Entre vereas y amapolas, las mejores vistas de Graná

Hago este camino muchas veces a lo largo del año. Lo hago al paso, cuando vienen amigos a Granada y quiero presumir de ciudad. Al trote, cuando salgo a devorar kilómetros en solitario. Y al galope, incluso cuando voy a correr con las 'CabrasLocas' y me llevan a hopo

Entre vereas y amapolas, las mejores vistas de Graná
JESÚS LENS
JESÚS LENSGRANADA

Les confieso que he dudado si publicar esta página: lo bueno de la ruta que vamos a trazar es que, siendo la más espectacular de Granada capital, apenas te cruzas con turistas despistados. Si acaso, algunos viajeros bien enseñados...

Pero no sería justo dejar de compartirla con ustedes, que me están acompañando en este intenso 'Verano en Bermudas'. Así que, si les parece, hacemos un trato: ustedes leen las siguientes líneas, se quedan con la copla, hacen el recorrido con su familia y sus amigos... pero me guardan el secreto y no se lo cuentan a nadie. Que parte de su encanto es lo tranquilo del paseo por la Verea de Enmedio, insisto.

Lo sé, lo sé. (Casi) todo el mundo conoce la Verea de Enmedio. No habría tal secreto, pues. Es cierto. Me he puesto misterioso y melodramático, más que nada, para animarles a darse una vuelta por el entorno y visitar el Museo Cuevas del Sacromonte, un excelente centro de interpretación de uno de los barrios más singulares del mundo.

Pero empecemos por el principio. Por Plaza Nueva, la más antigua de Granada, paradójicamente. Afrontamos una primera subida a través de la Carrera del Darro, que nos viene bien soltar las piernas de forma relajada. Un deambular sosegado, mirando a izquierda y derecha, que la vista no tiene desperdicio. Continuamos por el Paseo de los Tristes y giramos por la Cuesta del Chapiz. ¿Qué tal si hacemos un alto en el Palacio de los Córdova, salvado in extremis cuando iba a ser trasplantado a la Córdoba con b a comienzos de los años 60 del pasado siglo?

La antigua casa de la familia del Gran Capitán, un palacio renacentista construido entre 1530 y 1592, estaba originalmente emplazada en la plaza de las Descalzas. Fue cambiando de manos a lo largo de los siglos y, en 1919, terminó por ser echada abajo para construir un teatro en el solar resultante. Al menos, eso sí, los restos históricos y artísticos más valiosos no se perdieron: fueron depositados en una finca cerca de Pulianas. Así, cuando empezó el runrún de que iban a ser trasladados a Córdoba, el alcalde Manuel Sola presionó para evitarlo y consiguió la reconstrucción del Palacio en su actual emplazamiento.

Una vez recuperado el aliento, toca tensar las piernas y subir por la cuesta del Chapiz hasta llegar a los dominios de Chorrojumo, que nos saluda al girar hacia la derecha por el Camino del Monte. ¿Qué les parece la escultura de Antonio Salazar, mostrando al Rey de los Gitanos todo serio y majestuoso sobre su pedestal? Un poquito más adelante y más arriba, aún es visible el emocionante grafiti que El Niño de las Pinturas le dedicó al otro Rey del Albaicín, Enrique Morente. Para mí, una de sus mejores obras, aunque bastante deteriorada por el paso del tiempo, que data de 2011.

El Camino del Monte nos muestra, a la izquierda, sus famosas casas-cueva, algunas de ellas convertidas en zambra. A la derecha, las majestuosas vistas de la Alhambra y su entorno. Al fondo, Valparaíso. Y así alcanzamos la plazoleta de Casa Juanillo, uno de los restaurantes más auténticos que conozco, y las cuevas de Curro y María la Canastera.

Hasta aquí llegan los minibuses que traen a los turistas a disfrutar del flamenco. Y justo aquí arranca la Verea de Enmedio. Es fácil encontrarla: gira a la izquierda en forma de curva infernal, en dirección al cielo. ¡Hacia arriba, siempre hacia arriba!

Tendrán que descubrirlo

Que no cunda el pánico. Efectivamente, el arranque de la Verea es complicado, muy pendiente. Y el piso, empedrado, no ayuda. Pero no tarda en recuperar una inclinación razonable y, a partir de ahí, todo es gozar y extasiarse con unas vistas espectaculares y memorables.

No les voy a contar qué se va viendo a lo largo del paseo. Tendrán que descubrirlo ustedes. Solo les invito, eso sí, a que beban agua de la tan sencilla como deliciosa Fuente de la Amapola, uno de mis rincones favoritos del mundo mundial, con su zócalo de azulejos. Allí me gusta ir a leer de vez en cuando, sentado en el banco de madera que hay justo al lado. Una gozada, estar al pie de la muralla zirí y al calor de los versos de J. C. Cano:

Cuánto me gustaría

ser la fuente de mi barrio

pa'cuando pases y bebas

sentir muy cerca tus labios.

Seguimos caminando y, al llegar al Albaicín, no perdemos fuelle: aprovechamos el impulso y seguimos culebreando hasta llegar a San Miguel Alto. No. No soy un sádico. Es solo que, llegados a este punto, las piernas piden caña y las retinas seguir recibiendo impactos visuales memorables. Y las vistas desde allí arriba, de toda Granada, de la ciudad entera; son únicas, inigualables e inolvidables. Consejo: antes de sentarse en el poyete, denle la vuelta a la ermita e hidrátense en la fuente del Aceituno.

J. L.

Una vez refrescados, ya sí, disfruten de las vistas y de la brisa, con la tranquilidad de saber que el camino de vuelta ya es descendente y se cumplimenta en un pispás.

¿Y el Museo de las Cuevas del Sacromonte, en el Barranco de los Negros? Lo visitaremos pronto, tanto de día como de noche, que tiene mucho y muy bueno que ofrecer. Hasta entonces, miren su web http://sacromontegranada.com y disfruten del cine de verano al aire libre -una excelente programación- y del Zorongo Gitano, los miércoles por la noche, basado en la influencia de las canciones populares en la obra de Federico García Lorca.

¡Un lujazo!

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