Washington alienta la amenaza de una intervención militar

John Bolton. /Reuters
John Bolton. / Reuters

El consejero John Bolton muestra aparentemente por descuido un papel con la frase «5.000 tropas a Colombia»

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Llevó tiempo notarlo, ampliar la foto y desentrañar la letra del Consejero de Seguridad Nacional John Bolton, pero cuando cobraron forma sus garabatos, expuestos provocadoramente ante las cámaras, a más de uno se le cortó la respiración: «5.000 tropas a Colombia», decía la anotación que seguía a «Afganistán - Bienvenidas las negociaciones».

Encajado entre Colombia y Brazil, o lo que es lo mismo, entre Iván Duque y Jair Bolsonaro, Nicolás Maduro tiene vecinos de los que cuidarse. Por algo fueron los primeros en reconocer al autoproclamado presidente Juan Guaidó. Su anuncio pudo ser una sorpresa para medio mundo, pero no para el puñado de líderes americanos que le alentaron a alzarse, con el respaldo directo de la Casa Blanca. Desde Ottawa hasta Buenos Aires, el discurso de Guaidó se esperaba el miércoles de la semana pasada con impaciencia, instigado la noche antes por una llamada del vicepresidente Mike Pence, que ayer recibió en la Casa Blanca a su representante Alfredo Vecchio, al que llama embajador interino. Si la apisonadora diplomática y las presiones económicas no acaban con el chavismo, podrían hacerlo los tanques.

El Pentágono niega que haya ningún movimiento de tropas, mientras la Casa Blanca justifica las anotaciones de Bolton como una ratificación de que «todas las opciones están sobre la mesa, ya lo ha dicho el presidente».

De hecho, Trump parece obsesionado con Venezuela desde el día que agitó públicamente el fantasma de una intervención militar en agosto de 2017. Su amigo el senador Lindsey Graham dijo el sábado a Axios que el mandatario le ha preguntado repetidamente «¿qué te parecería utilizar la fuerza militar en Venezuela?», la última vez hace sólo un par de semanas. A lo que Graham le contesta que vaya «despacio». El hecho de que se lo contase sin tapujos al periodista más leído de Washington, como que Bolton mostrase abiertamente la libreta en la primera conferencia de prensa que da la Casa Blanca este año, huele a que lejos de conspirar una invasión secreta el gobierno de Trump quiere meterle el miedo en el cuerpo a Maduro, como hacían los aztecas con el silbido de la muerte para asustar a las tribus rivales.

Los tambores de guerra que llegan de Washington no son necesariamente un simple ritual macabro. Hay demasiados halcones en la Casa Blanca como para desestimarlo. Oscar Guardiola Rivera, profesor de Filosofía y derechos Humanos en la Universidad de Londres, publicó el lunes en The Guardian que Colombia y Brasil estarían dispuestos a contribuir con sus propias tropas si fuera necesario.

Bolton reaccionó ayer a la orden de detención emitida contra Guaidó con la amenaza de que «cualquier intento de trastocar la democracia» en Venezuela o dañar al presidente encargado tendrá «serias consecuencias», tuiteó. Si fueran de carácter militar, América Latina podría estallar en llamas. Diversos informes aseguran que Cuba tiene 25.000 tropas en el país, cifra que Bolton no quiso confirmar ni desmentir cuando se le preguntó el lunes. «Cuba-zuela», como la llamó para reflejar «el control que los militares cubanos y sus fuerzas de seguridad tienen sobre el régimen de Maduro», sería la excusa para justificar la amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos del régimen «que ha permitido ser penetrado por nuestros adversarios», le acusó.

Con China y Rusia diametralmente opuestos a las sanciones y el apoyo militar de Irán y Cuba, el polvorín está servido. Y nadie puede confiar en que Trump no prenda la mecha.