Diego nos dirige

«Hacía mucho que no se contemplaba un equipo tan bien trabajado, tan compacto y capaz de competir y divertir en Los Cármenes. Todas las actuaciones como local, y también las realizadas como visitante, muestran una escuadra modélica»

Diego nos dirige
EDUARDO ZURITA (AFICIONADO DEL GRANADA CF)

El Granada de Diego Martínez, y nunca más apropiado hablar de autoría como en el caso de este conjunto, enamora y entusiasma a los suyos. El reclamo hecho por el líder del conjunto, su entrenador, en las horas previas del partido para que la afición acudiera, apoyase y disfrutase del momento de madurez del Granada fue seguida por más de catorce mil aficionados que vivieron una tarde-noche para el recuerdo.

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Nada parece poder parar a este Granada, ni siquiera la sombra alargada de Ocón Arraiz, bastante más equilibrado en sus decisiones que en su nefasta anterior actuación ante el Sporting en Los Cármenes, aunque no estuvo decidido para señalar una mano clara en el área tinerfeña, muy al final del partido, como sí lo hizo sin dilación en aquella tarde soriana en una acción similar del zaguero rojiblanco Martínez ante el Numancia.

Ya la segunda parte de Oviedo había mostrado una escuadra rojiblanca con cuajo, convencida de todas y cada una de las cosas que tenía que hacer para llevarse un partido. Sólo unos centímetros en sendas jugadas evitaron ampliar la diferencia abierta por el gol de Vico, y una postrera acción de infortunio llevó a perder dos puntos. Como tantas otras veces en esta temporada, al partido siguiente tras el infortunio, los rojiblancos reaccionaron con rabia y convicción en sus posibilidades, saliendo desde el primer minuto dispuestos a que el Tenerife no les discutiese una victoria que sabía debía ser suya. La superioridad del equipo local sobre el dirigido por Oltra fue apabullante durante el primer periodo y buena parte del segundo. El propio técnico levantino reconocía dicha circunstancia en la rueda de prensa del pospartido. Parece fuera de toda duda que el resultado debió ser más amplio a favor de los locales que gozaron de oportunidades francas para haber ampliado la ventaja final.

El Granada vence y convence. Se muestra como un equipo total, donde cada uno de sus jugadores sabe lo que hacer en cada instante del partido, que siempre parece controlado con tino, perfectamente estudiado, desde la pizarra del entrenador. Éste ha transmitido dosis de alta confianza a todos los suyos, que llegan al final del campeonato en plena madurez, enchufados todos, desde los que saltan de titulares al terreno de juego hasta los que apoyan sin desmayo desde el banquillo.

Ante el Tenerife, tres jugadores ninguneados la anterior campaña por Oltra, dieron tres lecciones de buen hacer sobre el césped: Rui Silva en la meta, poco exigido por los rivales, que llegaron en contadas ocasiones a su marco, pero siempre sobrio y seguro en los balones laterales y preciso con el juego de pies; Germán, otra vez intachable, dirigiendo con Martínez la defensa, olvidado su error en el Tartiere, jaleado por una afición entregada a su eficacia; y Puertas, que cuajó una magnífica actuación, de las más completas de la temporada, con un recital de buenos controles y mejores conducciones, y que estuvo cerca de coronar con un nuevo gol, tras un balón que repelió la escuadra tras un magnífico centro de Vadillo.

Las buenas vibraciones que el Granada transmitió ante el Tenerife no se redujeron sólo a los tres protagonistas anteriores. Diego Martínez consigue sacar petróleo de todos sus jugadores, hasta de alguno de los más cuestionados durante muchas jornadas, caso del delantero Rodrigo, que parece ahora convencido de sus posibilidades, siempre implicado como el que más en la pelea, pero más certero ante el marco rival, protagonista como goleador en los dos últimos envites en casa ante el Nástic y el equipo chicharrero. Otros, que parecieron en un bache creativo, han vuelto por sus fueros en estos momentos decisivos, caso de Vico o de Vadillo, que exhibieron nuevamente sus potencialidades en la media punta y el extremo, preciso el primero en la asistencia del gol de Rodri y eléctrico el segundo en sus gambetas y penetraciones que merecieron recompensas mayores.

Los restantes que saltaron como titulares ante el Tenerife, Víctor y Quini en los laterales, y San Emeterio y Montoro en el centro del campo, volvieron a dar muestras de su regularidad, premiada en el caso del mediocentro Fede con su primer gol como rojiblanco. Lo del levantino Ángel Montoro es otra prueba palpable de la diferencia entre un jugador implicado y feliz sobre el terreno de juego de esta campaña y aquel errático en un equipo sin alma de la anterior. Es consciente de su liderazgo en la creación rojiblanca y en el control de los ritmos del partido, y se muestra partido a partido espectacular en las asistencias de larga distancia y modélico en la distribución corta.

Los que saltan desde el banquillo se implican sin demora en la lucha colectiva. Dani Ojeda suplió a Vadillo, y realizó varias arrancadas y penetraciones interesantes, que pudieron tener un mejor final de haber sido más preciso ý diligente en el último pase. Ramos y Azeez saltaron por unos agotados Rodrigo y Vico, y aunque el colombiano está lejos de ser el gran jugador de otrora -antes de incorporarse al Granada-, ayudó junto con Ramón a que los últimos instantes del partido, tras la zozobra producida por el gol de Malbasic, transcurrieran lejos del área propia, sin peligro alguno para Rui Silva, colaborando ambos para afianzar una victoria trascendente.

Diego Martínez ha inoculado personalidad y confianza a su plantel, a la afición y a todo el entorno rojiblanco. Sin un solo alarde de euforia, con un escrupuloso respeto a cualquier rival, prudente y acertado en sus declaraciones, ha demostrado una capacidad de estudio, trabajo, poder de convicción y capacidad de dirección que están llevando en volandas al Granada. Hacía mucho que no se contemplaba un equipo tan bien trabajado, tan compacto y capaz de competir y divertir en Los Cármenes. Todas las actuaciones como local, y también las realizadas como visitante, muestran una escuadra modélica, de la que se enorgullecen sus aficionados, que ven en Diego al más adecuado conductor desde el banquillo para conseguir sus más anheladas aspiraciones deportivas.