Avenidas cortadas, choques con la Policía y más de 200 vuelos cancelados en la huelga general de Hong Kong

Un manifestante devuelve a la policía un bote de gas lacrimógeno durante las protestas. / Foto: Reuters | Vídeo: Atlas

Los manifestantes contra la ley de extradición a China colapsan los transportes públicos y ocupan ocho puntos de la ciudad, de donde los antidisturbios intentan dispersarlos con gases lacrimógenos

PABLO M. DÍEZEnviado especial a Hong Kong

El metro suspendido por la mañana, avenidas cortadas por la multitud, concentraciones en ocho puntos de la ciudad, enfrentamientos con los antidisturbios en los cercos a las comisarías y más de 200 vuelos cancelados. Es el primer parte de guerra de la huelga general que ha paralizado este lunes Hong Kong, la primera desde hace décadas en una ciudad adicta al trabajo donde antes no fallaba nada.

Pero el verano caliente que sufre esta antigua colonia británica a cuenta de la controvertida ley de extradición a China, suspendida pero no retirada, ha encrespado tanto los ánimos que las protestas iniciadas hace ya dos meses han derivado en una auténtica revuelta popular. Tras los violentos enfrentamientos del fin de semana con la Policía, los manifestantes han bloqueado el metro por la mañana y cortado el tráfico para impedir la asistencia al trabajo. Como siempre, cada cara tiene su cruz: mientras a muchos empleados, que simpatizaban con el paro, les ha servido como excusa perfecta para faltar a su puesto, quienes querían ir al tajo han visto alterados sus desplazamientos aunque el metro ha reabierto al mediodía.

También se ha visto afectado el tren al aeropuerto, donde más de 230 vuelos han sido cancelados por la mañana, según informa el periódico «South China Morning Post». Con buena parte de los controladores aéreos pidiendo bajas por enfermedad, solo funciona una de las dos pistas del aeropuerto, uno de los más transitados del mundo con más de un millar de vuelos al día. De los 68 aviones programados cada hora, solo han podido aterrizar o despegar la mitad.

A tenor de los sindicatos convocantes, se esperaba que la huelga fuera seguida por medio millón de los 7,5 millones de hongkoneses. Aunque los transportes públicos han sido los más afectados y muchos oficinistas no han podido ir a sus puestos, bastantes tiendas han permanecido abiertas y los taxis han seguido circulando en medio de un tráfico más ligero que de costumbre.

«En mi oficina, y a propuesta de nuestro jefe, los doce empleados hemos decidido seguir la huelga», explica a ABC Louisa, que trabaja en una agencia de relaciones públicas. A su juicio, «la gente está rabiosa por la falta de respuesta del Gobierno, sobre todo por no retirar totalmente la ley de extradición como venimos pidiendo desde el 9 de junio». Junto a una amiga, que trabaja por su cuenta pero también había optado por parar, había acudido a la multitudinaria concentración que, a partir del mediodía, inundó el parque alrededor del Gobierno y el Parlamento. Como en ocasiones anteriores, miles de jóvenes cortaron la avenida paralela de cinco carriles en cada sentido, arteria básica en la isla de Hong Kong y escenario habitual de las protestas desde la «Revuelta de los Paraguas» en 2014.

«No hay esperanza, estamos más enfadados aún que antes y vamos a seguir con las movilizaciones hasta que el Gobierno nos escuche», decía Wai, una creativa de una agencia de publicidad que también faltaba al trabajo. Camino de la concentración del parque de Tamar, donde la multitud se protegía del sol abrasador bajo un mar de paraguas, se despachaba a gusto con la comparecencia durante la mañana de la jefa del Gobierno local, Carrie Lam.

Después de dos semanas desaparecida, Lam se presentaba junto a su gabinete para volver a criticar a los manifestantes e insistir en legalidad vigente, insistiendo en el daño a la economía que estaban causando las protestas. «Hong Kong ha sido la ciudad más segura del mundo. Pero esta serie de actos extremadamente violentos está empujando a Hong Kong hacia una situación muy peligrosa», advirtió. Además de criticar que «algunos activistas extremos han alterado la naturaleza de las protestas, recurriendo a la violencia para expresar sus aspiraciones», denunció los ataques contra los símbolos nacionales de China y los eslóganes que cantan los manifestantes.

«¡Liberad Hong Kong! ¡La revolución de nuestro tiempo!», gritaban mientras montaban barricadas en la avenida frente al Gobierno. Como había hecho durante la mañana en los cercos a las comisarías por toda la ciudad, la Policía volvió a disparar gases lacrimógenos para dispersar a la multitud. Desde que empezaron las protestas el 9 de junio, los antidisturbios han lanzado ya más de un millar de rondas de estos gases y detenido a 420 personas de entre 15 y 75 años, pero la revuelta sigue vive en Hong Kong.