El discurso racista de Donald Trump prende en sus mítines

Delirio de los seguidores de Trump a su llegada al mitin de Carolina del Norte./AFP
Delirio de los seguidores de Trump a su llegada al mitin de Carolina del Norte. / AFP

Sus bases corean un «¡Mándalas de vuelta!» para las congresistas demócratas atacadas en los últimos días por el presidente de EE UU

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Para los millones de personas que se preguntan con horror cómo pudo Alemania abrazar el nazismo, Donald Trump les está proporcionando una reconstrucción en tiempo real de aquellos hechos históricos. No en vano su primera esposa Ivana Trump contó a su abogado Michael Kennedy durante el proceso de divorcio que el magnate guardaba en su mesilla de noche una antología de los discursos de Adolf Hitler que movían a las masas, según contó en su día la revista Vanity Fair.

El miércoles, las bases de Donald Trump en Carolina del Norte subieron el tono inflamatorio de la campaña al corear lo que se anticipa como el nuevo eslogan de sus mítines, en sustitución del «Lock her Up!» (¡Enciérrala!) que triunfaba contra Hillary Clinton en 2016. El «Send her back!» (¡Mándala de vuelta (a su país)!) que ahora corean a la congresista de origen somalí Ilhan Abdullahi y otras tres representantes «de color» es todavía más escalofriante que aquél con el que amenazaban con meter en la cárcel a su rival política.

Los más enardecidos lo cantaban puño en alto. Otros, con algo de pudor, sólo movían los labios. Los niños en primera fila lo repetían tocando las palmas, sin capacidad para entender el adoctrinamiento de odio al que estaban siendo sometidos. Trump observaba a las masas en silencio. Su hijo mayor dice que estudia a los asistentes a sus mítines como si fueran «focus groups» con los que medir el alcance de sus estrategias. La del racismo parece tener mucha garra, como ya comprobó en su anterior campaña al atacar a los mexicanos.

Pocas emociones son tan poderosas como el miedo y el odio racial. El 'incendiario en jefe' lo sabe de primera mano, porque su padre ya lo practicaba hace 45 años, cuando fue denunciado por instruir específicamente a sus empleados a que no alquilaran viviendas a los negros o cualquiera que no fuera blanco. Y si algo es consistente en Trump es su repugnancia hacia todo el que sea diferente. De hecho, en su gobierno solo hay un miembro de color y una asiática, que sirven de coartada.

El espectáculo del miércoles en Greenville resultó tan aterrador que los republicanos que la víspera habían hecho piña para condenar a los demócratas por usar la palabra racista contra el presidente reaccionaron con alarma. El vicepresidente Mike Pence, que visitaba este jueves el Congreso, recogió sus quejas en privado, pero los líderes trasladaron directamente a Trump lo difícil que es seguir defendiéndole en público sin perder el respeto de los votantes independientes que necesitarán en las elecciones.

Como resultado, Trump se distanció públicamente de las consignas de sus seguidores. «No me hizo muy feliz, les corté en seguida», aseguró, pese a que las imágenes de televisión reflejaban claramente la larga pausa en la que observó los efectos de su discurso de odio en las masas enardecidas. En mayor desafío a la razón y a los sentidos, el secretario adjunto de prensa de la Casa Blanca Hogan Gidley instó a repasar el vídeo del mitin «y veréis cómo les interrumpió enseguida».

Todo un cortocircuito para la gente cuerda y un acicate para las mentes enfermas. El congresista de Texas Al Green, que la víspera vio fracasar en votación el primer intento de abrir un 'impeachment' al presidente que introdujo en la Cámara Baja, advirtió a sus colegas que si no hacen algo para frenarle su campaña de odio «costará vidas, y la primera puede ser la de una colega congresista». Trump ha puesto en al diana la de la legisladora de origen puertorriqueño Alexandra Ocasio-Cortez, la de origen palestino Rashida Tlaib, la de origen somalí Ilhan Abdullahi Omar y la de la primera afroamericana electa por Massachussetts, Ayanna Pressley, pero también la de todos los estadounidenses que no tengan los rasgos de la raza aria. Una encuesta del Pew Research Center revela que el porcentaje de estadounidenses que teme que su país «pierda la identidad» si se abre «demasiado» a los inmigrantes ha subido un 13% desde el otoño. Y aún faltan 16 meses para las elecciones.

Burlas por elogiar la detención de un paquistaní

Un tuit de Donald Trump en el que celebraba el arresto de un paquistaní sospechoso de ser uno de los cerebros de los atentados de Bombay provocó burlas en las redes sociales, ya que el detenido nunca desapareció de la vida pública en su país. Hafiz Saeed, acusado por Washington y Nueva Delhi de estar detrás de los ataques terroristas de 2008, fue detenido el miércoles en el este de Pakistán, días antes de un viaje del primer ministro de este país, Imran Khan, a Washington para su primer encuentro con Trump.

«Después de diez años de búsqueda, el llamado cerebro de los atentados terroristas de Bombay fue detenido en Pakistán. ¡Se ejerció una fuerte presión en los últimos dos años para encontrarlo!», tuiteó el presidente el miércoles. Pero Hafiz Saeed nunca se ocultó. Al contrario, cuando no estuvo bajo la custodia de las autoridades daba discursos y entrevistas televisadas e incluso intentó lanzar un partido. En las redes sociales, hubo periodistas que destacaron lo fácil que era acceder al ahora detenido. «Es Hafiz Saeed. No Jason Bourne» ironizó en un tuit la presentadora de televisión paquistaní Amber Shamsi.

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