Chelsea Manning vuelve a la cárcel

Chelsea Manning, exanalista de inteligencia del Ejército de EE UU./Efe
Chelsea Manning, exanalista de inteligencia del Ejército de EE UU. / Efe

El juez intenta obligarla a que declare contra Assange ante un gran jurado y la ha multado con 500 dólares por cada día que pase sin hacerlo

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Para cuando el caso de Bradley Manning llegó a la mesa de Barack Obama, el analista de inteligencia del Ejército que filtró a Wikileaks cientos de miles de documentos, vídeos y cables diplomáticos llevaba ya siete años en prisión, se había cambiado el nombre a Chelsea y se había intentado suicidar dos veces. Pese a su desprecio por los informantes, Obama decidió que ya había purgado lo suficiente y conmutó su pena para que quedase en libertad. El jueves volvió a perderla, por segunda vez este año.

A diferencia de Obama, que la consideró una joven «muy afligida» que andaba perdida en la vida, Trump la vio como «un traidor desagradecido que debería haberse quedado en la cárcel». Si esa visión tiene que ver con la decisión del juez de Virginia Anthony Trenga que la ha mandado a la cárcel por desacato, está por verse. Manning se niega a testificar ante el gran jurado convocado para presentar nuevos cargos contra Julian Assange, cuya extradición ha pedido el gobierno de Trump. Al fundador de Wikileaks se le acusa de haber ayudado al entonces analista del Ejército en un intento fallido para penetrar la base de datos del Pentágono.

Por su negativa a cooperar, Manning ya pasó 62 días en la cárcel hasta que ese jurado terminó su trabajo hace poco más de una semana, pero el jueves le tocaba responder ante otro que apenas acaba de ser convocado y puede estar reunido hasta 18 meses. Como en el caso anterior, se negó a responder ante un procedimiento secreto que se sólo se usa en EE UU y en Liberia, un argumento que irritó al juez de 70 años nombrado por George W. Bush. El magistrado optó esta vez por imponerle 500 dólares de multa por cada día que se resista a declarar, cantidad que se doblará a partir del mes.

El fiscal, sin embargo, consideró que esa medida que habitualmente se impone a empresas o corporaciones a las que no se puede llevar a ala cárcel no tendría ningún efecto coercitivo sobre Manning porque «podría acudir a las redes sociales y recaudar rápidamente esa cantidad». El juez estuvo de acuerdo y añadió la cárcel a la multa.

«No voy a responder ni a este Gran Jurado ni a ningún otro», prometió ella desafiante antes de entrar a la sala. «Prefiero morirme de hambre, literalmente».

En su determinación radica también su fuerza legal. La legislación estadounidense especifica que nadie puede ser enviado a la cárcel por desacato como medida punitiva sino solo de forma coercitiva para obligarle a declarar, por lo que si no hay «una expectativa razonable» de que la cárcel sirva para persuadirle, debería quedar en libertad. El juez cree que Manning «simplemente no ha pasado el tiempo suficiente en la cárcel como para saber si eso funcionaría». Ella opina que el gobierno le pone en una posición imposible, la de elegir entre la cárcel o traicionar sus ideas, «y esta última es una prisión peor que cualquiera que pueda producir el gobierno».

Manning, hija de una madre alcohólica y padres divorciados, que se alistó en el Ejército para pagarse la educación universitaria y resolver su «problema de género», pasó tanto tiempo en aislamiento que llegó a tener alucinaciones. La cárcel, dijo el jueves, «es tres o cuatro veces peor que una prisión», porque no hay bibliotecas, buena comida u otros medios pensados para el largo plazo.