamiento peligroso al egoísmo que nos conduce a una

degradación mucho más grave. La sociedad necesita personas responsables y generosas, y ése es un camino erróneo. Yo no juzgo a nadie, pero creo que es un peligro.

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