«Vimos 'Tiburón' en el cine de verano de Torrenueva y después ningún niño se quería bañar en la playa»

Amparo Sánchez era de aquellas niñas que pasaba el día en pandilla y en bicicleta en la Costa granadina, pero cuando su madre colgaba la toalla en el balcón... había que subir a comer

«Vimos 'Tiburón' en el cine de verano de Torrenueva y después ningún niño se quería bañar en la playa»
ÁNGELES PEÑALVER

Amparo Sánchez, fundadora del grupo Amparanoia (1997-2008), fue una de las pioneras de la música de fusión en España. Contesta a la entrevista por teléfono con voz enérgica y animosa, rebosante de optimismo. Se encuentra en Barcelona, donde reside junto a sus dos hijos, quienes faenan con ella en la escena patria musical. Hace unos años, la vocalista arrancó su carrera en solitario, pero el grupo que la lanzó a la fama hace dos décadas nació en el castizo barrio de Lavapiés (Madrid). Así que geolocalizar a esta artista es una tarea ardua: no para mucho tiempo en el mismo lugar.

«Llevo viviendo 14 años en Barcelona, antes residí 11 años en Madrid y mis primeros 25 años los pasé en Granada». Echando cuentas, la cantante cumplirá el año próximo medio siglo y sigue siendo una enérgica Correcaminos, como ya aventuraba el nombre de la primera banda que formó. Antes de aquello, actuó durante un tiempo en Casablanca (Marruecos), se movió por el país africano, con largas paradas en Essaouira, y además dio vida a otro grupo: The Gang. Incombustible.

Sin embargo, los orígenes de esta mujer cosmopolita que durante un tiempo también estableció su cuartel general en Marsella están en el pueblo jienense de Alcalá la Real, desde donde su familia se mudó a Granada con dos años. Amparo, la menor de cinco hermanos, era hija de un empleado -contable- de la Caja de Ahorros de Granada y de una ama de casa, quienes la trajeron al mundo ya mayores, cuando el resto de sus hijos pasaban por la adolescencia o preadolescencia.

El juguete de sus hermanos

«Yo recuerdo a mi padre siempre con el pelo blanco. Era el juguete de mis hermanos, por eso quizá me creé un mundo propio, mágico, en mi habitación. Me metía con mi música y mis entretenimientos en mi habitación y me encantaba aquel espacio tan rico». Los primeros veranos de su vida los pasó en «Castell de Ferro o en Almuñécar». «La Caja de Ahorros alquilaba a sus empleados apartamentos en la costa y allí nos íbamos. Años después, mis padres compraron un apartamento en Torrenueva, cerca del Peñón, y aquello se convirtió en nuestro destino estival».

Como la benjamina de la familia, que estudió en el colegio Regina Mundi, se llevaba muchos años de diferencia con sus hermanos, pronto los veranos se convirtieron en largas estancias en Torrenueva con su madre. Las dos solas.

«Mi padre bajaba en agosto y los fines de semana, pero nosotras nos íbamos desde julio. Eran días maravillosos de olor a sardinas asadas, a mar, a gazpacho, a sandía fresquita, a filete empanado... vivíamos en un quinto piso y yo me pasaba el día con la pandilla en la playa. De pronto, cuando la toalla aparecía colgada en la barandilla del balcón, aquello significaba que tenía que subir a almorzar o a merendar», rememora esta alcalareña, quien en su etapa madrileña compartía noches de bohemia con Manu Chao -con quien estuvo casada unos años- y el grupo Radio Bemba y trabajó incluso poniendo cañas en un bar llamado el Tío Vinagre.

Amigos para siempre

Amparo evoca aquellas tardes en Torrenueva, infantiles e inocentes, diferentes a las que le quedaban por venir cuando con 15 años se quedó embarazada de su primer hijo, su «ángel», tal y como relata en el libro 'La niña y el lobo'. «Cogíamos las bicicletas y no parábamos. También íbamos al cine de verano. Cuando estrenaron 'Tiburón' fue un 'shock'. Los días siguientes no se quería bañar nadie», se ríe. En aquellos años, Amparo fraguó amistad con la familia Guilleri y en especial con Irene, que era su amiga del alma. «Aún hoy en día mantengo contacto con algunos de los hermanos».

Finalmente sus padres vendieron aquella casa de Torrenueva y compraron un terreno en el pantano de Cubillas, donde se hicieron una casa de campo. «A partir de ahí, de los 13 o 14 años, los veranos fueron en la parcela y también eran agradables, con mis sobrinos».

Ahora Amparo, que lleva años de un lado para otro -con giras europeas y latinoamericanas-, prefiere quedarse en casa, con los amigos y la familia en Barcelona, cuando tiene un hueco en la agenda estival. «También saco tiempo y bajo a Granada a ver a mi madre. Y si no, disfruto de mi casa y me hago de comer, paso tiempo en el patio, con mis animales... La semana pasada tuve dos acústicos en Cádiz y aproveché dos días de playa y dos días de trabajo, pero en general el verano es atareado, de trabajo y aviones... Y, claro, así, no he tenido tiempo para volver a Torrenueva desde hace más de diez años».

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