Ignacio y Fran Carles, estandartes de la cantera y futuro del CD Linares

El mayor de la saga se rehabilita de su esguince de rodilla, mientras el juvenil ya sabe lo que es debutar y salir ovacionado en el feudo azulillo

ÁNGEL MENDOZA| LINARES
El pequeño de los Carles cuajó una completa actuación en su debut en casa. / ENRIQUE/
El pequeño de los Carles cuajó una completa actuación en su debut en casa. / ENRIQUE

Si hay algo que enorgullece especialmente a un club y a una afición es ver triunfar en el primer equipo a dos jóvenes que llevan desde niños la camiseta de su equipo. El jugador de la casa está hecho de una pasta especial.

El canterano pertenece a esa raza de futbolistas que sienten en su piel cada triunfo y cada derrota, los que suelen tener un mayor peso psicológico a lo largo de su vida deportiva, pero también los que, si la suerte acompaña y explotan profesionalmente, se acaban convirtiendo en referentes para la afición, para otros canteranos y para el propio club.

Sin embargo, son muy pocos, con cuentagotas, los que llegan a debutar con acierto en la primera plantilla y ganarse el reconocimiento público. Se les mira con lupa, desde el primer día, aunque sus salarios serían más altos si en lugar de haberse formado en el club hubiesen sido trotamundos.

La figura perdida

Ahora el CD Linares va camino de recuperar la figura del canterano, que se perdió por los campos del primer retorno a Segunda B cuando jugaban de azul Sergio Gálvez, Vilaseca, Vicente o Manolo. La mayoría aún vive del fútbol, en otros equipos, incluso el meta Manolo Rodríguez llegó a La Masía para educarse en la cultura futbolística azulgrana.

Los nuevos referentes de la escuela azulilla se llaman Carlos Ignacio y Francisco, son hermanos y juegan con soltura en posiciones ofensivas del medio campo. Lástima que no pueda estar presente Carles -padre-, el día que ambos coincidan sobre el césped de Linarejos, posiblemente la próxima temporada.

El esguince

El mayor, Carlos Ignacio, de 20 años, fue una de las apuestas Tomé tras verlo entrenar en invierno. Su debut con la primera plantilla este año estaba cargado de expectación, derrochó pundonor y se llevó más de un aplauso. Prometía, hasta que un esguince de rodilla le ha dejado en el dique seco hasta la próxima temporada. No ha podido coincidir con se hermano en el campo.

«Estoy tratándome con Pedro Luis Utrera, la lesión fue fuerte y he perdido masa muscular. Ahora estoy con gimnasio, piscina y traumatólogo. Sabía que me perdería lo que resta, me lo estoy tomando muy en serio para volver fuerte la próxima temporada», apunta Ignacio, siempre todo pundonor.

Juventud con clase

La sorpresa ha sido descubrir recientemente el potencial que también tiene el aún juvenil Fran, de 18 años. No es lo mismo verle con soltura en la Liga Nacional que hacerlo delante de jugadores contrastados de Segunda B. Lo hizo prácticamente todo bien en su primer encuentro ante el San Fernando y repitió faena en Linarejos el pasado domingo.

El mayor de ambos comenta que «me alegro mucho por mi hermano, y aún demostrará más cuando coja fuerza física, porque no es lo mismo jugar en los juveniles que en Segunda B. Sabemos que la gente nueva que hay en el club quiere una plantilla mezcla de cantera y veteranos para el año que viene, así que estamos muy ilusionados con la posibilidad de poder jugar juntos algún día. Vamos a esperar para saber qué ocurre. Ojalá pudiese vernos mi padre».

Y mientras se produce el encuentro de la segunda generación de Carles por Linarejos, otros jóvenes azulillos también piden una oportunidad. Recientemente la ha tenido Joaquín, que aún debe seguir creciendo. Este año se ha descubierto en Juanan, azulillo que se marchó y ha vuelto más maduro, apuntando buenas maneras.

Muchas veces no hay que salir fuera a buscar por capricho lo que se tiene en casa y esta crisis global puede ser un buen acicate para que los clubes vuelvan a mirar a las canteras y descubran donde está realmente lo bueno, bonito y barato de este deporte.

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