Cuando los colonos llegaron a Jaén

Un libro de la Fundación Arquitectura Contemporánea realiza un recorrido por los pueblos de colonización jienenses

LORENA CÁDIZ
Cuando los colonos llegaron a Jaén

TERMINADA la Guerra Civil española, el nuevo estado franquista creó el llamado Instituto Nacional de Colonización, un organismo público encargado de crear nuevos poblados en toda España y con una serie de objetivos claros. El primero de todos, sin ninguna duda, era el de reafirmar el medio rural como fundamento de una ideología que se basaba en los valores tradicionales y que supusiera una alternativa de peso a las formaciones urbanas, debilitadas por el liberalismo y en las que no se habían podido evitar ciertas transformaciones sociales.

La idea era que los campesinos estuvieran cerca de los recursos primarios. Y así se hizo. A lo largo de tres décadas se crearon nuevos poblados que, de todas formas, sólo alcanzaron al 2 por ciento de la población rural española, unos 60.000 colonos con la adquisición de medio millón de hectáreas. Una cifra pequeña si lo que se pretendía era hacer grandes cambios estructurales, pero que para provincias como Jaén fue tremendamente significativa.

Han pasado muchos años desde que se levantaran todos esos poblados de colonización y ahora la Fundación Arquitectura Contemporánea ha querido demostrar la gran importancia que tienen para la cultura arquitectónica contemporánea de toda España. Y es que en el diseño de todos estos poblados participaron un selecto grupo de arquitectos muy jóvenes, como José Luis Fernández del Amo, uno de los fundadores del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid.

El caso es que la Fundación ha editado la colección 'Itinerarios de Arquitectura', en cuya tercera edición se encuentran los pueblos de colonización de la Cuenca del Guadalquivir, entre los que destacan los de Jaén, que suman en total 24. De todas formas, por sus originales diseños esta publicación destaca seis de esos poblados: Llanos del Sotillo (Andújar), Miraelrío (Vilches), Solana de Torralba (Úbeda), San Miguel (Úbeda), Vados de Torralba (Villatorres) y Guadalimar (Lupión).

Llanos del Sotillo

Esta pedanía de Andújar fue ideada en 1956 por el arquitecto José Antonio Corrales y viendo una foto tomada desde el aire es difícil de creer que se trate de pueblo, ya que desde arriba parece más un moderno polígono industrial.

La petición que el Instituto Nacional de Colonización le hizo en aquel año a Corrales fue que construyera 180 viviendas de obreros agrícolas en unos terrenos situados junto a la carretera de Madrid a Cádiz. El motivo de que Llanos del Sotillo fuera diseñado de aquella forma, de manera que las manzanas de planta rectangular quedaran situadas a ambos lados de una calle principal y separadas por calles para carros, paralelas a la carretera, fue consecuencia del clima tan caluroso de aquella zona.

Y es que, según se reconoce en el proyecto, todas las calles peatonales se quedaban parcialmente cubiertas y, por tanto, protegidas por la sombra a cualquier hora del día. También en el proyecto se recogía que la población habría de tener una capilla con sacristía, dos escuelas unitarias, y la vivienda del maestro, un comercio-bar y dos habitaciones para consultorio médico y botiquín. También se levantó un cine al aire libre. Llama la atención la dedicación especial que se prestaba entonces a las fachadas. En el caso de Llanos del Sotillo la idea era que dentro de la mayor simplicidad, en todas hubiera el mismo criterio de composición moderno, pero sin desvirtuar su carácter rural, para que todo el pueblo tuviera su unidad.

Solana de Torralba

Actualmente es una pedanía de Úbeda. Fue levantado en 1954 por el arquitecto Juan Piqueras Menéndez y tiene la característica de ser ino de los pueblos creados por el Instituto de Colonización más grandes de la provincia de Jaén. Este pueblo está situado en la parte alta de las Vegas del Guadalquivir y recibió su nombre por el Arroyo Torralba, a cuya margen derecha queda situado el poblado.

Del informe que se ha recuperado del Instituto se averigua que el diseño del pueblo está hecho conforme a los terrenos, que estaban dispuestos en pendiente hacia el arroyo. De ahí que el pueblo tuviera que desarrollarse a media ladera.

En el informe constaba que era necesaria la construcción de 300 viviendas de obreros agrícolas y los edificios de servicios generales y lo que se hizo fue poner en la zona elevada y en el centro del pueblo los edificios principales.

Y en general, todo, tanto las viviendas como los edificios comerciales o escolares, giran en torno a esa Plaza Mayor principal. Una plaza en la que se levantó la iglesia y todo lo que esta suponía por aquel entonces, como los locales de Acción Católica, las dependencias parroquiales y la vivienda del cura. También se creó en la plaza la vivienda del médico, el dispensario, el edificio social y la hermandad de labradores. Todo lo más destacado del momento.

Según registra el informe, en torno a la plaza se crearon calles peatonales porque así lo aconsejaba la topografía del terreno y la fácil circulación del poblado.

San Miguel

Todo lo contrario a Solana de Torralba es San Miguel, un pueblo que se pensó de un tamaño muy reducido, y que también fue creado en 1954 y hoy es otra pedanía de Úbeda. «San Miguel sólo contará con 40 viviendas y un edificio compuesto por escuela, capilla y vivienda de maestra», dice el proyecto de la época.

Lo curioso de este poblado es que sobre unos terrenos que eran de lo más sencillo y que no habían de suponer complicación alguna para el arquitecto, José Manuel González Valcárcel, éste decidió hacer algo original. El pueblo está formado por un sencillo centro social y dos manzanas simétricas de 20 viviendas de jornaleros paralelas a la carretera. Es una composición más arquitectónica que urbanística y la apariencia que daba era que se trataba de un único edificio. Dos años más tarde de su creación, el pueblo fue ampliado sin alterar su lógica y con las mismas viviendas.

Vados de Torralba

Este pueblo data del año 1956 y pertenece Villatorres. En él, el arquitecto Víctor López Morales, quiso levantar un pueblo de jornaleros con un diseño un tanto original. Para empezar, sólo su utilizaron dos modelos diferentes de viviendas, que, en su conjunto, dan lugar a una composición un tanto abstracta, que al final lo que hace es jugar con la repetición y con claroscuro.

Entre lo más llamativo figura, arquitectónicamente hablando, los tres cuerpos que conforman las escuelas.

Guadalimar

Los tres elementos que tuvo en cuenta el arquitecto José Antonio Corrales cuando se le encargó la labor de crear el pueblo que vendría a llamarse Guadalimar, en 1954, y que hoy es pedanía de Lupión, fueron la orientación solar, el eje de la carretera y el tipo de vivienda. Conforme a estas tres cosas realizó el trazado del pueblo.

El encargo exacto en este caso fue la construcción de 178 viviendas pata obreros agrícolas y un centro cívico. Lo que se hizo fue dejar un único camino de acceso al pueblo, situado inmediato al canal, de forma que todo el pueblo se desarrolló por encima de este camino. En el cambio de dirección del mismo se sitúa la plaza mayor del pueblo, formada por la capilla y escuelas y el edificio de administración.

Y respecto a las viviendas, para evitar la monotonía de las manzanas, lo que hizo fue dar una variedad al trazado a través de retranqueos. Una curiosidad de las viviendas es que se introdujo en ellas un elemento moderno y aún actual, la doble altura en el salón.

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