Tumbas que curan

Miles de jienenses acuden en estos días a las sepulturas de los santones más famosos para pedirles soluciones a sus dolencias

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TUMBA DEL SANTO MANUEL. Falta espacio para colocar todas las flores que recibe./
TUMBA DEL SANTO MANUEL. Falta espacio para colocar todas las flores que recibe.

POR aquí viene gente desde Barcelona y desde el extranjero a traer flores». La tumba del santo Manuel, en Huétor Santillán, es de mármol blanco, está vallada y techada y en su interior hay decenas de ramos de flores frescas. En lo alto del frontal, también de mármol blanco, hay una foto más grande de lo normal en un cementerio del santón de la boina, el santo Manuel, el de la Venta del Molinillo.

Quien dice esa frase inicial se llama Encarna y es una de las mujeres que en estos días tiene la tarea de limpiar y poner en orden la famosa tumba. «¿Sabe usted de quién son esos dos ramos?», me dice señalando dos hermosos centros de margaritas blancas. Ella misma contesta a su pregunta: «Son de un floristero de Granada. Todos los años, los dos primeros que hace para el Día de los Difuntos, se los trae al santo».

-¿Y eso por qué? -le pregunto.

-Porque está muy agradecido. Encima que le ha curado a una hija, ha hecho que su negocio prospere.

Es al atardecer cuando la tumba del Santo Manuel adquiere con más profusión el perfil de un mausoleo que destaca sobre las demás sepulturas. Como un Taj Majal de cementerio, se levanta blanco marmóreo sobre el horizonte de una Sierra que ha adquirido las primeras nieves. En torno a la tumba hay varias mujeres que se dedican a poner en orden las miles de flores que están llegando. Una de ellas se llama Gracia y otra Encarna. Son dos mujeres muy devotas del santo que tuvieron con él los últimos días de su vida.

-A mí se me apareció hace poco, dice Encarna.

-¿Y qué le dijo?

-Que me apartara de esa gente, que tiene mala condición.

La gente a la que se refiere Encarna es la que acompañan a otro curandero catalán que está de 'okupa' en la choza en la que el santo Manuel tuvo tantos años en la Venta del Molinillo. Según cuenta Encarna, los adeptos del nuevo curandero han destrozado la capilla que habían levantado en honor del santo que estuvo veintitantos años sin salir de su choza milagrera.

El santo Manuel cura después de muerto. Eso es al menos lo que creen todas las decenas de personas que todos los días pasan por su tumba para pedirle la intercesión del ensalmador en sus problemas familiares. El pasado martes, 31 de octubre, una mujer fue a las cinco de la tarde, se persignó delante de la tumba, pasó el pañuelo por el mármol de la sepultura y se lo restregó después por un brazo.

-Es que tengo reúma y es lo único que me calma el dolor -dice con ojos lastimeros esta mujer, que se llama Lucía y viene desde Guadix.

A esa hora hay un trajín inusual en torno a la sepultura del popular curandero. En los días previos y posteriores al de los Santos y Difuntos parece que a los fieles del que fuera el santón más famoso de la comarca les rebullera la sangre y sólo pudieran calmarse si van a la tumba del ensalmador. Una de las liturgias en torno al panteón consiste en contarse los milagros del enterrado y de intentar sorprender al que llega por primera vez. «¿Sabe usted lo que hizo una vez?» Y tras esa pregunta puede ir toda una respuesta en la que el curandero famoso ha sanado, incluso después de muerto, a personas que se han acercado allí a rezar.

-Era como un Cristo. Sólo vino al mundo a sufrir y tenía la puerta abierta para todo el mundo, comenta uno de los presentes, un hombre de etnia gitana que le ha llevado una docena de lirios blancos.

-Podría haber tenido lo que hubiera querido, pero era demasiado humilde. El dinero no le importaba, señala Gracia, una de las cuidadoras de la tumba.

Manuel Rubio Sánchez murió hace seis años, pero a diferencia de los demás muertos del cementerio, su recuerdo va en aumento. Encarna dice que cada vez son más los ramos de flores que tienen que coger. En estos días ya han llegado casi 300.

-Nos las vemos y nos las deseamos para poner tanta flor, pero hay que buscar hueco como sea, dicen.

En torno a la tumba hay varias macetas y en la parte posterior, un velatorio que sostiene algunas velas encendidas. Todo el que se acerca tiene un milagro que contarte, como el de esa mujer que padecía unos eczemas que ningún médico acertaba a tratar. O el del chico medio paralítico que consiguió que andara con sólo aplicarle agua de un lugar. Las leyendas también se cuentan por docenas. Según una, la propia tumba que el santón goza fue costeada por un médico cuyo hijo fue curado de un cáncer terminal por el fallecido.

Otras tumbas

Pero la tumba del santo Manuel no es la única masivamente visitada estos días. Hay curanderos por la zona cuyas sepulturas adquieren por estas fechas una aureola milagrosa más fuerte que en el resto del año. Hay muchos granadinos de la comarca de los Montes Orientales como Benalúa de las Villas, Campotéjar, Montillana ó Montejícar, que visitan todos los años en los días de los Santos y Difuntos la cercana tumba del santo Custodio, cuyos restos reposan en el cementerio de Noalejo. La tumba se ha convertido en una especie de meca mortuoria a la que van muchos fieles con la intención de que el famoso curandero pueda interceder en las penurias de sus vidas. Cualquier día es bueno para encontrar junto a su tumba un puñado de personas que se santiguan y se arrodillan pidiendo la intervención del santón en cualquier malestar corporal.

-Esta pierna antes me dolía un montón, desde que vengo aquí, estoy mucho mejor, dice Enrique Sánchez, de 72 años, que conoció al santo hace muchos años, cuando un día fue a pedirle su opinión sobre la compra de un rebaño de ovejas.

Enrique dice que el mismo santo creía que su tumba iba a ser muy visitada por la gente.

-Recuerda lo que él mismo dejó escrito: «Estas son mis oraciones, cúmplase mis sentimientos, mi vida será sonada, después de haberme yo muerto».

El panteón de mármol blanco en estos días también parece una selva de flores naturales, que compiten con las de plástico y las de tela. Asimismo hay fotografías y símbolos fetichistas que representan a brazos, piernas u otros miembros del cuerpo humano.

-Si a alguien lo cura de un brazo, pues le trae un pequeño brazo de níquel. A este hombre lo llamaba la gente 'el médico del cielo', señala Flora, otra de las adeptas del santón que tenía su 'consulta' en la Hoya del Salobral, a cuyas faldas se levantó tras su muerte un santuario al que también acuden muchas personas que demandan milagros médicos.

La tumba del santo está rodeada de una especie de pináculos de mármol que terminan en forma de pirámide. Ese es el lugar preferido para que los seguidores del 'médico del cielo' restrieguen sus prendas que luego van a llevar. Dicen que así reciben alivio.

Pero es que si las tumbas del santo Custodio y el de santo de la Venta del Molinillo, son muy visitadas, no lo es menos la del otro santo Manuel, el jienense, aquel que curaba en su cortijo de la aldea de Los Chopos y que se considera el sucesor de Custodio en ese reinado taumatúrgico de la Sierra Sur jaenera. Antes de morir anunció a sus creyentes que su poder lo tendrían siempre, razón por la que su tumba es visitada a diario y de forma especial el aniversario de su muerte y en estos días de los Santos y Difuntos. Está enterrado en La Venta del Carrizal y en su sepultura nunca faltan flores que les llevan personas que creen haber sido curadas por él. Allí van personas de Alcaudete, Valdepeñas ó Alcalá esperanzadas de que cualquier dolencia pueda ser solucionada por el famoso muerto. La fe no tiene límites provinciales.

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