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Cultura-Granada

Los fans de los grupos de rock ven con desesperación cómo el uso de Internet para la venta de billetes hace muchas veces imposible escuchar en directo a sus ídolos
21.03.09 -

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El desconcierto de las entradas
No hay forma de conseguir entradas para los conciertos que dan en España los grandes: U2, The Rolling Stones, Madonna, Bruce Springsteen, AC/DC... Los fans pasan un calvario cuando se anuncia que se van a poner a la venta las entradas a través de Internet, teléfono y en centros comerciales. La elevada demanda bloquea los servidores de Internet, los puntos de venta se colapsan y quienes aguardan inmensas colas se quedan sin nada. A esto sigue la indignación y el disgusto.
Vivimos un auge de la música en directo. Ante la crisis en la venta de discos, el negocio se ha refugiado en el contacto con el público. Sólo en Madrid, las pequeñas salas acogen más de 10.000 conciertos al año. Las giras salvan los balances comerciales de los grupos y arrastran riadas de público. La SGAE reconoce que durante los últimos años han aumentado los ingresos derivados de los grandes conciertos en más de un 25%. Durante 2007, 26,5 millones de euros se obtuvieron por este concepto, mientras que al mismo tiempo la venta de discos descendió un 17%. Ese mismo año, más de 1.200 millones de archivos musicales fueron descargados de las redes de intercambio P2P.
El interés de los cantantes por salir a la carretera y del público por verles ha encontrado un problema: la sociedad de la información. La introducción de la venta de entradas masiva en Internet a través de empresas como Tick Tack Ticket y páginas web de centros comerciales hace que la dificultad a la hora de conseguir una entrada sea más alta que nunca. El fan no sabe si acudir a una cola en la que puede que al final no haya entradas o quedarse en casa pendiente de un teléfono y una conexión a la red que se saturan.
Tick Tack Ticket, y otras firmas, distribuyen las entradas para conciertos y festivales. La diferencia fundamental con otros puntos de venta es que estas firmas son empresas virtuales lo que, en teoría, facilitaría adquirir las entradas. La realidad es que el sistema deja mucho que desear. Durante la fase de venta para un espectáculo masivo lo más habitual es que el servidor se 'caiga' y no se pueda acceder a la pantalla de compras. Es el problema de la 'llave dorada'.
La llave dorada
Los puntos de venta 'en vivo', como pueden ser las tiendas o un centro comercial, no tienen privilegios. Para entendernos, tanto el centro comercial como usted desde su casa tienen la misma llave de acceso al sistema de compras. No existe la llave dorada que dé a un establecimiento ventaja respecto al internauta. Una empresa tan prestigiosa como Fnac, que despacha miles de entradas para espectáculos, reconoció a este periódico que su labor es de «mero intermediario entre el cliente y Tick Tack Ticket». Cuando el sistema se bloquea «nosotros no podemos hacer nada puesto que no es nuestro sistema», afirman.
El Corte Inglés, que desde 1997 tiene su propio sistema informático de venta de tiques, tiene parecidos problemas. Las entradas salen a la venta todas a la vez en «en todos los centros de venta de España y Portugal», reconocen. En total, El Corte Inglés tiene 98 centros distribuidos entre los dos países a los que hay que sumar los miles de internautas que acceden desde sus ordenadores. Para el fan que está en la cola es como si decenas de filas invisibles le tomaran la delantera.
Este sistema también tiene ventajas. Para un seguidor irreductible resulta más satisfactorio tener desde casa la posibilidad de conseguir una entrada en mano para un concierto en Londres que no viajar hasta Inglaterra. Para el que acude a un concierto en su misma ciudad la ventaja es la misma: evitar esperas. Y para los empresarios Internet es una manera de facilitar el trabajo y, según reconocen los exhibidores, «hacerlo más cómodo», pero no es un gran negocio. Aparte de quitar colas de la puerta, vender papel a través de empresas como Tick Tack Ticket y Entradas.com supone una pérdida de beneficios. Estas compañías se llevan un porcentaje del precio fijado. «No ganamos nada con la venta por Internet», resume Javier Muñiz, presidente de la Asociación de Salas de Música en directo de Madrid.
Nostalgia
Los fans de la ciudad donde se van a celebrar los conciertos lo viven como una estafa. Recientemente los de Barcelona, Madrid y Bilbao, que querían acudir a la próxima gira del grupo australiano AC/DC por España, provocaron incluso altercados públicos cuando se enteraron de que las entradas se habían agotado. Sienten que personas que acuden a algunos de los sitios físicos de venta de entradas en el resto del país, menos saturados, tienen más facilidades. A ello suman el 35% estimado que las logran gracias a Internet. Los seguidores tienen un sentimiento de nostalgia. Hace tiempo había que esperar en una cola y, si se había acudido pronto, se acababa consiguiendo la entrada para ver a The Rolling Stones en Madrid bajo el chaparrón. Algo que se ha perdido como lágrimas en la lluvia.
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