Los vecinos del Realejo advierten de que llegarán hasta el final para evitar la ampliación de la Sala Príncipe

Vista de la entrada a la sala Prince/FERMÍN RODRÍGUEZ
Vista de la entrada a la sala Prince / FERMÍN RODRÍGUEZ

Denuncian que se les ha autorizado, entre otras, la instalación de enormes maquinarias de climatización a escasos metros de las viviendas de los vecinos

R. I.Granada

«Empezamos a ver la luz al final del túnel. La justicia se ha pronunciado una vez más, ante el atropello que estamos sufriendo como consecuencia del otorgamiento de licencia a esta discoteca para levantar un edificio de dos plantas de más de 100 m2 en una discoteca que se encuentra fuera de Ordenación, ubicada en el corazón del Casco Histórico, en el Campo del Príncipe, zona especialmente protegida por el PEPRI Centro, sin que se considere modificación sustancial por parte del Ayuntamiento».

Así lo expresaron desde la Plataforma Vecinos del Realejo después de que el Juzgado de lo Contencioso Administrativo 2 de Granada estimara el recurso presentado por los vecinos del barrio y anulara la licencia urbanística que el Ayuntamiento de Granada concedió en julio de 2017 a la Sala Prince, antigua sala Príncipe, para ejecutar una nueva planta de más de cien metros cuadrados.

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Argumentan que desde «la administración se ha puesto a trabajar para dar apariencia de legalidad a lo que no lo es, en claro perjuicio de los ciudadanos a los que se supone, debe proteger». En opinión de esta plataforma, después de la aprobación del PEPRI, «todas las discotecas y salas de fiestas del centro histórico están condenadas por ley a su total desaparición».

Denuncian que se les ha autorizado, entre otras, la instalación de enormes maquinarias de climatización a escasos metros de las viviendas de los vecinos, lo que «ha empeorado nuestra calidad de vida, vulnerando nuestros derechos a costa de nuestro patrimonio y de lo que consideramos más importante, nuestra salud».

Argumentan también que «no estamos en contra del ocio y mucho menos en contra de las manifestaciones culturales. Pero advierten de que »vamos a llegar hasta el final, si es preciso hasta el Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional o incluso el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, hasta las últimas consecuencias, porque desde el principio, hemos tenido claro que la ley y la razón están de nuestro lado«.