La auténtica fiesta del fútbol

La afición jienense disfrutó de lo lindo con la previa del partido, en un ambiente de lujo y en gran sintonía con la hinchada local

MIGUEL ÁNGEL CONTRERAS| JAÉN
Los aficionados del Real Jaén no dejaron de animar a su equipo durante todo el encuentro, a pesar de las adversidades. /INFOBIERZO. COM/
Los aficionados del Real Jaén no dejaron de animar a su equipo durante todo el encuentro, a pesar de las adversidades. /INFOBIERZO. COM

«¡Oh, Real Jaén! Yo seguiré a tu lado en cualquier estadio», reza uno de los cánticos que al ritmo del tema 'Help, ayúdame', retumba en ocasiones en las gradas plagadas de seguidores blancos. Y vaya si es cierto. Como esa otra que dice: «Nos hacemos kilómetros, superamos barreras, sólo por ti, Real Jaén». Qué son setecientos y pico kilómetros contra nueve años de espera, qué son dieciséis horas de autobús contra un sentimiento. Porque lo que hicieron ayer cerca de seiscientos jienenses es eso: un ejercicio de amor. Quien diga que va contra la razón nunca ha estado enamorado.

Y es que la locura de viajar en un día durante dieciséis horas de autobús para apenas noventa minutos de juego mereció la pena, porque se descubrió una afición, una ciudad y se redescubrió una marea blanca enorme que siempre está ahí. La distancia no es el olvido. No para los que tienen el corazón blanco y jaenero. Unos trescientos jienenses pasaron por encima de la distancia y del horario y abrigaron de blanco al conjunto de Carlos Terrazas. Quizá fue más marejadilla que marea, pero con la fuerza de un tsunami.

El Ponferrada-Real Jaén que vivieron esos aficionados duró horas y tuvo muchas más aristas. La fiesta empezó antes del pitido inicial, incluso en el viaje. Se salió a las tres y algo de la mañana desde la explanada de El Corte Inglés y hubo quien empalmó directamente la salida del sábado noche. La concejala de Deportes, Ascensión Beltrán, se disculpó con los aficionados por no poder estar con ello, pero «el deber le reclamaba».

Unas horitas de sueño y descanso en el bus, es un decir, y listo. El horario y lo que esperaba hizo que la animación fuera menor que la de la salida hacia Leganés. La media de edad también era ostensiblemente más baja que en la primera eliminatoria. Bastante adolescente, mucho veinteañero, algún treintañero y un par de 'locos'.

Tras dos paradas de una media hora se llegó a El Bierzo, que es otro mundo comparado con Jaén. Por verde, por olor, porque las tapas se llaman pinchos, por como te pesan las piernas del viaje al bajar como si estuvieras en Júpiter. Pero empezaba lo bueno. La afición blanquiazul esperaba con los brazos abiertos a los blancos, dispuestos a pasar unas horas previas de celebración, de brindis y deseos de 'si no subimos nosotros que subáis vosotros'.

Pasada la una de la tarde se procedió al intercambio de regalos en forma de bufandas y otros objetos identificativos entre la Federación de Peñas de la Ponferradina y la peña Las Batallas en representación de todas las peñas jienenses. El presidente Carlos Sánchez no llegó a tiempo al acto, pero su segundo de a bordo, Juan Pedro Peláez, ejerció como tal.

Entonces tuvo lugar una pequeña dispersión de la afición jienense: unos empezaron a callejear, otros decidieron tomar 'la primera' del día y un puñado de intrépidos optó por subir al castillo ponferradino, que se levanta casi a ras de la ciudad, y llevar a sus torres la bufanda blanca y morada.

Betis-Real Jaén

Los cánticos de todo tipo retumbaron en la ciudad, muchos comunes de apoyo a los equipos o acordándose del eterno rival del otro en una especie de solidaridad quizá no muy bien entendida. A las letras habituales de siempre hubo algunas que pretendían ser premonitorias de un partido con mayúsculas: «¡El año que viene Betis-Real Jaén». O el «Mañana trabajamos, lalala».

Pasadas las seis de la tarde, en la plaza Fernando el ruido subió unos decibelios. Las dos aficiones emprendieron juntas la marcha hacia el Toralín. El espectáculo de fuera del césped dejaba lugar al de dentro. Antes se intentó organizar una ovación a la llegada de los jugadores al campo, que se planeó mejor de lo que salió, aunque el calor de la afición se hizo notar.

En seis días, a un horario incluso peor (21:00 horas, media hora más tarde), tocará devolver la visita unos y hacer de anfitriones otros. El viaje que se está preparando incluso incluye aviones. A El Ejido en la anterior ronda, siendo el partido de ida, acudieron seiscientos aficionados de la Ponferradina. La capital del Santo Reino está más cerca. Se les esperará desde bien temprano. Para vivir la fiesta del fútbol, la de antes, durante y después. Lo que le da sentido a todo este tinglado. Y todavía hay quien cree que un partido de estos dura noventa minutos.