Una desgracia evitó la tragedia

Francisco Romera era el único que se hallaba en el bloque de la calle Feria cuando se desplomó Casi todos los demás iban a un entierro de un conocido lo que esquivó la catástrofe

JOSÉ CARLOS GONZÁLEZ
ESPELUZNANTE. Estado en el que quedaron los edificios derrumbados./
ESPELUZNANTE. Estado en el que quedaron los edificios derrumbados.

YA han pasado casi cuatro meses desde que el pasado 5 de noviembre se desplomaran tres bloques del número nueve de la calle La Feria que dejó un herido, Francisco Romera, un conocido barbero de la ciudad que volvió a nacer aquel día, pero que se quedó casi prácticamente sin nada.

Desde entonces los peritos que están estudiando las causas siguen sin desvelar nada ante las diversas conjeturas que se han lanzado, aunque esta redacción ha podido saber que fue un pilar de ladrillo fue el que cedió y provocó el derrumbe del edificio. El ladrillo es un material menos resistente a otros que el hormigón. Ahora también queda por saber cuando los vecinos del bloque 9 volverán a sus casas.

El testimonio de Francisco Romera a IDEAL no deja de ser emotivo, entrañable y estremecedor. Aquel 5 de noviembre se preparaba al filo de las tres y media de la tarde para asistir a un entierro. Se da la circunstancia de que el fallecimiento de un conocido evitó la tragedia, porque gran parte de los inquilinos del bloque también iban al sepelio, lo que les libró de ser atrapados. «Cuando me disponía a salir a la calle escuché un ruido y me tragó el suelo y caí desde el primer piso hasta el sótano y menos mal que estaba yo sólo», relata Francisco, quien admite que ese día volvió a nacer.

Estuvo una hora y media atrapado en el sótano y destaca la labor de la Policía Local y sobre todo los bomberos a la hora de sacarlo de allí para trasladarlo al hospital donde fue operado de los tendones de su mano derecha y del peroné. «En todo momento estuve consciente y recuerdo que me hablaban los bomberos y yo les contestaba aunque me dolía mucho la mano», detalla Romero quien pondera en los problemas que tuvieron los bomberos para colocarle un collarín, «al final me pusieron un casco como medida de prevención, porque caía mucha agua ya que se rompieron muchas tuberías», constata.

Operación

Tras la operación que le realizaron esa misma tarde ha ido evolucionando paulatinamente de sus heridas. Estuvo seis días hospitalizado, ha tenido que ir en silla de ruedas y apoyarse en un andador. Ahora ya sólo utiliza un bastón porque aún tiene las secuelas de los clavos que le implantaron en el peroné y todavía no puede cerrar la mano por los debilitados de sus tendones, de ahí que tenga que ir a rehabilitación. Aún así ya puede coger en brazos a su nieta, «no sé como quedaré al final de la mano, habrá que esperar a un tiempo», confiesa.

De alquiler

Pero a que reitera en más de una ocasión que está vivo de milagro (lo más probable es que aquella tarde hubiera sucedido una tragedia de descomunales dimensiones), lamenta Francisco Romera tener que abandonar su casa, vivir de alquiler, «es muy fuerte esto porque la adquirí hace 11 años tras mis intensos años de trabajo y allí dejé la ropa y mis pertenencias».

En esta misma tesitura se hallan cuatro familias del mismo bloque que están a la espera de volver, aunque han tenido la oportunidad de regresar para recoger sus pertenencias. Sí hay algo que especialmente echa en falta Francisco Romera es su trabajo de barbero (estaba madurando la posibilidad de jubilarse muy pronto). Añora su actividad laboral sobre todo el contacto con la gente ya que viene desempeñando desde hace cuarenta años su profesión en el mismo local de la calle Calancha, por lo que es una persona muy conocida y querida en la ciudad, «voy por la calle y no paran de saludarme y eso se se agradece», confiesa.

La razón primordial del abandono de su profesión es la maltrecha mano, «ahora mismo tengo que soportar muchos gastos y no estoy trabajando». Agradece la ayuda económica que les dispensó el Ayuntamiento a las familias afectadas.