El acceso de dos mujeres a un templo extiende la violencia en Kerala

Agentes de policía durante una protesta por la entrada de dos mujeres «impuras» en un templo hindú. / Efe

Una persona ha muerto apedreada y decenas están heridas en el Estado indio, que ha quedado paralizado por las protestas

ZIGOR ALDAMAShanghái

En la India del siglo XXI, que dos mujeres accedan a un templo todavía puede provocar un exacerbado brote de violencia a lo largo y ancho de todo un Estado. Lo han demostrado las activistas identificadas solo con los nombres de pila Bindu Ammini y Kankadurga, de 42 y 44 años, que el miércoles rompieron con siglos de tradición al visitar Sabarimala, hogar del célibe dios Ayyappa y uno de los templos más sagrados del hinduismo, ubicado en el Estado suroccidental de Kerala.

Ambas tuvieron que entrar fuertemente escoltadas por la Policía, a pesar de que el pasado mes de septiembre el Tribunal Supremo de India sentenció que las mujeres -incluso las que tenían vetada la entrada a Sabarimala por estar en edad de menstruar, definida entre los 10 y los 50 años- tienen todo el derecho del mundo a rezar donde crean conveniente. Y, cuando las activistas salieron, el templo estuvo cerrado durante una hora para que los sacerdotes tuviesen tiempo de «purificarlo».

Su visita a Sabarimala se aplaudió en un primer momento como una victoria del 'muro de las mujeres', un movimiento que, según sus organizadores, ha movilizado a cinco millones de personas que se han unido para crear una cadena humana de hasta 600 kilómetros de largo. Las participantes exigen, precisamente, que los lugares de culto no discriminen por sexo, razón por la que habían tratado de acceder a Sabarimala en varias ocasiones.

Cañones de agua

Hasta el miércoles no tuvieron éxito, porque muchos, sobre todo hombres, se oponen con uñas y dientes a que la sentencia del Supremo se lleve a la práctica. Y, como diferentes analistas indios habían vaticinado en medios de comunicación locales, la alegría por haber logrado hacer justicia no ha durado mucho. El mismo miércoles, la Policía tuvo que emplearse a fondo con material antidisturbios y cañones de agua para separar a quienes protestaban a favor y en contra de las mujeres que han roto este tabú, y que ahora permanecen escondidas para evitar represalias. Y hoy, ni siquiera esos efectivos fueron capaces de contener una ola de violencia que se extendió por todo Kerala.

Según las autoridades locales, al menos una persona murió hoy apedreada y decenas más -incluida una docena de periodistas- sufrieron heridas de diferente consideración. Al menos tres se encontraban en estado crítico. El fallecido era un seguidor del partido en el poder, el tradicionalista hinduista Bharatiya Janata Party (BJP), que fue atacado por partidarios de permitir el acceso de las mujeres.

Las manifestaciones de unos y de otros se tradujeron en comercios y escuelas cerradas, cargas policiales, gases lacrimógenos, oficinas de partidos políticos destrozadas, y un estado de caos generalizado que provocó la paralización de Kerala y que se puede alargar por tiempo indefinido. Hasta ahora, la Policía ha detenido a 266 manifestantes y se han desplegado efectivos suplementarios para contener la violencia.

 

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