«En verano celebrábamos chocolatadas en los bosques de castaños»

María Izquierdo, política nacional y profesora de la Universidad de Granada hasta su jubilación, es de origen asturiano y allí pasó su más tierna infancia, entre Llanes y Luanco

«En verano celebrábamos chocolatadas en los bosques de castaños»
ÁNGELES PEÑALVER

María Izquierdo Rojo (Oviedo, 1946) ejerció de filóloga, profesora universitaria y política en el ámbito nacional y europeo. Fue de aquellas mujeres que libró la batalla democrática antes y después de la muerte del dictador Francisco Franco. Ahora se recuerda a sí misma con su hijo Fabián, al que tuvo a los 42 años, dándole de mamar en el despacho que ocupaba como Secretaria de Estado para las Comunidades Autónomas. «Si contabas con medios y personal era fácil conciliar. El problema lo tienen las mujeres que desgraciadamente siguen en malas condiciones laborales», apostilla.

Aunque de origen asturiano, la conocida feminista vivió en Granada desde 1972 hasta hace un par de años, cuando culminó su vida profesional. Entre otros cargos, ocupó el de consejera del Gobierno preautonómico de Andalucía, diputada de Cortes y europarlamentaria. Los veranos que pasó en su vivienda del Albaicín permanecen imborrables, tanto, que rememora con nostalgia y cariño la terraza de su pequeña casa, aquel lugar mágico donde concibió a su hijo Fabián, hoy trabajador en el campo de la inteligencia artificial en San Francisco (EE UU).

«Los veranos en el Albaicín son otra existencia, es el paraíso, el mejor lugar del mundo. Primero estuve en una casa cueva y luego en una casa morisca en la calle Yanguas, con una fuente, dos patios y jardín... el amanecer desde allí era tremendo y la noche muy luminosa», evoca emocionada.

Pero frente a la placidez de sus veranos granadinos, los de su primera infancia están vinculados a su tierra natal, al verdor y a las playas bravías de Luanco y Llanes. Y sellados con la pena de haber perdido a su padre por entonces. «Éramos -y somos- cinco hermanos y mi padre, que era un neurocirujano importante, murió cuando yo tenía ocho años. Aquello marcó nuestra infancia. Mi madre enfermó, se casó de nuevo, pero su segundo matrimonio fracasó, y murió en 1968. Se desmoronó todo».

Antes de la orfandad y de la enfermedad de su madre, sus veranos fueron de disfrutar, de playa, de bicicletas por los pueblos, de pandillas... cuando había tormentas, que en Asturias son muy frecuentes, hacían juegos reunidos en las casas, como la gallinita ciega. «Las chocolatadas en los bosques de castaños eran también típicas, con la cacerolada y el fuego». Duró poco. El sufrimiento casi sepultó el recuerdo de aquellos primeros años felices que María pasó entre Luanco y Llanes, enclave asturiano donde ahora -a los 72 años- se ha vuelto a refugiar.

«Antes del fallecimiento de mi padre, íbamos con amigos de nuestra edad y a veces con una señorita, una cuidadora, de origen francés. Luego nos cambió la vida y se vino abajo la economía familiar, aunque los veranos y los amigos seguían siendo muy parecidos». María explica que los estíos de Llanes estaban marcados por la rivalidad de los Bandos, comisiones de vecinos que aún hoy día luchan por montar la mejor fiesta cada año. Cada cofradía organiza unos completísimos programas festivos con actuaciones, verbenas... «Había romerías cada fin de semana y se hacían comidas, entre ellas empanadas. Todo se compartía. Siempre he encontrado -reflexiona- esta sociedad asturiana más comunitaria que la andaluza».

Izquierdo Rojo se va despidiendo por teléfono y a cada palabra queda claro que fue una mujer muy importante en el PSOE entre los últimos años 70 y los albores del siglo XXI. «El electo siempre lleva consigo la responsabilidad y en aquella época no paraba más que 15 días al año. Pero lo hacía con gusto porque era mi elección». No fue su elección -sin embargo- estudiar Filosofía y Letras en Oviedo, ya que ella quería hacer Medicina en Madrid, pero las circunstancias familiares truncaron su sueño. Volvió a superar de nuevo las adversidades y remató la carrera con una brillante tesis sobre la narrativa de Juan Carlos Onetti, un personaje inquietante y negativo, lleno de poesía, ternura e intriga. Como todas las cosas importantes de su vida, no sabe muy bien por qué lo escogió.