Con La Victoria, a Segunda

El empate permite soñar, al Real Jaén le basta ganar por la mínima en casa para ascender Tiró 'de todo' para aguantar las acometidas de un rival muy técnico

MIGUEL ÁNGEL CONTRERAS| JAÉN
Íñigo Ros lucha por un balón en El Madrigal. /Geca Sport/
Íñigo Ros lucha por un balón en El Madrigal. /Geca Sport

Todo queda pendiente de Jaén, donde el Real Jaén jugará con doce. O puede que más. Con trece mil, incluso. La Victoria no puede fallar. Es lo que falta para convertir en afirmación el deseo de 'El año que viene Betis y Real Jaén'. El ascenso nunca estuvo tan cerca.

El empate a cero es un resultado engañoso, pero deja el ascenso a un triunfo en casa. Si no se consigue, tal vez no se merezca. Tampoco el partido pintó para mucho más. Quién iba a decirle a la afición del Real Jaén que tras nueve años esperando algo así, iba a estar deseando que acabara cuanto antes. Nos gustaría creer que el Real Jaén salió vivo del Madrigal por Historia, por justicia hacia una afición entregada, porque el domingo será otro cuento y con final feliz. Pero viendo a Castellanos, venda en la cabeza y sangrando, no hay dudas. Sobrevivió por testosterona, por orden, por vergüenza torera.

El resultado, que objetivamente es mejor que el logrado en Ponferrada, deja frío en parte porque no se marcó y se pasaron multitud de problemas para que los amarillos no lo hicieran. Pero se logró secar al equipo más goleador de la categoría.

Típico filial

Eso sí, toda la semana hablando de que el Villarreal B es un filial atípico y al final salió como el más típico filial de un grande: con predisposición ofensiva clara y un trato exquisito del balón. Tocando, con rapidez y por abajo, obligando a que Dani revalidara en alguna acción su condición de héroe. Al hipermotivado Real Jaén le hizo un daño que menguó cuando comprendió que mejor no correr tras ellos y guardar las formas. Empezó a cortar las líneas de pase, a sostenerse sobre su dibujo y a construir, aunque con más precaución e imprevisión que ideas.

El partido acabó siendo como una canción de esas de música electrónica en las que crees que todo va a cambiar en cualquier momento, pero te martillea con más y más de lo mismo. Arriaga, una isla por muchos momentos, fue el que pudo encontrar el oro en dos ocasiones, pero el meta 'indultado' por el Comité de Apelación, se lo impidió. El resto estuvo muy atrás, tirando de orden, consumiendo espacios.

Él y Geni tuvieron las primeras ocasiones, que se encontraron con los puños de Juan Carlos o el banderín del linier. El Villarreal no se achantó. Cristóbal se escurría entre la defensa con veneno, las paredes fluían tirando el muro defensivo jienense y hasta el portero Juan Carlos hacía alardes con los pies fuera del área. La sensación por fases, por juego y estilo, era de estar ante el Villarreal de Senna y Cazorla, previo paso por la fuente de la juventud.

Sin reservas

El Real Jaén en cambio daba la impresión de estar jugando con fuego. No por ludopatía, sino porque les quemaba el balón en los pies. Sólo cuando bajaba el ritmo frenético impuesto por los amarillos, que atacaban sin reservas, con todos en campo rival, aparecían esbozos de jugadas elaboradas en ataque por los de Terrazas.

Ocasiones de gol, consideradas como tales, se le escondían, como el balón por momentos. La acústica del estadio, donde cada pitada pidiendo penalti o aplauso retumbaba, convertía la situación en un infierno, con los seguidores blancos 'enjaulados' en la pecera de la grada y los jugadores como fieras en libertad.

Terrazas decidió jugarse la carta de los bajitos, los 'tocones', para recuperar presencia y posesión. Tras haber retirado a Ros para adelantar a Fabios, cambió a Geni por Calderón. Podría haber salido bien, pero no. El equipo siguió más o menos igual. Replegado, junto, cosido y pegado, tirando de casta.

Tesoros

Y aun así en el minuto 66 el Real Jaén demostró que no necesita cavar para encontrar tesoros. Un tiro de Esparza se lió en la zaga amarilla y el rechace se le apareció a Arriaga con lazo y un enhorabuena. El vasco la dejó botar, miró al portero, dudó, y finalmente la teledirigió con la zurda, su menos buena. Lástima que de nuevo Juan Carlos decidió que no, que en crisis, regalos ni en cumpleaños.

Con todo la sensación es de que el Villarreal tiene mucho fútbol, velocidad, pero le faltó pegada y eso se paga. Ojalá lo haga en Jaén.

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