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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Deportes

ponferradina 2 - rea jaén 1

El Real Jaén está obligado a ganar al menos por 1-0 en la vuelta para pasar la eliminatoria
Mereció mejor suerte, pero la contundencia ofensiva del Ponferrada le hizo daño

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Ahora más que nunca el Real Jaén necesita el calor de los suyos. Si pueden convertir La Victoria en un infierno (deportivo, fuera rollos de papel higiénico), es en este momento. El resultado de ayer se puede considerar injusto, duro o corto, según se mire, pero para nada irremontable. Basta un 1-0.
Y visto lo visto ayer no será fácil, pero los motivos para creer se sustentan, De Paula aparte.
El Real Jaén dominó en la primera parte a un equipo que le había tildado de rácano y recibió el primer gol casi al filo del descanso, en la segunda llegada y el primer tiro de un fenómeno, De Paula. Quien tuvo, retuvo, y éste ha retenido lo suyo. Los blancos hicieron daño a la defensa ponferradina y dejaron clara su ambición, con ataques en la recta final que permitieron contras casi terminales. Recibió el primero cuando no lo merecía, aunque marcó también cuando más grogui estaba, él y la eliminatoria.
Acierto
El partido podía haber sido otro si Arriaga hubiera acertado en una jugada en la que se plantó solo ante Alejandro nada más empezar. El vasco llegó forzado y no dirigió el tiro. El enorme delantero estuvo ayer especialmente impreciso, precipitado.
El hermanamiento de las aficiones dejó de existir al saltar los dos equipos al terreno de juego. Por separado y pitada. Ni Caín a Abel. Arriaga avisó en el primer minuto. Después el partido se enrevesó, con la Ponferradina en un quiero y no puedo para aprovechar el tirón de El Toralín, curioso campo donde anima casi más la preferencia que el fondo ultra. Y no podía porque el Real Jaén estaba enchufado, presionando arriba y tratando de jugar el balón. Viviendo en parte de los errores del contrario, sí, pero a menudo errores forzados, como en el tenis. Además si El Toralín era una caldera, por temperatura ambiente y de ambiente, lo mejor para apagarla era dejar sin balón a los locales. Con la posesión, ahí la categoría no discrimina, suele ser más fácil marcar. Así se fueron sucediendo algunas ocasiones blancas en las botas de Solabarrieta y Esparza, tras dos rechaces en semifallo de zaga con el meta blanquiazul descolocado, de las que no arrancan un ¡huy! pero sí un ¡ay!.
Alejandro parecía tener mantequilla en los guantes y el partido pintaba bien para los blancos, que echaban de menos a Ros en la medular, pero como a un amigo lejano y no una novia. Pero como el Real Jaén no mordió, algo parecido a lo que pasó en Leganés también en el primer periodo, la Ponferradina fue tomándose las confianzas y a llegar, especialmente en un cabezazo de De Paula, pero sin ver de cerca a Dani.
Cita con el gol
Apenas tres minutos después, el ex de la Real Sociedad acudió a su cita con el gol en un nuevo testarazo. Era una cita a ciegas, sí, el primer tiro a puerta, pero también en éstas hay quienes se marcan un tanto. El remate cayó de arriba abajo, parábola incluida, cruzado, de derecha izquierda, haciendo que la gigantesca estirada de Dani valiera sólo para que el tanto quedara mejor en las instantáneas. Era la segunda llegada, la primera entre los tres palos. El Real Jaén había puesto el juego y la Ponferradina el gol. Letales arriba, como tantas veces los blancos.
Incluso aparecieron los primeros síntomas de nerviosismo en la zaga blanca. Así se llegó al final del primer periodo, con un 1-0 que premiaba en exceso a quien menos lo buscó.
La segunda mitad trajo más de lo mismo, pero con una Ponferrada con aún más reservas. Encomendada al contragolpe y a la velocidad endiablada de sus atacantes. Un nuevo cabezazo probó a Dani, seguro, abajo y al centro. La réplica vino en un balón cazado en pirueta con los dos pies en el aire por Esparza y que salió despacio a la escuadra derecha, fácil para Alejandro.
En el minuto 58 llegó el segundo mazazo. Un centro desde la izquierda se envenenó y Dani, el zamora del grupo IV, eligió un mal momento para ajustar peor una salida y dejar la puerta vacía a Teo que marcó a placer, con el portero hincando la rodilla para tratar de evitarlo. Y cuando parecía que todo el equipo imitaría el gesto del guardameta, Esparza demostró lo que cambia el fútbol en un minuto. Pocas cosas lo hacen tanto y tan rápido. De nuevo, un centro lateral desde la izquierda, el arma más usado en el partido, voló hasta la cabeza de Esparza que lo esperaba con tantas ganas como un niño el día de Reyes. Y su picado con bote incluido fue un regalo para todos los blancos. 2-1.
El gol daba oxígeno al Real Jaén justo cuando se ahogaba. La Ponferradina tenía sin embargo de sobra, especialmente en un De Paula al que los 34 años no se le notaban en exceso. Por potencia y entrega parecía un chaval. En el 88 dejó una jugada para el recuerdo, de las que no dio lástima que acabara en gol porque era del rival.
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