Dentro del laboratorio encargado de liberar al mundo de las armas químicas

Lugar de pruebas para las armas químicas. /JOHN THYS (AFP)
Lugar de pruebas para las armas químicas. / JOHN THYS (AFP)

La OPAQ ha conseguido eliminar el 96% de las reservas mundiales de armas tóxicas

COLPISA / AFPRIJSWIJK (Países Bajos)

Michael Barrett tiene un teléfono pasado de moda, pero cuando suena su línea directa tiene tres horas para preparar el equipo para los expertos en una misión peligrosa para investigar si se han lanzado, de nuevo, armas tóxicas.

A medida que se vuelven virales imágenes de niños y adultos aterrados, aparentemente víctimas del gas venenoso o de los crueles agentes neurotóxicos, los laboratorios y la tienda de equipos del organismo mundial de vigilancia de armas químicas bullen de actividad. Escondido en una pequeña zona industrial en la localidad holandesa de Rijswijk, el edificio de dos plantas, con 20 miembros en el equipo, ha sido clave en el meticuloso trabajo de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) para eliminar las reservas mundiales de armas tóxicas. Fue aquí donde el equipo, ahora en Siria para investigar si se usó gas sarín o cloro supuestamente contra civiles el 7 de abril en Duma, empezó su misión.

Exsoldado, Barrett lleva 21 años en la OPAQ, entrenando y equipando a aquellos que se presentan voluntarios a viajar a las zonas conflictivas más tóxicas del mundo. Incluso se ha desplegado a sí mismo. Desde trajes de protección impregnados de carbono hasta enormes botas para cubrir zapatos, detectores sofisticados, teléfonos satélite y kits médicos llenos de antídotos contra los agentes neurotóxicos más mortales, todos los equipos deben ser revisados y volver a revisarse.

«¿Imaginas tener un respirador, una máscara de gas, y la válvula está en el lado equivocado?», pregunta Barrett con ironía, técnico principal de logística y líder del equipo de la tienda de equipos, mientras brinda un exclusivo recorrido a la AFP.

En medio de una reclamación política y una contrademanda sobre el uso de armas químicas en Siria, donde se ha probado el uso de cloro y gas mostaza, así como el lanzamiento de un extraño agente nervioso el mes pasado en la tranquila localidad británica de Salisbury, aquí el objetivo sigue siendo proteger al equipo y preservar la integridad de la ciencia. Ningún detalle puede ser pasado por alto. Incluso un agujero de alfiler en un guante puede ser fatal si un agente nervioso mortal se filtra a través de la piel y ataca el sistema nervioso de una persona. El VX, el agente nervioso más mortal inventado hasta ahora, puede matar en 20 minutos.

A pesar de unas 7.000 misiones oficiales -10.000 si se cuentan misiones de entrenamiento- en 21 años, es un motivo de orgullo que ningún miembro del equipo se haya visto afectado por un arma química.

Este trabajo de la OPAQ, que tiene alrededor de unos 400 miembros, ha conseguido eliminar el 96% de las reservas mundiales de armas tóxicas. Una hazaña por la que obtuvo en 2013 el premio Nobel de la Paz. El director general de la OPAQ, Ahmet Uzumcu, felicitó entonces a su equipo, diciendo que habían «llevado a hombros una tarea onerosa pero noble» trabajando con «la tranquila determinación de liberar al mundo de estas armas atroces».

Una vez en el emplazamiento, un equipo de expertos que puede variar de 2 a 25 miembros escanea el área con detectores fotométricos de llama o espectómetros de movilidad iónica para detectar cualquier agente tóxico. Pruebas de papel, como pruebas con espray, también pueden advertir de la presencia de agentes nerviosos. «Preferimos tomar muestras de sobrevivientes porque pueden ser entrevistados, pueden contar su historia, que puede ser verificada con otros», explica Marc-Michael Blum, máximo responsable del laboratorio de la OPAQ.

Una vez las muestras se llevan a Rijswijk, se separan y envían a dos de los aproximadamente 20 laboratorios independientes certificados por la OPAQ alrededor del mundo. En medio de una estricta confidencialidad, los laboratorios preparan informes independientes, que son recopilados por la OPAQ. El objetivo es garantizar que no surjan interrogantes sobre la integridad de la prueba o los resultados.

 

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