La conciencia de un senador republicano pone pausa a la confirmación de Kavanaugh

Dos senadores hablan antes de la votación. /AFP
Dos senadores hablan antes de la votación. / AFP

El testimonio de Christine Blasey Ford sirvió para que se dispararán las denuncias de abusos sexuales un 147%

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

El ascensor solía ser ese lugar angosto donde muchas mujeres se han sentido atrapadas por hombres que las escrutaban obscenamente, pero en el Senado de EE UU las tornas han cambiado. El jueves, una desconocida que luego se identificó como Robyn Swirling confrontó en ese espacio sofocante al senador Lindsey Graham con la violación que sufrió hace 13 años. «Hable con el FBI», la atajó él. Este viernes otras dos espontáneas -Ana María Archila y Maria Gallagher- tuvieron más éxito con el senador Jeff Flake, poco antes de que votase por un presunto violador como juez del Supremo.

«¡No aparte la mirada!», le espeto Gallagher con lágrimas en los ojos. «Míreme a la cara y dígame que lo que me ocurrió a mí no importa, que va a permitir que alguien que hace estas cosas se siente en el más alto tribunal de este país, porque eso es lo que me está diciendo con su voto. Usted tiene una hija, ¡piense en ella!».

Visiblemente incómodo, esta vez fue el senador de Arizona el que llamó al FBI, pero no para investigar el abuso sexual que clamaba la espontánea, sino el que sufrió Christine Blasey Ford hace 36 años, cuando el ahora candidato al Supremo Brett Kavanaugh se le echó encima borracho, la encerró en una habitación e intentó violarla. Blasey tenía 15 años y quedó traumatizada para siempre. A los 51, esta prestigiosa psicóloga e investigadora que da clases en la Universidad de Palo Alto no ha podido olvidar la risa estruendosa de Kavanaugh y su amigo mientras le tapaba la boca e intentaba penetrarla. La victima, renuente a dar la cara en público, impresionó el jueves a propios y extraños al testificar ante el Comité Judicial del Senado con mesura y lujo de detalles. Hasta el presidente Donald Trump, que como medio país se quedó pegado a la tele, admitió este viernes que le pareció «una buena mujer» que resultó «muy convincente, muy buena en muchos aspectos». Tanto, que durante su testimonio la línea nacional de asaltos sexuales experimento un incremento del 147% en el número de denuncias recibidas.

Con todo, lo que más impresionó al mandatario fue el contraataque de su elegido, a quien instruyó a demostrar más pasión y plantar cara a los senadores demócratas que le interrogaron. Trump ganó las elecciones pese a que una veintena de mujeres le acusaron de propasarse y él mismo lo admitió por un micrófono abierto mientras fanfarroneaba con el presentador de Access Hollywood. En estos días no oculta sentirse identificado con el juez Kavanaugh en el que parece ver un alter ego. El iracundo testimonio en el que confrontó irreverentemente a las senadoras le pareció «fascinante», tuiteó, «mostró a EE UU exactamente por qué le he nominado». Asqueadas, muchas mujeres vieron en él a un hombre agresivo y arrogante que, de ser confirmado, pasará el resto de su vida en el Supremo decidiendo sobre los derechos de las mujeres. En lo único en lo que todos coinciden con el presidente es en que el jueves fue «un momento increíble en la historia» del país.

Pese a ello, la peor pesadilla de Blasey Ford parecía a punto de convertirse en realidad. La psicóloga temía que la humillación que ha tenido que sufrir y el linchamiento en la esfera pública no sirvan para nada, porque los republicanos parecen decididos a confirmar al juez sin importar su comportamiento hacia las mujeres. Este viernes el Comité Judicial aprobó, de forma estrictamente partidista, que la nominación pase a votarse en el pleno del Senado, algo que podía hacerse de forma expedita este mismo fin de semana. Hasta que dos mujeres indignadas y con lágrimas en los ojos agitaron la conciencia del senador Flake en el ascensor.

El legislador de Arizona dio su voto en el Comité Judicial pero a condición de que se posponga una semana la votación final para permitir que el FBI investigue las acusaciones que ha presentado la profesora de Palo Alto, secundada por dos mujeres más que dicen haber sufrido episodios similares a manos de Kavanaugh. Los republicanos del Senado aceptaron anoche la investigación federal. Trump y Kavanaugh tendrán que esperar siete días más y seguir rezando para que no aparezcan entretanto otras acusaciones.

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