Una herida limpia

En este periodo de aprendizaje, de sobresaliente, sí debería sacar una conclusión de la amarga lección del pasado sábado: un par de borrones pueden estropear un buen trabajo

Soldado se lamenta de una acción en el Santiago Bernabéu. /BALDOMERO
Soldado se lamenta de una acción en el Santiago Bernabéu. / BALDOMERO
JUSTO RUIZGRANADA

A veces la distancia que separa al éxito del fracaso, el cielo del suelo, es muy pequeña, una línea muy frágil en la que la moneda cae de un lado o de otro en cuestión de segundos. El Granada lo vivió de la manera más cruda en el Santiago Bernabéu, donde a los dos minutos de partido encajaba el 1-0 por un grave despiste defensivo. Fue una herida limpia, que no dejó rastro de sangre pese a que en la inmediatez se perciba un profundo dolor, una sensación de abatimiento que no se corresponde con la gravedad del accidente. El Granada perdió su condición de invicto a domicilio en el Bernabéu, pero nunca fue inferior al Real Madrid, que manifestó las dificultades que le creó el equipo granadino en el segundo acto.

El conjunto que dirige Diego Martínez ofreció en la primera parte su versión más light en lo que va de curso cuando se anunciaba, con argumentos adquiridos, como un enemigo con la sustancia y el fútbol suficiente como para ganar. Los rojiblancos saltaron al terreno de juego tímidos, agarrotados y despistados y nunca alcanzaron la altura competitiva necesaria ya no para vencer al Real Madrid, sino para imponerse a cualquiera. Llegaba con el depósito moral a tope frente a un Madrid hueco por la crisis de juego que le azota en lo que va de temporada, pero se ofreció desde el principio como la medicina perfecta.

La realidad fue otra bien distinta al 4-2 final. El Granada sintió en su piel –también en su corazón– el frío acero de la derrota, pero en la autopsia no se le detectaron cicatrices porque salió del Bernabéu tan vivo como había llegado. En este periodo de aprendizaje, de sobresaliente, sí debería sacar una conclusión de la amarga lección del pasado sábado: un par de borrones pueden estropear un buen trabajo. En lugar de caer en la depresión por el guantazo anímico, el Granada se rebeló con la estupenda fachada de este arranque, dolorido por una herida limpia, una derrota que le hará más fuerte.