La contracrónica

El partido despierto

El partido despierto
RAMÓN L. PÉREZ

La victoria ante el todopoderoso Barcelona no fue un partido soñado, sino una realidad que sucedió ante los ojos en directo de casi veinte almas despiertas

EDUARDO ZURITAAFICIONADO DEL GRANADA CF

Antes de un gran duelo, muchos aficionados, jugadores y entrenadores sueñan con las mejores circunstancias que lleven al triunfo de su equipo. Diego Martínez no sueña. Trabaja, piensa, organiza, dispone, insufla, hace siempre para conseguir. No hay con el vigués un encuentro soñado, sino que en todos se debe estar bien despierto para responder adecuadamente a los requerimientos de los planteamientos del técnico del Granada. La victoria ante el todopoderoso Barcelona no fue por ello un partido soñado, sino una realidad que sucedió ante los ojos en directo de casi veinte almas despiertas: la mayoría rojiblanca henchida de orgullo y satisfacción viendo a los suyos derrotar al último campeón de Liga; los aficionados azulgranas atónitos ante la superioridad como equipo demostrada por los granadinistas.

El Granada de Diego Martínez -pocas veces hay un genitivo tan apropiado- empieza a dejar de ser una promesa para ir cristalizando en una ilusionante realidad en Primera. Cinco encuentros y cinco actuaciones convincentes, tanto en las tres victorias consecutivas, como en el empate lleno de goles ante el Villarreal y hasta en la única derrota ante el Sevilla en casa.

La dimensión de la proeza conseguida la noche del 21 de septiembre en el nuevo Los Cármenes ante el Barcelona necesitará del paso prudencial del tiempo para valorarla en su justa medida. Un recién ascendido, con uno de los presupuestos más bajos de la categoría, derrotó de manera clara y merecida al club con mayor potencial económica de la Liga. Es cierto que no atraviesa el Barcelona su mejor momento de juego, con una crisis de resultados como foráneo que ya se inició en el tramo final del campeonato pasado, cuyo punto culmen fue la trágica noche en Anfield donde fue arrasado por el Liverpool, que después sería campeón de la Champions. El arranque de esta temporada liguera ha sido también nefasto para los culés, que en tres partidos como visitantes sólo han obtenido un punto en El Sadar. Pero sería injusto centrar el análisis exclusivamente en la crisis barcelonista y no ponderar adecuadamente los valores incuestionables que tiene y transmite el actual Granada, capaz de competir ante cualquier rival y en cualquier circunstancia.

La última hora de Granada

Dijo Diego en la previa que los suyos debían estar de matrícula de honor y ser eficaces y confiar en la no eficiencia de los azulgranas. El vaticinio fue ley durante todo el partido, con los jugadores locales plenos de convicción y acierto, frente a unos culés inocuos, incapaces de crear verdaderas amenazas a un rival rocoso, ni siquiera cuando el gran Messi estaba sobre el césped ya en el segundo periodo. Sólo Ansu Fati, la jovencísima promesa guineana recién nacionalizada española, creó verdaderos problemas, siempre dispuesto a zaherir al rival con su decidido afán de penetrar por la banda izquierda. El Granada supo golear en la primera aproximación a la meta de Ter Stegen, desactivar al Barcelona durante toda la primera parte, juntar líneas en los momentos de mayor presión de los de Valverde, descomprimir el encuentro con la obtención del segundo gol y controlar la fase final del partido para conservar el magnífico resultado obtenido.

La hazaña alcanzada no debe ocultar lo más importante y trascendente: la obtención de tres victorias consecutivas en Primera con un bagaje de siete goles a favor y ninguno en contra, con un Rui Silva remedando los ciclos de puertas inmaculadas que auparon a la parte superior de la tabla al equipo en Segunda. Tampoco se debe olvidar el gran mérito de un director de orquesta, el ya denominado «chamán» del banquillo del Granada, Diego Martínez, que ante las ausencias por lesión de dos fijos en sus cuatro primeras alineaciones titulares, caso de Fede Vico y Quini -este último siendo de los jugadores más destacados en los correspondientes encuentros-, es capaz de introducir sin titubeos dos nuevas piezas, Azeez y Neva, los cuales cuajan un partido impresionante ante los culés: excelso el juego del nigeriano -sobre todo en la primera parte-, y muy meritorio el despliegue del joven procedente de la cantera del Granada que devolvió con creces gracias a su buena actuación la confianza depositada en él por el míster.

El equipo tuvo una actuación coral formidable: Rui Silva y sus defensas, Víctor, Duarte, Germán y Neva, insuperables; un centro del campo con Montoro pleno de calidad e inteligencia acompañado por un fiel escudero como Herrera y el infatigable Azeez; los extremos punzantes, con Antonio Puertas estelar y batallador hasta la extenuación y Machís demostrando su velocidad y verticalidad; y en punta la veteranía de Soldado, un auténtico incordio hostigando a los defensas rivales. Los que saltaron desde el banquillo en las sustituciones se unieron a la fiesta con plena convicción: Vadillo con sus genialidades; Carlos Fernández adornado de su tesón habitual; y Max Gonalons, introducido en los minutos finales para favorecer su integración en el equipo en una noche triunfal.

No fue un sueño. Es más, muchos no pudimos dormir anoche evocando el gran triunfo de un gran equipo rojiblanco ante un gran rival. Queríamos seguir estando despiertos, atentos a los éxitos de Diego y los suyos, que han devuelto a la afición rojiblanca el orgullo de pertenencia a una entidad que tiene el luchar para ganar como divisa innegociable. Felicitaciones a los directivos que confiaron en el vigués desde el año pasado y confeccionaron el plantel que llevó al ascenso, manteniendo su base esta temporada y reforzando el conjunto a pesar de las dificultades económicas surgidas por la mala gestión de la propiedad. Congratulaciones al cuerpo técnico encabezado por Diego Martínez por haber no sólo devuelto al equipo a Primera, sino por situarlo nuevamente en la órbita del buen hacer futbolístico. Reconocimiento para los jugadores por formar un grupo de amigos, una familia, donde se confía en todos sabiendo de la importancia que cada uno tiene o puede tener. Y muchas felicitaciones a la afición rojiblanca por ser sabia en los momentos difíciles, por valorar al equipo en el esfuerzo en días de derrota y disfrutar con él en los triunfos; sobre todo muchas felicidades a los que soñaron en campos de tierra y ante rivales menores en Tercera y Segunda B volver algún día a la élite para engrandecer el nombre de su club y su ciudad derrotando a rivales poderosos; seguro que a ellos, tras la espléndida e inolvidable victoria de la noche sabatina ante el Barcelona, nadie podrá ya hacerlos dejar de estar despiertos.