Una visita que dejará huella

El rey Felipe VI pasa revista a la tropa formada en un hangar de la Base Aérea de Armilla./RAMÓN L. PÉREZ
El rey Felipe VI pasa revista a la tropa formada en un hangar de la Base Aérea de Armilla. / RAMÓN L. PÉREZ

El rey Felipe VI recorre las instalaciones de la Base Aérea de Armilla, donde aprendió hace años a pilotar helicópteros

ENCARNA XIMÉNEZ DE CISNEROSArmilla

La primera decepción la creó el tiempo. Y es que, cuando se podía esperar que el Rey llegara a los mandos de un helicóptero, finalmente había aterrizado en el aeropuerto granadino desde donde se desplazó en coche. Tal vez le hubiera gustado lo primero, dado que en la Base Aérea de Armilla, estudió en el año 96 parte de sus estudios de piloto.

Hubiera sido estupendo preguntarle eso, y cómo se sentía al volver como Rey -como Príncipe de Asturias estuvo hace doce años-, y si sabía que podía reencontrarse con compañeros o profesores de aquella época. Preguntárselo a él directamente -ya sé que eso es complicado- o, al menos, a alguna de las personas de su séquito.

Si les cuento lo que vi -como el resto de medios de comunicación- termino pronto. Felipe VI llegó puntualmente al hangar habilitado por esas inclemencias meteorológicas que antes indicaba. La tropa ya estaba formada para rendirle los honores de ordenanza. Le acompañaba el Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire, Javier Salto, y, según la página web de la Casa Real, también estaban el general jefe del Mando Aéreo, José Alfonso Otero; el general director de Enseñanza, Enrique Jesús Biosca, y el coronel jefe del Ala 78, Luis García-Almenta, al que, obviamente sí reconocí como máxima autoridad del establecimiento militar.

Se puso a los mandos al simulador HE-25, un helicóptero Colibrí, y realizó un vuelo

Después el Rey se fue a un 'briefing', es decir, a una reunión informativa, denominación que me gusta más, dirigida por el propio coronel jefe; mientras los medios de comunicación nos íbamos a otra sala -con el salón de actos tan grande que tienen hubiéramos cabido todos y sin molestar- para escuchar, más o menos lo mismo, en este caso del comandante Fernando Pérez.

Nos contaron -sólo algunos gráficos pudieron acceder- que don Felipe fue al simulador HE-25, un helicóptero EC-120 Colibrí -datos de la Casa Real- y realizó un vuelo. Los medios mientras tuvimos la suerte de poder catar en una sala cerrada un zumito y un dulce antes de que nos 'transportaran' -fue la frase de la mañana- al aula taller de mecánicos, donde la comandante María José Redondo iba a ofrecer datos al Rey. Pero tampoco nos enteramos porque, después de minutos y minutos de espera, y apenas uno para poder ver y grabar, nos llevaron de nuevo corriendo -el desayuno se fue pronto a los pies- hasta el hangar donde el monarca se encontró con los componentes de la patrulla ASPA. Ahí sí estuvimos un rato, viendo cómo saludaba, se interesaba -imaginamos- por los materiales y por el equipo humano y se hacía una foto.

Y, luego, firma en el libro de visita, recorrido por la sala histórica, foto -una más- con el personal de la Base, y hasta aquí les puedo contar, porque, aunque la visita terminaba con copa junto a las autoridades, fue cerrada a los medios «por la campaña electoral».

El Rey abandonaba las instalaciones militares cerca de las tres de la tarde, que allí estaba yo para comprobarlo. Y para buscar información, porque en el dossier de prensa sólo venía la historia de la Base y el amplio curriculum de su actual coronel jefe, que recientemente ha finalizado los cursos de ascenso a general.

En la copa de vino español, como constaba en la invitación, pocos fueron los llamados, pero muy elegidos. A partir de este momento, les traslado lo que me han contado, porque el mutismo era férreo. Sé que estuvieron la subdelegada del Gobierno de España, Inmaculada López; el delegado del Gobierno andaluz, Pablo García; la fiscal jefe del TSJA, Ana Tárrago, representantes del Madoc y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado -no he podido identificar sus nombres- y los máximos responsables de los cinco ayuntamientos en cuyos terrenos se asienta la Base; es decir, Dolores Cañavate, de Armilla; Francisco Rodríguez, de Alhendín; Antonio Narváez, de Churriana de la Vega; Vanessa Polo, de Las Gabias; y Francisco Plata, de Ogíjares.

No estuvieron diputados, senadores, parlamentarios, ni responsables de organismos; pero sí habían recibido la invitación otros colectivos como la hermandad de la Virgen de las Angustias o la de los Escolapios, con sus hermano mayores, Miguel Luis López-Guadalupe y David López; y no faltaron los Volantones, la asociación de Amigos de la Base Aérea de Armilla. Y en esa lista restringida incluyeron a empresas privadas que, debo entender (continúo en las suposiciones) son aquellas que se están encargando de las distintas obras y reformas que está acometiendo, en un proyecto de mejora que va a redundar no sólo internamente, sino también para la sociedad en general, caso del cierre del carril bici que se va poder recorrer cómodamente en todo el perímetro.

Allí sí habló el Rey, no en corrillos, como en otras ocasiones, sino, según me contaron, haciendo uso del micrófono y dirigiéndose a los asistentes para hablar de sus emociones, de lo contento que estaba de encontrarse en el lugar donde se formó y de encontrarse con algunas de las personas que ha tenido como maestros. Esa era la parte que más me apetecía contarles, pero no pudo ser. Don Felipe también dio las gracias por el esfuerzo del personal de la Base a los que pidió que sigan trabajando y esforzándose porque «aquí hay futuro», vino a decir.

Como periodista me gusta contar las cosas que veo y oigo; así soy responsable de lo que escribo. No fue posible. El acto era «limitado». Y la información, también.