El Gobierno italiano tiembla con la escisión en la izquierda propiciada por Renzi

Mateo Renzi interveniene ante el Parlamento italiano./Reuters
Mateo Renzi interveniene ante el Parlamento italiano. / Reuters

El exprimer ministro anuncia la fundación de una nueva formación política que mira al centro porque está harto del «fuego amigo» en el Partido Democrático

DARIO MENORRoma

Poco dura la alegría en la casa del pobre. Sólo una semana después de superar la moción de investidura en el Parlamento, el nuevo Ejecutivo italiano se ha visto sacudido este martes por la escisión interna comandada por el exprimer ministro Matteo Renzi dentro del Partido Democrático (PD), una de las dos formaciones principales que sostienen a la coalición gubernamental junto al Movimiento 5 Estrellas (M5E).

Aunque Renzi asegura que su marcha del PD significará «un bien para todos» y que mantendrá el apoyo al Gabinete liderado por Giuseppe Conte, este nuevo cisma, que llevaba meses en el aire, debilita al Ejecutivo y demuestra la eterna propensión del centro izquierda italiano a dividirse. Los egos de sus 'pesos pesados' vuelven a estar por encima de los intereses generales del país.

Una treintena de parlamentarios seguirán a Renzi en su nuevo partido, entre los que destaca Teresa Bellanova, ministra de Agricultura, que se mantendrá en el Ejecutivo de Conte. La «casa nueva» que el joven florentino ha decidido «construir» para «hacer política de un modo diferente» todavía no tiene nombre y esperará a presentarse a unas elecciones hasta las próximas generales. Se tendrían que celebrar en 2023 si una crisis de Gobierno no provoca que concluya antes la legislatura.

«Digámonos la verdad: hay una corriente cultural en la izquierda italiana para la que yo soy un intruso», asegura Renzi en una entrevista publicada hoy por el diario 'La Repubblica'. «Me voy porque falta una visión de futuro». Con su nueva criatura política, tratará de ocupar el centro ideológico e incluso de seducir a los votantes conservadores incómodos por la creciente irrelevancia de Forza Italia y que tampoco se reconocen en las proclamas populistas de la Liga.

Cuestiones abiertas

El recorrido que tenga este nuevo partido está lleno de interrogantes. «Aunque resulta prematuro saber qué apoyos reales puede tener entre los italianos, podemos partir del nivel de confianza que genera Renzi, que está en torno al 15%. Esto supone una horquilla de votos de entre el 3% y el 5%. Pero todavía hay muchos factores desconocidos», explica Lorenzo Pregliasco, cofundador del instituto demoscópico Quorum.

Para la politóloga Emiliana De Blasio, docente de la Universidad Luiss de Roma, es importante tener en cuenta el poder con que hoy cuenta Renzi al «poseer la llave de la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno». No obstante, la apuesta que ha realizado con su ruptura del PD resulta «arriesgada», dice Pregliasco, porque con la crisis política que propició la caída del anterior Ejecutivo «ha recuperado una centralidad política en el Parlamento, pero todavía no ha reconquistado la relación con los ciudadanos. Le falta un consenso real entre la gente».

No es la primera vez que Renzi maniobra contra el que ha sido su propio partido. Después de arrasar en las primarias celebradas por el PD en diciembre de 2013, dos meses después dio un golpe interno al apartar a su compañero de filas Enrico Letta, entonces primer ministro, para convertirse él en jefe de Gobierno en un bochornoso espectáculo. Ahora rompe definitivamente porque, según dice, está harto del «fuego amigo» y quiere tener manos libres para combatir a Matteo Salvini. En una nueva muestra de su ego, Renzi reclama para sí todo el mérito de la ruptura del pacto entre el M5E y la Liga que sostenía al anterior Ejecutivo, en el que el líder de la formación ultraderechista llevaba la voz cantante y era viceprimer ministro y titular de la cartera de Interior. «Haber mandado a su casa a Salvini quedará en mi currículum como una de las cosas de las que estoy más orgulloso», asegura Renzi.

Problemas personales

Aunque se la esperaba, la confirmación de la escisión interna supone un revés para el secretario general del PD, Nicola Zingaretti, que llevaba semanas tratando de evitar la ruptura. «Lo sentimos, un error. Pero ahora pensemos en el futuro de los italianos», comentó en las redes sociales Zingaretti, que nunca ha tenido «problemas personales» con Renzi, según este último.

En la principal formación del centro izquierda tampoco faltó quien recordó cómo las divisiones entre los demócratas propiciaron el triunfo del fascismo de Benito Mussolini en los años 20 del siglo pasado. El único efecto positivo que el 'cisma renziano' podría tener en el PD es el retorno a casa del sector más izquierdista, que fundó el movimiento Libres e Iguales, ya disuelto como partido pero cuyos parlamentarios apoyan al actual Gobierno. Entre los nombres de peso de Libres e Iguales están el exprimer ministro Massimo D'Alema y Pierluigi Bersani, antiguo líder del PD.