Opinión Granada CF
Asesoramiento y mediocridadLa plazoleta ·
Una persona que se rodea de gente valiosa en aspectos que controla menos muestra inteligenciaLucas Alcaraz acaba de conmemorar 30 años desde su debut en el banquillo del Granada. Tres décadas dan para mucho, con tres etapas como entrenador ... rojiblanco y un epílogo actual como director de la Ciudad Deportiva. Un cargo que, como cualquiera intuye, no se corresponde con las atribuciones reales del granadino. Alcaraz no solo gestiona los pormenores de la instalación, sino que es una voz autorizada que la mayoría a su alrededor atiende, sobre todo quien le fichó esta vez, Alfredo García Amado, pero también algunos de los preparadores con los que ha coincidido. Su relación con Pacheta, como es notorio, se puede calificar de magnífica. El burgalés, lejos de sospechar de cualquier rivalidad, ve en Alcaraz una persona que aúna experiencia sobrada y una perspectiva distinta a la suya en ciertos asuntos, lo que a la postre enriquece su visión.
Una persona que se rodea de gente valiosa en aspectos que controla menos o no domina tanto da muestras de inteligencia, siempre que la escucha le haga reflexionar y emplee algunos de los consejos recibidos. Tomar decisiones de cara a la galería o por meras cuotas puede suponer un retoque cosmético, pero carece de profundidad. No sé si en el nuevo consejo asesor están todos los que deberían, porque esto es subjetivo, pero sí considero que lo forman individuos expertos en sus ámbitos de influencia, con trayectorias que hablan por sí solas y con ascendiente en la sociedad granadina, que es de lo que se pretende nutrir la cúpula directiva de los rojiblancos, principalmente a través de su director general.
Igual que se cuestiona, con razón, la gestión deportiva arrastrada y el desafecto en el que por momentos se sumió la entidad en meses pasados, hay que saber reconocer sus esfuerzos por mejorar la relación con el entorno, tanto desde el prisma de los aficionados –creando un canal de intermediación con ellos y procurando reuniones periódicas con seguidores– como recuperando un órgano de consulta externo con gente que no tiene por qué profesar forofismo, ni siquiera ser experta en fútbol, sino conocedora de una materia con la que contribuir a mejorar el día a día. Ya existió algo parecido con Antonio Fernández Monterrubio y nunca hubo polémica con sus miembros, uno de ellos periodista. Precisamente, que ahora participe uno que no está enfocado en lo deportivo eleva la mirada y suma a lo global.
A veces, pienso que el oficio al que me dedico se intenta torcer desde la mediocridad. Se confunde agitación con crítica y activismo con periodismo. Lo que otro contó ayer, porque acude a los sitios, se rehace hoy para disimular. Con desfachatez y sin ruido corporativista.
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