Un partido para disfrutar

La gran temporada pasada del Granada culminó con el ascenso directo y la recuperación de la comunión entre equipo y grada, identificada ésta con el espíritu competitivo de aquél

La afición rojiblanca anima durante la última visita del Barcelona. /ALFREDO AGUILAR
La afición rojiblanca anima durante la última visita del Barcelona. / ALFREDO AGUILAR
EDUARDO ZURITAGRANADA

El entusiasmo de la anterior vuelta a Primera se debió a la consecución del regreso, tras más de tres décadas, de manera inesperada y heroica con una liguilla plena de emociones. Aquel conjunto diseñado por la entente Pozzo-Pina y dirigido por Fabri no entusiasmó en la élite por su apuesta futbolística. Además, las seis temporadas seguidas en Primera fueron siempre de zozobra, con poco lugar pare el disfrute.

La gran temporada pasada del Granada culminó con el ascenso directo y la recuperación de la comunión entre equipo y grada, identificada ésta con el espíritu competitivo de aquél. El buen fútbol en Segunda de los de Diego Martínez se ha presentado ahora en Primera sin solución de continuidad. Al entusiasmo por la puntuación lograda en las cuatro primeras jornadas se ha unido la buena imagen demostrada de equipo conjuntado y capaz de hacer buen fútbol.

La última hora de Granada

El sábado llega un visitante ilustre, el Barcelona, cuyo palmarés de Ligas y Copas del Rey en la última década explicita su dominio incuestionable en el fútbol español. Se han mostrado los culés dubitativos en los partidos como forasteros hasta ahora disputados, con una derrota en San Mamés y un empate en El Sadar. En esos encuentros faltó Messi, jugador de vital importancia para un club que ha basado esos éxitos en su talento arropado por compañeros excelsos en la posesión del balón y la finalización. Es probable el retorno a la Liga en Granada del astro argentino. En cualquier caso, el partido reúne atractivos suficientes para hacer disfrutar a los aficionados rojiblancos, sea cual sea el resultado, con su Granada dispuesto nuevamente a dar la cara ante un temible rival.