Agustín no consigue dar tres pasos seguidos en Bubión sin que algún vecino se interese por él. «¿Ya estás de vuelta?», le preguntan. Él asiente ... con la cabeza y les responde con una sonrisa y una mirada cómplice. Siente la misma pasión que sus paisanos por su tierra. No todos los pueblos de apenas 300 habitantes tienen entre sus ciudadanos a un joven de 31 años que se dedica a hacer proyectos arqueológicos por distintas partes del mundo, pero también en la comarca de la Alpujarra, el lugar en el que nació y se crió. Es ahí donde se encarga de recuperar las acequias medievales que se distribuyen por la zona, de desarrollar los bancales escalonados propios de este lugar y de difundir y explicar la historia arquitectónica que marca la identidad alpujarreña.
Se viste de forma sencilla, con un pantalón verde militar, una riñonera en la que guarda su móvil, unas botas de montaña y algo de abrigo para comenzar su jornada laboral cuando el frescor de la mañana aún no se ha despejado del todo. Se dirige hacia Capileira, donde trabaja el terreno con una azada, herramienta que carga sobre sus hombros al tiempo que se dirige hacia los surcos de agua. Está rodeado de la inmensidad de la naturaleza, pero también de silencio y aire limpio. «Viajar y estar fuera de aquí me hizo valorar mi vida en Bubión», dice. Tras desempeñar su labor en ciudades como Granada o Génova, volvió hace cinco años al pueblo, donde habita en la pequeña casa de sus abuelos, una vivienda que con su imagen deja claro el terreno en el que se encuentra.
Paso a paso
Su día a día es inverosímil y variado. Tras pasar por las «venas que mantienen viva la comarca», como a él le gusta llamar a las acequias, se dirige a otra localidad para tratar la interpretación patrimonial del pueblo. Regresó hace apenas unas semanas del desierto de Arabia Saudí, a donde fue para documentar la vida nómada en el desierto. Aunque desarrolla este tipo de proyectos en el extranjero, su intención es afianzar su futuro en Bubión. Con Proyecto Alpaca, su empresa, organiza actividades con voluntarios, a los que enseña y quienes le ayudan a mejorar los sistemas de regadío ancestrales y demás singularidades del paisaje que el mima con orgullo. «Nutren la comarca y nos permiten mantener los cultivos. Recogen la nieve de la sierra y las reparten por todas las laderas para hacer que no sea un terreno seco y se mantengan las condiciones de habitabilidad», explica.
Entre sus labores, también se encuentra difundir estos conocimientos a través de redes sociales. La misión está clara: hacer llegar los valores patrimoniales y del ecosistema a los vecinos y a la gente joven para que sean conscientes de la importancia que tienen en el entorno y el origen de cada uno de los elementos de sus paisajes.
Rincones con historia
Mientras pasea por los callejones, Agustín da muestra de que conoce al dedillo la historia y el origen que componen cada uno de los rincones de su pueblo. También sus leyendas. Cuando llega a la iglesia, cuenta que la torre de la parroquia fue el minarete de la antigua mezquita musulmana de la localidad y explica con detalle la fábula asociada a la estructura. Sigue su paseo hacia la plaza del pueblo, donde él mismo vive y disfruta de las fiestas de Bubión «porque no le queda otra» y llega hasta una calle que cuenta con un soportal propio de la Alpujarra.
En su rutina, detiene la furgoneta en una panadería de toda la vida, porque no hay mejor placer que comer con un pan del día hecho en horno de leña.
El olor de la ropa tendida puerta a puerta se mezcla con el de los guisos que se esconden tras cada hogar. El agua correr bajo las fuentes, los pájaros cantar y el saludo de los mayores con los que se cruza por la calle es lo único que el joven escucha a su paso. Esa tranquilidad y desasosiego fue lo que hizo que apostara por su tierra, aunque admite que la cercanía y el cariño de la gente fue clave para luchar por la oportunidad de quedarse a vivir en su pueblo. No hay lugar en el mundo que cambie por este rincón. Así lo cuenta y así lo transmite no solo con su voz, también con su mirada. Cada calle, cada paisaje, cada persona tiene un sentimiento para él y es eso lo que hace que, por mucho que eche a andar, siempre emprenda el camino de regreso a casa, que para él está en Bubión.
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