Triunfo a elevado coste

El Barcelona paga muy caro su triunfo sobre el Stuttgart por las lesiones de Márquez y Pujol Ronaldinho reaparece para dar sentido al juego gracias a su entendimiento con el genial Messi

SERGI OLEGO
Triunfo a elevado coste

El Barça allanó su andadura por la primera fase de la Liga de Campeones con una costosa victoria ante el Stuttgart (0-2). Un triunfo que le sitúa en cabeza de su grupo pero que al mismo tiempo le llena la enfermería después de las lesiones que Márquez y Puyol sufrieron sobre césped alemán.

Los azulgranas arrancaron asustando al animoso público alemán. Deco concluyó una combinación entre el recuperado Ronaldinho y Messi para soltar un contundente zapatazo que se estrellaba en el palo. Ese buen inicio se truncó de inmediato. Otra lesión muscular. Otro inexplicable contratiempo a los cinco minutos. Esta vez le tocó el turno a Márquez. La lesión del mexicano puso en liza a Puyol. Con Milito reservado, el catalán era la única opción que le quedaba a un Rijkaard que prefería introducir con más cautela a su capitán.

El cambio trastocó el inicio azulgrana. El Barça anduvo varios minutos a la intemperie. Sin tino. Sin capacidad para mandar. Una indecisión truncada por una pareja de ensueño. Ronaldinho reapareció para darle sentido al juego catalán gracias a su buen entendimiento con Messi. Su amplitud de recursos le sirvió para desmontar la endeble defensa alemana.

El Barça maduraba el tanto. Parecía tan factible como que Messi conquistará algún día el Balón de Oro. Lástima que el argentino pecara de egoísmo cerrando los ojos ante un Xavi presto a rematar su jugada a puerta vacía. Los azulgrana habían acumulado hasta tres ocasiones de entidad con un juego vistoso y paciente. Virtudes que le hubiesen permitido acomodar una buena ventaja para afrontar el resto del partido.

La falta de contundencia azulgrana descubrió la voluntad del Stuttgart. Mario Gómez aglutinaba todo el juego ofensivo alemán. Su poderío físico era su mejor arma. Para aprovecharla sus compañeros invadieron las bandas paras servirle centros a su estilete. Un pase de Boka generó la primera gran ocasión local abortado por un excelso Valdés capaz de desviar dos cabezazos consecutivos del delantero de padre español.

Las cartas estaban boca arriba. El Stuttgart sufría cuando su rival enhebraba cuatro pases consecutivos con criterio. El Barça lo hacía cuando los locales enloquecían el partido. Ese intercambio de golpes alcanzó el descanso con empate gracias a que Farnerud malogró un remate a puerta vacía tras un despeje de Valdés a disparo de Mario Gómez.

Gol de pundonor

La raza de Puyol truncó el panorama de la primera mitad. De un puñetazo en su propia área pasó a celebrar un tanto. De quejarse por la fragilidad defensiva de sus compañeros a remachar con la pierna izquierda un despeje de Schafer tras un cabezazo de Ronaldinho. Un saque de esquina desbarató el ánimo alemán. El Barça enfrió el partido. Una suerte que desempeñaba con criterio pero que acabó ensuciada por otra lesión. Puyol advertía molestias en su pierna izquierda solicitando un cambio que generaba caras de preocupación en el banquillo azulgrana. Esos mismos rostros esbozaron una amplia sonrisa de celebración cuando Messi amplió la ventaja solventando con su pierna derecha un medido pase de Henry.

El Barça, que sumó su quinta victoria consecutiva, campó a sus anchas el resto del partido. Tiempo suficiente para admirar la versatilidad de un Abidal inmenso como central y para deleitar al público con una jugada de fantasía desviada por Tasci ante el remate a bocajarro de Messi.