«Vomitaba y me cortaba por cómo me hacían sentir»: granadinos cuentan sus experiencias de acoso escolar

Antonio muestra las lesiones producidas en clase. /IDEAL
Antonio muestra las lesiones producidas en clase. / IDEAL

Este pasado curso se registraron en la Consejería de Educación 50 casos relacionados con el acoso escolar

Sarai Bausán García
SARAI BAUSÁN GARCÍAGRANADA

Laura tenía pánico a ir a clase. Lo veía como su campo de batalla particular. Sabía que tenía que ir, era su obligación y sus padres no le dejaban otra opción, pero cada día se le hacía más empinadas esas seis horas de sufrimiento. En su pupitre estaba sola expuesta a todos sus miedos. Un pánico adquirido por las vivencias que había sufrido desde que tenía apenas ocho años. «Me pasaba casi todo el día llorando y mal. No tenía amigos en los que apoyarme porque nunca me he sentido con tanta confianza como para ello. Que siempre te digan gorda, fea y te pongan motes es muy duro», señala.

Éste no es su verdadero nombre. Prefiere no identificarse por miedo y vergüenza. De hecho, la mala imagen que tiene de sí misma le provoca que no quiera mostrar su aspecto ni siquiera hablar por teléfono con quien no es de su círculo de confianza porque incluso odia su voz. Todo provocado por el estallido constante de insultos y vejaciones que asegura que ha vivido durante toda su etapa escolar.

Carmen Cabestany, una de las piezas angulares de 'NACE, No al acoso', una asociación que actúa a nivel nacional para tratar de erradicar y prevenir el bullying, atesora una gran experiencia en el tratamiento de este tipo de problemáticas: «En ocasiones no hace falta que sean golpes. Muchas veces las discriminaciones y comentarios despectivos que sufren durante tanto tiempo puede hacer tanto o más daño». Carmen intentó ver en persona a Laura para conocer su caso en vivo, pero no le fue posible. «Ha pasado por mucho. Ella incluso decía que se lo merecía. Nos ha costado eliminar ese pensamiento y que se aceptara», indica la experta.

Sin aceptarse

Tras mucho sufrimiento y desesperación, Laura decidió ponerle fin a los malos sentimientos que tenía y pedir ayuda a profesionales. Según ella misma cuenta, fue un antes y un después en su vida: «Hoy ya no sufro acoso, puedo ir tranquila a clase. Pero siempre queda ese poso por haber sufrido estos insultos diariamente. Incluso he llegado a tener que soportar cómo gente que no me conocía de nada me tirase piedras por la calle y me gritara cosas», comenta esta estudiante de cuarto de la ESO.

Una de las heridas que ha sufrido Antonio en el colegio.
Una de las heridas que ha sufrido Antonio en el colegio. / IDEAL

Muchos de estos niños se ven solos, sin ningún compañero que les apoye y sin saber qué hacer. La experiencia de Carmen Cabestany le ha enseñado que, además, algunos, cuando se arman de valor para contar lo sucedido, no obtienen el respaldo de las instituciones educativas.

«Por eso a algunos de ellos se les pasa por la cabeza la idea de desaparecer. Se exponen a sus peores miedos y no encuentran otra solución. A nuestra asociación han venido mamás con niños de seis años que dicen que no quieren vivir más». Es lo que le pasó a Laura, que, por las malas sensaciones que padeció durante años, le hicieron autolesionarse cortándose con cuchillas en repetidas ocasiones.

Inimputables

Antonio -nombre ficticio- tiene trece años y ha vivido toda su vida bajo la angustia constante del acoso escolar. El origen de las burlas y los malos tratos de sus semejantes desde que iba a Primaria es el trastorno de espectro autista y la hiperactividad que padece. Así lo explica su madre, que lleva años batallando para que su hijo pueda ir al colegio en paz y sin miedo, «como cualquier otro niño de su edad». Pero se lo ponen muy complicado. «Le han hecho de todo desde infantil: romperle un diente por una patada, tirarle por las escaleras y darle patadas, romperle un brazo... Incluso le han llegado a hincar unas tijeras. Y todo eso en el centro escolar sin que los profesores hagan nada», comenta.

Acoso escolar

Esta madre denunció los abusos pero no tuvo demasiado éxito pues, al ser los actores de estos hechos menores de 14 años, son inimputables. «Al final ni se mojan los directores, ni los profesores ni nadie y vas a denunciar y no se puede hacer nada y lo único que te queda es cambiar a tu hijo de colegio, cuando él no es quien tiene la culpa», añade.

Para ella, como para muchos otros padres que viven esta situación, ver pasar a su hijo por un trance así se convierte en algo insoportable y doloroso. «Mi hijo no dice nada. No cuenta como se siente. Estos niños se lo guardan todo para sí hasta que un día explotan y eso es lo que pasó. Llegó un día a casa el curso pasado y nos dijo que se quería morir, que no quería seguir así. Nadie se pueden imaginar lo que es para un padre que tu hijo de 13 años te diga que se quiere morir, no es justo, nadie debería pasar por eso», indica esta madre.

A pesar de todo lo que ha vivido, Laura ya no siente miedo. Camina hacia clase sabiendo que ahora puede con todo. Le ha costado muchos lloros, tratamiento psicológico y muchísima fuerza, pero ya está lista. Su clase ha dejado de ser su pequeña gran guerra.

Entre los 11 y los 15 años, las edades más conflictivas

Los centros educativos tienen la obligación de poner en marcha el protocolo cada vez que hay un posible caso de acoso escolar en clase. Según asegura Lorenzo Capellán del Toro, inspector de educación, en Primaria se encuentran algunos casos de bullying, pero la inmensa mayoría de ellos se producen a partir de sexto de primaria y, más intensamente e, en los tres primeros cursos de la ESO.

Según su experiencia, el 901% de los casos que llegan a la concejalía de Educación recaen sobre niños de entre 11 y 15 años, cuando «el grupo de iguales es tan importante y en el que la aceptación entre compañeros se muestra como fundamental», tal y como asegura. Por su parte, los casos que se desarrollan en Bachillerado o en la Formación Profesional apenas son el 1 o 2%.

«Ese tránsito que hay de la infancia a la adolescencia es terrible. Esos años son tremendos porque cambia el sistema de valores y la percepción del mundo y es ahí donde tenemos que incidir en la importancia de acabar con este tipo de conductas tan negativas para los niños», incide.

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