La contracrónica

Los dioses también sangran

Gonalons saca la rabia cuando el 3-2 de Duarte invitaba a soñar con la gesta completa. /
Gonalons saca la rabia cuando el 3-2 de Duarte invitaba a soñar con la gesta completa.

El Granada no sucumbió a un primer tiempo regido por Morfeo y retomó su camino hacia al Olimpo en un derroche de oficio y corazón

FRAN RODRÍGUEZEnv. Especial Madrid

Si el amor te lleva a soñar despierto, el Granada aprendió en el Santiago Bernabéu a quererse bien y soñar mejor. El granadinismo, y por ende, los de Diego Martínez, tan identificados con el escudo como los que portan bufandas y maltratan sus voces, llegaba a Madrid con un escenario idílico, más propio de una ensoñación que de la octava jornada liguera. El joyero blanco del fútbol iba a ser el lienzo sobre el que se representara el moderno mito de Troya. La historia de toda una amalgama de dioses envueltos en prendas blancas a los que un batallón de irreductibles rojiblancos, escondidos en una estructura de galopante humildad, tratarían de volver mortales. Por eso quizá costó dormir el viernes pensando qué podría pasar en Madrid. Por eso quizá cueste algo más conciliar el sueño frivolizando sobre lo que pudo ocurrir.

Y es que soñar no tiene precio. O sí, si así lo requiere Morfeo. La noctámbula deidad pidió cambio de turno para adormilar a los nazaríes. En este caso, el precio a pagar por los de Martínez fueron los tres puntos que costó, a la postre, un primer tiempo atípico de estos guerreros acostumbrados a competir desde el calentamiento. Extrañó, por tanto, que el once rojiblanco no saltara a calentar hasta que quedaron 20 minutos para el pitido inicial. El Diego más heleno estaría contando en el vestuario su visión de como a Troya no la destruyó una trampa, sino la persistencia del orgullo. Soñaba el vigués con competir, que no sólo ganar, en el Bernabéu. Su compañero, Zinedine Zidane, también soñaba despierto durante el calentamiento con otras preocupaciones. Apartando la vista de Odriozola y posándola en un Roberto Carlos que analizaba el choque a pie de césped. Sin dudarlo, el francés habría colocado al brasileño en el costado, desafiando a Puertas, un Cupido de carne y hueso empeñado en enamorar al granadinismo. Goles son amores.

Al Granada le costó entrar en un partido que, en un ronquido, perdía ya por 1-0. Al lado de la cama ya no estaba Montoro y a Gonalons le hizo falta sólo el poso del tiempo para despertar. La construcción del nuevo mito se venía abajo, siendo mucho más certera la realidad. El Real Madrid, superior, estaba arrasando en el campo de batalla gracias a un héroe de la tragicomedia merengona. Fede Valverde, el que quedó porque no venía Pogba o porque se llevaron a Llorente emergió como protagonista. Rui Silva, sin duda cancerbero, evitó que la siesta del primer tiempo condenara a los suyos al infierno de goleadas vividas en otras épocas. El sueño de los muchos granadinistas se tornaba pesadilla, como Morfeo quería, cuando un nuevo tropiezo acababa con los blancos en el Eden.

El 2-0 se antojaba irremontable. Ysi el mito heleno resultaba lejano, Diego acudiría a la infancia, tierra de meigas y aquelarres, para resucitar lo que las Brujas suscitaron el martes. Los rojiblancos soltaron los escudos y tomaron las lanzas conjurándose en un descanso que sacó del letargo al auténtico Granada. Yentonces, sin forzarlo, regresó Cupido cuando Rui Silva encajó el tercero. '¡Vamos mi Granada!', recordó el auténtico caballo de Troya, una afición invencible que no cree en imposibles.Yel mito, que no siempre tiene por qué acabar con final feliz, se gestó. Los dioses sangraron por fin, se humanizaron, se confesaron torpes en el área ante la fe innegociable de Carlos y el certero flechazo de Machís. Y tocó creer en el conjuro de Diego, en qué los llevó a soñar despiertos. Enamorarse sin remedio de un equipo que poco a poco ha dejado de ser vicio inconfesable para ser la primera religión que se profesa en la ciudad de la Alhambra. Duarte gritó al mundo quién es el Granada y relegó los puntos a lo terrenal. No hay derrota que pueda sacar a este equipo del Olimpo.