«El verano empezaba cuando llegaban mis tíos para quedarse con nosotros varias semanas»

Manuela Martínez, ex secretaria general de UGT de Granada, nunca olvidará cuando vio por primera vez el mar. Después de pasar toda su niñez en su Linares natal, a los 14 años descubrió su pasión por las playas

«El verano empezaba cuando llegaban mis tíos para quedarse con nosotros varias semanas»
RAMÓN L. PÉREZ
Sarai Bausán García
SARAI BAUSÁN GARCÍAGRANADA

Manuela recuerda los chapoteos, gritos y juegos de los veranos de su infancia como si fuera ayer. Cuando intenta rememorar sus primeros años, un mismo lugar viene a su mente: la piscina Benidorm, en su Linares natal. En ese lugar que ya guarda un sitio especial en su vida lograba huir del «impresionante» calor que le acompañaba durante esas jornadas mientras pasaba la época de vacaciones con su familia.

Disfrutaba de cada momento vivido allí, pero para ella, lo que realmente daba sentido a los veranos de su infancia eran las esperadas visitas de esos familiares que se encontraban lejos y que pasaban largas temporadas con ella en la casa de sus padres. «Para mí eso era lo que hacía especial el verano. Estábamos esperando todo el año a que llegara ese momento: cuando vinieran nuestros tíos, primos, etc. venidos de sitios lejanos para quedarse con nosotros varias semanas. Siempre esperaba con ilusión ese momento porque sabía que cuando ellos llegaban era que el verano empezaba y que nos esperaban muchas aventuras por vivir», señala. En otras muchas ocasiones, en lugar de ser sus familiares quienes se dirigían a tierras jienenses, eran Manuela y sus allegados los que se iban a sitios para ellos «muy lejanos», como Madrid, para pasar el verano con los suyos. Ahí es donde comenzó una pasión que a día de hoy sigue dando forma a cada una de sus vacaciones, los viajes: «Para mí el verano siempre será viajar, disfrutar de lugares nunca vistos y perdernos. La aventura es lo que nos ayuda a sobrellevar de nuevo el año».

Para Manuela, tan de interior como puede ser alguien nacida en la provincia de Jaén, la playa no era más que una imagen en sus postales. Pero eso cambió cuando cumplió los 14 años y viajó a la Costa Brava. «Nunca olvidaré el momento en el que vi en persona la playa. Para mí es uno de los más importantes de mi vida porque al ser de interior nunca había podido verla. Ahora, en mi familia siempre intentamos pasar el máximo tiempo posible cerca del mar», comenta.

«Nos hemos acostumbrado a que, durante todo el año, intentamos guardar el máximo dinero posible para disfrutar del que es nuestro verdadero hobby: viajar. Es lo que da sentido a nuestros veranos actuales», asegura. Les da igual el destino, el tiempo que puedan estar fuera o la forma de viajar, lo importante es «perderse y vivir aventuras».

Es lo que le llevó a hacer uno de los viajes que guarda en su mente con mayor cariño. Era la primera vez que tenían coche y decidieron recorrer la Península sin destino ni itinerario concreto. Podían hacer lo que quisieran, eran libres. Y eso le encantó. «Ir a lo loco es lo que más nos gusta. En esa ocasión llevábamos una guía de viajes, porque no habían GPS como ahora, e íbamos mirando sobre la marcha sitios a los que ir, a la aventura. Mi hija era pequeña aún y yo no tendría más de 33 años y es uno de los momentos que recuerdo con más cariño», explica.

Desde 1986, cuando llegó a Granada para quedarse, sus veranos son casi siempre iguales. Todos se podría resumir en una sola palabra: calor. Mucho calor. Por eso, cuando el calor empieza a apretar más de la cuenta, intentan coger las maletas e irse a su sitio favorito de la provincia, la Alpujarra. «Me encanta su gente y el ambiente que hay. Estoy en la gloria cada vez que voy porque es un remanso de paz». Así, consigue desconectar y alejarse del caos diario para sentirse realmente feliz.

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